Leydis Aguilera: «La libertad es el único sueño que la dictadura jamás va a poder matar»

Si el bastión comunista que hoy es Cuba cae, que va a caer, como profetiza Leydis Aguilera, la parlamentaria uruguaya exiliada de la Isla hace 16 años, ella se ve "apoyando en la reconstrucción democrática".
Leydis Aguilera
Leydis Aguilera (Foto: El Observador)

MIAMI.- Un brazalete violeta en la muñeca del brazo con que sostiene el micrófono casi pasa desapercibido, pero ahí está, como una declaración silenciosa que acompaña el discurso de Leydis Aguilera en su debut en el Parlamento uruguayo.

La fecha es 10 de marzo y ella se estrena, de un blanco sobrio con mínimos detalles dorados y bordados, más aretes colgantes que combinan rosa y amarillo, ante una audiencia que la caracteriza como «la diputada cubana», una ingeniera afrodescendiente que está haciendo historia en el marco mismo de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer.

Sin que le tiemble la mano y con una voz que ya ha incorporado el acento uruguayo, se refiere al «tú» como «vos», plenamente incorporada a la sociedad que la acoge, sin olvidar sus raíces y, sobre todo, sin dejar atrás a inmigrantes, quienes, como ella, han llegado a Uruguay en busca de un nuevo territorio y un nuevo lenguaje: el de la democracia.

«Elegida en las elecciones de 2024, quedé integrando la lista a la Cámara de Representantes como suplente del diputado Pablo Abdala», contó Leydis a CubaNet durante una entrevista exclusiva en la que profundizó en sus orígenes y el recorrido que la ha traído hasta aquí. Nacida y criada en Holguín, ha conquistado nada menos que un espacio en el Parlamento uruguayo.

Graduada de Ingeniería en Telecomunicaciones por la Universidad de Oriente, y sin un historial de liderazgo político en la Isla dominada por el castrismo, Aguilera se abrió paso como hacedora de leyes, en un foro constitutivo de los poderes que cimientan la democracia occidental. Lo ha hecho en Uruguay, un país que tal vez recuerde un poco a Cuba, porque ambos son pequeños en territorio y población, pero divergentes en tanto uno sobrevive bajo un régimen autoritario y en el otro existe una democracia perfectible, pero democracia al fin, donde ella ha podido ejercer la participación cívica y ciudadana de manera plena.

¿Cómo ha sido para ti el poder ejercer, practicar, ensayar la democracia, incluso en toda su plenitud como representante de la población uruguaya en su sentido más amplio y también de una población que pudiera parecer minoritaria, pero que cada vez gana importancia?

Para mí, estar en el Parlamento acá en Uruguay, tener el orgullo y la responsabilidad, además de ocupar una banca en la Cámara de Representantes, ha sido algo que no soñé. Acá, Uruguay —lo digo siempre— me regaló lo que Cuba me negó. En Uruguay conocí la libertad, pero la libertad en el sentido más amplio, extenso y palpable de la palabra. Nosotros sabemos que esto de la libertad, este concepto, es algo que en Cuba lo leemos en los libros, lo vemos en otros lados; es una palabra que a veces es abstracta y realmente, para empezar, Uruguay me demostró eso, me demostró que la libertad existe y que es posible.

Acá en Uruguay tengo a mi hijo, soy madre de un uruguayo, tiene 9 años. Uruguay me regaló a mi esposo también y realmente estoy muy agradecida por las oportunidades que me ha brindado este pequeño y gran país a la vez, porque, como bien decías, en extensión territorial es más o menos similar a Cuba; sin embargo, es un país de menos de tres millones y medio de habitantes, y que la ciudadanía uruguaya haya depositado su confianza en mí para que yo, circunstancialmente, me encuentre en este lugar, la verdad es que constituye un compromiso bastante importante. Y, además de eso, es un compromiso también con toda la comunidad migrante de acá de Uruguay, que actualmente somos casi el 4% de la población, un porcentaje que no es para nada insignificante y que, en su mayoría, somos personas que hemos venido arrastrando cadenas: huyendo del hambre, de la miseria, de la violencia, de la incertidumbre, y que encontramos en este hermoso país un lugar donde poder vivir sin miedo y reconstruir nuestras vidas y nuestras familias.

