septiembre 11, 2026

La expropiación de la finca El Masío: un robo del castrismo amparado en la Reforma Agraria

Constantino Mosquera Sánchez perdió en 1965 sus tierras, ganado y medios de trabajo tras décadas dedicado a la agricultura en Ciego de Ávila.
Cuba, criminalidad
Un campo cubano. (Foto referencial: CubaNet)

LA HABANA, Cuba.- En 1965, el régimen castrista arrebató la finca El Masío, en Ciego de Ávila, al que hasta ese momento y desde hacía varias décadas fue su propietario, Constantino Mosquera Sánchez.

A Mosquera le fueron expropiadas las 34 caballerías (unas 456 hectáreas) de tierras que estaban dedicadas al cultivo de caña de azúcar para el central del municipio de Majagua y a la cría de ganado vacuno. Le confiscaron también 120 reses, un camión para el tiro de caña, tres tractores con sus arados y un jeep Willys.

A la familia Mosquera, compuesta por Constantino y el menor de sus hijos con su esposa y dos hijas, solo les dejaron la casa y doce vacas.

Constantino Mosquera no pudo soportar que le arrebataran el fruto de toda una vida de esfuerzos y sacrificios: murió de un infarto a los 82 años, pocos meses después de la expropiación de la finca, las reses y sus vehículos. 

Originario de Galicia, había emigrado a Cuba en 1908 en busca de mejores condiciones de vida. Se estableció en Ciego de Ávila y trabajó de sol a sol. En unos años logró prosperar y hacer de su finca “una joyita”, como decían muchos pobladores de la zona.

Una de las nietas de Mosquera aún vive en la casa de la finca, y la maleza y el marabú les disputan las tierras de El Masío a lo poco que queda de unos maltrechos cañaverales.

Los descendientes de Constantino Mosquera Sánchez están repartidos entre España y los Estados Unidos. Una de sus nietas, Elvia Alicia Isbern Mosquera, a través del opositor Michel Iroy Rodríguez, me hizo llegar la historia del despojo al que fue sometido su abuelo y su familia. No lo hizo animada por el deseo de que algún día se haga justicia y su familia recupere sus propiedades —luego de tanto tiempo ya no abrigan esperanzas—, sino para que no quede en el olvido este caso, uno más entre las tristes historias de los millares de víctimas de los robos de la dictadura castrista que, con el pretexto de acabar con los latifundios por medio de la Reforma Agraria, convirtió al Estado en el único latifundista del país.             

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