Llevas alrededor de 16 años en Uruguay. Es un tiempo considerable para poder entender y dominar la política interna del país, así como su política exterior. Y justamente sobre su política exterior y la relación con Cuba, me gustaría profundizar en algunos detalles. Tuvimos el placer, los cubanos, de ver en su momento al expresidente Lacalle Pou, en un espacio de relevancia regional, exigir y decirle a la cara al representante del régimen (Díaz-Canel) algunas verdades sobre la carencia de libertades en la Isla. Siendo tu partido el mismo de Lacalle Pou, ¿cómo ha sido esa inserción en ese partido y cómo desde ahí también puedes incluir tu participación como cubana?

Nosotros, sobre todo los cubanos, digo que somos un caso de migración forzada. Nosotros somos exiliados políticos, somos exiliados económicos, somos exiliados humanitarios. A muchos de nosotros nos tienen prohibida la entrada a la Isla, el contacto con los familiares. Entonces, somos el producto de eso, de esa migración forzada. Casi cuatro millones de cubanos estamos por el mundo ahora alzando las voces y pidiendo libertad también dentro de la Isla. Entonces, sí, nosotros somos migrantes forzados, pero no perdemos nuestra identidad. Realmente, yo digo que soy cubana de nacimiento y uruguaya de corazón y que Uruguay me abrió las puertas y también me abrió las puertas al Partido Nacional.

El Partido Nacional es uno de los partidos más antiguos del mundo. Justo en agosto cumple sus 190 años, y es el partido defensor de las leyes, la democracia y la libertad.

Entonces, es el partido que miramos —todos los migrantes y más quienes venimos de dictaduras, de regímenes totalitarios— con mucha admiración, con mucho cariño; es un partido que no pregunta de dónde venís, pero sí te ayuda a construir hacia dónde vas.

Una muestra de eso es que a nuestro líder del partido, el expresidente Luis Lacalle Pou, en 2021, en la CELAC, no le tembló el pulso para decirle al dictador Díaz-Canel en su propia cara una de las estrofas de la canción «Patria y Vida», que hoy se ha convertido en un himno a la resistencia y a la dignidad del pueblo cubano. ¿Qué mandatario en el mundo ha sido capaz de hacer eso? Creo que ninguno.

Entonces, la admiración que sentimos nosotros por el Partido Nacional, por el liderazgo del expresidente Luis Lacalle Pou, es grande. Y ese respaldo también lo ha demostrado precisamente todo el partido: dirigentes, militantes, compañeros y compañeras, porque nosotros, cuando migramos empezamos de cero.

Nosotros venimos con una mano adelante y la otra mano atrás. Yo digo que realmente tengo 16 años recién, porque mi nueva vida arrancó hace 16 años, en libertad. Y que pueda tener la oportunidad que he logrado alcanzar en estos momentos de tener una voz en el Parlamento es algo por lo cual tengo que agradecerle muchísimo a mi partido, a mis compañeras y compañeros y a la ciudadanía.

Entonces, sí, es ese partido, es esa luz. Además de que Uruguay es un faro de luz para toda la región, para todo el mundo.

Leydis Aguilera: "En Cuba, 'política' es una mala palabra. En Uruguay, una herramienta"

Es interesante cómo lo describes porque, si tienes 16 años —sabemos que es como un renacimiento cuando uno emigra—, pues estás por alcanzar la mayoría de edad en términos políticos. ¡Y de qué manera! ¿De qué manera llegas a la mayoría de edad política? Porque llegar al puesto que actualmente tienes debe haber sido un recorrido de constantes aprendizajes. En este punto, ¿cómo describirías desde el origen esa formación política? ¿Tenías en el pasado alguna inclinación de liderazgo en la universidad, en otros momentos y etapas de tu vida?

Me encantó la metáfora, la similitud que haces en cuanto a alcanzar la madurez, porque es totalmente así. Realmente, mi vida en Cuba transcurrió como la de cualquier cubano o cubana de a pie, los millones que no pertenecemos a la cúpula del poder, que estamos “vendados”. Transcurrió siendo una buena pionera, siendo una buena estudiante, adoctrinada, como nos hacía ver el régimen. Y hay un momento en el que creo que nuestro propio pensamiento, esa libertad de pensamiento que nos querían cortar siempre, hace un click, que es quizás un poco cuando ya entramos en la universidad y decimos: “Hay cosas que acá no están bien, hay cosas que nos están faltando. ¿Qué es? ¿Qué es lo que nos está faltando?”

Sabíamos que faltaban cosas, pero uno no se daba cuenta. Evidentemente, no soy de las iluminadas. Hay cubanos y cubanas dentro de la Isla que han sido esos iluminados que han podido entender desde el principio, han tenido incluso acceso a otras cosas para que su pensamiento pueda madurar de una manera diferente y son los que han levantado también las voces.

Sin embargo, por suerte existen esos iluminados que, más allá de la caja, pudieron pensar y pudieron expresarse. Y en esa línea uno dice: “No está bien, esto que a nosotros nos están haciendo creer no está bien. Yo no tengo por qué ver a mi madre cómo sufre, no tengo ropa que ponerme, no tengo un futuro”. No teníamos esperanzas. Entonces, cuando yo llego acá y veo que acá hay libertad, lo primero que me impactó fue ver cómo acá en Uruguay las personas decían: “No estoy de acuerdo con este gobierno, a mí me parece que no es correcto”. Y yo decía: “¿Cómo esas personas pueden arriesgarse?” Pero no, en Uruguay podés disentir sin cárcel, podés pensar y hablar sin tener que ir preso, sin que torturen a tu familia, sin que estés bajo amenaza.

Entonces ahí dije: “Bueno, esto es parte de la política”. Para nosotros la política es una mala palabra en Cuba. La política la asociamos a represión, a miedo, a partido único, a gobierno único, a violencia, amenazas. Y yo llego a Uruguay y veo que la política no es eso. Mi partido y Uruguay me demostraron que la política es una herramienta para estar cerca de la gente, que la política transforma vidas y que sin voluntad política es bastante poco posible alcanzar ciertos y determinados espacios y ciertas y determinadas reivindicaciones.

Entonces, ahí fue donde yo conocí realmente la política y ahí creo que se despertó desde el inicio mi amor por la política, por la libertad. Pero a nosotros a veces nos escuchan decir libertad, libertad, libertad y muchos dicen: “Ay, es un cliché”. No, no, no es un cliché. Quienes no la conocieron, para quienes vivimos tanto tiempo de rodillas, tocarla, palparla, olerla, sentirla, es enamorarse de ella.

Y por eso se lo digo a Uruguay, más que nada basado en los principios democráticos y en los valores de Uruguay: yo conocí la libertad acá y estoy dispuesta a defenderla con uñas y dientes y también estoy dispuesta, desde mi rol, a que las cubanas y los cubanos que hoy carecen de ella la puedan tener, que cada vez está más cerca. Entonces, ese fue, “a groso modo”, mi periplo por la política y mi amor por ella.

¿Cómo Leydis se recuerda a sí misma de niña, a esa niña que nació y creció en Holguín y que luego, ahora como adulta, ejerce libertades como inmigrante, pero también como una persona naturalizada en otro país, con una vida conforme a las normas de ese país, con hijo y esposo uruguayos, plenamente integrada, pero aun así manteniendo en su agenda lo que tal vez aquella niña de Holguín vislumbraba también y cómo rescatar un poco lo que todo migrante querría para realizarse en un espacio donde pueda participar plenamente?

Es una pregunta, Darcy, que me toca muy en la fibra, porque recordar nuestra niñez es algo que estoy segura de que a todos nos trae una mezcla de sentimientos encontrados. Nos trae una mezcla de alegría porque éramos chiquitos, porque podíamos abrazar a nuestros padres, correr por el barrio, estar con nuestros vecinos, ir a la escuela con nuestros “compañeritos”, quienes ahora están todos dispersos por el mundo; a muchos ni siquiera los voy a volver a ver en la vida. Y eso también nos trae recuerdos dolorosos, porque esta misma tragedia que está viviendo Cuba en estos momentos nosotros la vivimos.

Yo tengo 40 y tantos años ya y hace 40 años yo recuerdo exactamente la misma Cuba, esa Cuba que nos está doliendo a todos en estos momentos. sa misma Cuba de apagones, de miseria, de enfermedades, de contar con un gobierno que ha decidido ser el asesino de turno de millones de cubanos; que nos ha robado la economía, la salud, la educación, la esperanza, la libertad.

Y entonces esa niña mira hacia atrás y ve esa Cuba, ve esa historia y luego mira hacia delante y ve algo, ve que una mejor vida es posible. Ahora, y además lo puedo decir sin miedo y sin ningún tipo de vergüenza en estos momentos, la migración no fue una decisión fácil: la de abandonar la isla, la de salir con lo puesto, pero ahora sé que fue la única decisión honesta porque no me podía permitir seguir perteneciendo a un régimen que explota a su propia gente. Y poder llegar a un sitio donde la migración ha marcado pautas —Uruguay, se dice, es un país construido desde su génesis por migrantes—, que ha tenido una oleada migratoria en esta última década muy grande, constante, exponencial y sostenida; y poder ver que esa garra cubana —y acá hay un paralelismo también con la garra charrúa, porque ellos son muy de la garra charrúa, los uruguayos y las uruguayas— no se cae y que nosotros seguimos trabajando y nos seguimos fortaleciendo desde los distintos espacios. Además, la diáspora cubana ha tenido ahora un papel bastante protagónico en la posibilidad de alzar voces y de ser el eco de esas voces que están intentando ser cercenadas ahí adentro. Y nosotros hemos podido desenmascarar todo lo que el régimen hasta el momento ha querido mantener oculto.

Justo ahora además presenté hace poco un proyecto de ley de regularización migratoria que se llama Proyecto de Ley Residencia por Arraigo, que lo que procura precisamente es dar una estabilidad jurídica, regularizar a más de 30 000 personas solicitantes de refugio que se encuentran hoy acá en Uruguay; solicitantes de refugio político de diversos países, porque hay venezolanos, cubanos, dominicanos, colombianos que en estos momentos se encuentran en una especie de limbo migratorio debido a que no se le ha dado respuesta a su solicitud de refugio, no se ha emitido respuesta de si han sido aceptadas o rechazadas y no pueden acceder a una residencia permanente en el país.

Entonces, creo que por ahí va también el compromiso, el compromiso con la libertad, con una migración regularizada, ordenada y con esa migración que va a los países que les abren las puertas, quienes los acogen, precisamente para sumar, no para crear un problema, sino para aportar.

Ahora, mientras conversamos, ¿dónde se encuentra tu familia? ¿Qué familia te queda en Cuba? ¿Cómo manejas esa relación? Sobre el hecho de poder verlos, ¿tienes esperanza? ¿Cómo vives ese proceso?

Parte de mi familia está acá, es la que he formado en libertad y ahí viste que nosotros tenemos los corazones divididos, ¿no? Porque mi hermano, por ejemplo, logró escapar también de la isla, hace un año y medio que vive acá en Uruguay. Realmente esto me tiene muy contenta porque tengo parte de mi familia acá, pero también me tiene muy triste porque en Cuba, allá adentro, quedaron mi hermana, quedó mi padrastro, amistades de toda la vida, vecinos, conocidos y la preocupación que uno siente es diaria.

La angustia que uno vive es diaria porque ahora mismo nosotras estamos charlando en total libertad, en un rato yo voy a recoger a mi hijo al colegio, lo llevo a practicar deporte y lo miro y siento una total felicidad.

Sin embargo, el corazoncito está estrujado, no solo por mi familia que está ahí adentro, sino porque yo sé que hoy, en estos momentos en que nosotros dialogamos, hay madres que no saben qué darle de comer a sus hijos.

Yo sé que en estos momentos hay madres que llevan más de 30 horas sin electricidad, hay padres que no van a poder abrazar a sus hijos porque los tienen lejos, porque ni siquiera dentro de la isla se pueden acercar debido a la situación terrible que se está afrontando con el transporte. Y además yo digo que nosotros los migrantes siempre vamos con dos mochilas, ¿no? Una mochila cargada de sueños y de esperanzas y otra mochila cargada de miedos e incertidumbre por lo que será. Pero además de esa mochila, nosotros los cubanos y las cubanas que estamos por el mundo cargamos con una tercera mochila. Y esa tercera mochila es la preocupación, la angustia y el dolor por las personas que dejamos allá adentro.

He conocido casos y nos pasó en mis inicios. Yo lamentablemente perdí a mi madre. Ese es otro dolor también que guardo profundamente. La dictadura no va a permitir, ya no va a permitir, que yo la vuelva a abrazar nunca más. Y yo me recuerdo de los inicios también, de que cuando llegué acá e iba a llevarme un pedazo de carne a la boca, era una angustia.

Era algo que sí, yo disfrutaba porque nunca lo había podido hacer, pero era una angustia a la vez porque yo sabía que mi madre y mi familia, que estaban ahí adentro, no iban a poder comerla.

Entonces, esas cosas son las que creo que nos tienen un poco el alma dividida en ese sentido y que por eso tenemos la responsabilidad de continuar batallando en esta lucha para que realmente Cuba sea libre y democrática y creo que está bastante cerca.

Justo en una entrevista reciente se te preguntaba sobre una posible invasión a Cuba, cómo lo veías y lo enfocabas desde el hecho de que “nadie quiere que invadan su país, pero que algo tendría que pasar para que nuestra gente finalmente sea libre”. Hoy, unos días después de esas declaraciones y en este escenario en que todos los ojos vuelven a estar sobre Cuba, ¿cuál es tu posición al respecto? ¿Cómo lo ves? ¿Qué tendría que pasar para que haya finalmente el cambio esperado y anhelado en Cuba?

Creo que es algo que nos hemos planteado los cubanos y las cubanas durante muchísimo tiempo. Creo que lo he dicho en otro momento también: que la libertad es el único sueño que la dictadura jamás va a poder matar.

Nos han intentado sacar las esperanzas, nos han dividido, nos han adoctrinado, nos han oprimido. Actualmente en Cuba existe una esclavitud. Es esa esclavitud que nos robó la libertad, es esa esclavitud que nos robó el pensamiento, el trabajo y que ha intentado robarle la dignidad al pueblo cubano. Y realmente es un proceso necesario. Creo que ya las cosas no se sostienen con mentiras. Ha sido un discurso y un relato que ha mantenido el régimen cubano durante casi siete décadas, culpando siempre a factores externos, siempre al bloqueo impuesto por los Estados Unidos.

Sin embargo, ha sido el primero en salir corriendo buscando los dólares estadounidenses, promoviendo el turismo norteamericano y, además de eso, dependiendo casi exclusivamente de las remesas que envían los cubanos y las cubanas desde los Estados Unidos hacia la isla, a esos a los que siempre tildaron de parias, de gusanos, de traidores a la patria y creo que ya ese discurso no se les sostiene más; y lo reitero, no estoy de acuerdo, no creo que nadie quiera que invadan su país en ninguna de las aristas, por supuesto que no, pero hoy lo que está pidiendo el pueblo cubano es libertad.

Hoy lo que está pidiendo el pueblo cubano es un cambio, así literalmente. Lo que piden las cubanas y los cubanos dentro de la isla es volver a ser personas en algún momento.

Entonces, creo que eso es bastante fuerte desde el punto de vista humano, desde el punto de vista ya no político-partidario o de las ideologías, porque vimos un circo que estuvo en marzo de más de 600 defensores de la izquierda que se fueron a hacer ese turismo de dictadura hipócrita y lamentable a la isla y le dieron luego la espalda. Acá en Uruguay hubo una delegación del Frente Amplio, el partido de gobierno, y regresaron tranquilamente a la comodidad de sus hogares, a su comida, a abrazar a sus familias y calentitos en sus países que los abrazan y los acogen.

Entonces, el pueblo cubano sí sigue ahí adentro y creo que ese cambio tiene que darse. Creo que para que se dé hay pasos que son necesarios porque una cosa que ha mostrado el gobierno dictatorial es que ellos no están dispuestos a abandonar el poder. No les importa la miseria, no les importa el hambre, no les importa el sufrimiento de millones de cubanos que están dentro de la isla y casi cuatro que estamos afuera. No les importa.

Lo único que les importa es enriquecer sus bolsillos. Entonces, ellos no son un gobierno soberano, no son un gobierno que pueda decir que hay una autodeterminación. El pueblo soberano es el que está pidiendo, por favor, un cambio, pidiendo libertad, y esto tiene que darse.

Siendo Uruguay un país donde uno de los grandes escritores nacionales es Eduardo Galeano, con ese sentir de “Las venas abiertas de América Latina” y habiendo tenido también un presidente como José Mujica, que ha sido un referente de la izquierda global, ¿cómo ha sido para ti ese desafío de poder insertar el tema cubano, el dolor de Cuba, el dolor de su exilio, de su diáspora, en un país con estas características y ante este discurso que tiende a mitificar e idealizar la Cuba socialista, la Cuba revolucionaria, que sabemos en lo que ha derivado? ¿Cómo ha sido un poco ese desafío para ti?

Ha sido todo un desafío. Aunque parezca increíble, pero es cierto, muchas veces me han dicho: “Bueno, ¿pero sos una parlamentaria uruguaya o sos una parlamentaria cubana? ¿Vos traés acá al Parlamento los problemas externos de Cuba o estás más preocupada por los problemas de los tres millones y medio de habitantes que tiene Uruguay?”

Entonces, en esa línea y un poco también para responder lo que me consultabas, yo digo que de esos tres millones y medio de habitantes que tiene Uruguay, casi el 4% es una población migrante y de ese 4%, el 22% es cubano; es decir, que estos también son problemas de los uruguayos y las uruguayas y que además de eso yo no vengo acá a rescatar nada que no vaya en la línea de la defensa de los derechos humanos, de los valores democráticos, libres y de respeto y dignidad del ser humano que siempre ha promovido Uruguay y que siempre ha defendido y que además, aunque no lo parezca, quienes han traído estos temas al Parlamento han sido precisamente del partido de gobierno, el partido de izquierda, el Frente Amplio.

El 4 de marzo, en la Cámara de Senadores, se votó una moción que condenaba «el bloqueo» de los Estados Unidos y apoyaba al gobierno cubano.

Hace poco, acá en la Junta Departamental, en el departamento de Montevideo, también los legisladores departamentales del Frente Amplio —no lo trajo Leydis al esquema— votaron otra moción en la cual se volvía, con el mismo cliché, a condenar «el bloqueo» de los Estados Unidos y apoyar a Cuba.

Entonces ha sido un desafío, pero creo que el desafío, más que ponerlo en agenda, ha sido intentar que las personas entiendan y que no sigan sosteniendo y defendiendo lo indefendible.

Dicen que defienden los derechos humanos y están apoyando una dictadura, pero además algo interesante es que justamente el partido que se encuentra en el gobierno ahora, el Frente Amplio, es una coalición de partidos políticos y de organizaciones políticas. Coalición. Es decir, es plural, ¿y son capaces de defender un régimen de un partido único, donde evidentemente en un país que tenga un partido único hay una discriminación política evidente?

Entonces, creo que el desafío va por ahí. El desafío va por hacerles entender que esto no es un tema político-partidario ni de ideologías, que el comunismo es algo fallido, que nosotros somos un ejemplo de eso y que ya basta de estar sosteniendo esas banderas vetustas que han expulsado a millones de personas y que hoy tienen a millones de personas sufriendo un daño antropológico atroz.

Entonces, ¡ya basta!: que sean coherentes, que escuchen a las cubanas y a los cubanos, los que están adentro. No se trata de ir a abrazarse con el dictador Díaz-Canel sin escuchar a los que están adentro y a los que logramos escapar de la Isla con nuestras verdades, porque ¿qué puede pensar uno cuando miles y miles de personas salen a la calle pidiendo libertad? ¿Uno puede pensar que el régimen está funcionando correctamente? ¿Qué pueden pensar cuando —lo vemos además en las imágenes— hay tanta gente muriendo de hambre, de enfermedades?

Ahora mismo hay una epidemia de hepatitis que el gobierno quiere tapar. Y creo que por ahí va el desafío. El desafío va por desenmascarar esas mentiras con verdades, que creo que ellos en lo profundo lo deben saber, pero que es difícil también para las izquierdas, porque si cae el bastión de Cuba, se les desmorona el discurso. Pero si ese bastión no cae, seguirán millones de personas sufriendo lo que están sufriendo en la Isla y creo que por ahí ha ido el desafío.

Ha salido de tu respuesta la frase de que “si ese bastión cae”. ¿Cómo se ve y dónde se ve Leydis Aguilera si el bastión comunista de Cuba cae?

Leydis Aguilera, si ese bastión cae —que va a caer, va a caer seguro, porque va a caer, es así—. Es ese hilo de esperanza, una luz que ya se ha vuelto toda una llamarada y que no nos van a callar, no nos van a callar ni ahora ni nunca hasta que no caigan esas cadenas. Cuando eso pase me veo desde acá, desde Uruguay, intentando, apoyando, colaborando, como mismo lo estoy haciendo ahora con mi humilde voz, denunciando, pero apoyando en una reconstrucción de una Cuba democrática y más grande. ¿Por qué? Porque yo no voy a poner un país sobre otro.

Lo dije: soy cubana de nacimiento y uruguaya de corazón, pero mi compromiso está acá con Uruguay, con las uruguayas y con los uruguayos, que me abrieron las puertas, que me dieron estas oportunidades. Mi compromiso está con seguir trabajando en una integración migratoria, con preocuparme por temas también como lo son la seguridad, la educación, el costo de vida y la salud de Uruguay. ¿Para qué? Para que Uruguay siga creciendo y siga siendo ese faro de luz, de democracia y de esperanza para el mundo y para la región; pero sí, mi voz va a estar colaborando, mi fuerza va dirigida a estar colaborando para reconstruir una Cuba democrática, con el compromiso que tengo siempre con Uruguay.

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