SANTA CLARA, Cuba ― A principios de marzo, el cubano Alejandro Terry Zamora compartió en su perfil de Facebook su impresión al ver, por primera vez, un misil antibalístico rompiendo el cielo de Dubái, la ciudad en la que vive desde hace poco más de tres años. “Nunca en mi vida había visto algo así”, escribió el joven médico de profesión y creador de contenido en redes sociales. “Es aterrador. Te hace agacharte sin querer cuando explota en el aire”. También describió que las paredes de su casa temblaban, mientras en las calles, muchas personas corrían asustadas.
Para esa fecha, la guerra entre Israel e Irán había dejado de ser un enfrentamiento lejano para el epicentro turístico del Golfo Pérsico, que por años ha presumido de ser una zona franca y estable en medio de una región marcada por conflictos. Teherán justificó la escalada acusando a sus vecinos árabes de servir como plataforma logística de Israel y Estados Unidos. Mientras, el ejército emiratí informó que estaba respondiendo a las amenazas y emitió alertas específicas a los residentes de Abu Dabi y Dubái, a quienes les recomendó permanecer en interiores y evitar desplazamientos innecesarios.
Justo en días previos a la publicación de Alejandro, varios drones iraníes impactaron en las inmediaciones del hotel Fairmont, en Palm Jumeirah, provocando un incendio en la entrada principal y daños materiales en vehículos y estructuras turísticas. Luego de aquel primer sobresalto, el joven cubano intentó calmarse. “Las comunicaciones llegaron claras, directas, sin pánico”, cuenta. “Dubái lleva décadas siendo un oasis en medio del caos de Medio Oriente. Mientras alrededor todo se complica, aquí la vida transcurre tranquila. Rascacielos, turismo, negocios, gente de muchas nacionalidades conviviendo sin problemas. Es de los lugares más seguros del mundo”.

Esa imagen de prosperidad que durante años ha proyectado la urbe más poblada de EAU, su régimen fiscal ventajoso, y su mercado laboral abierto a la contratación de extranjeros ha condicionado el crecimiento de una importante comunidad de cubanos en los últimos años.
Alejandro Terry, nacido y criado en Santa Fe, La Habana, es uno de esos cubanos que decidió probar suerte en la cuna del Burj Khalifa, la impresionante torre de cristal considerada el edificio más alto del mundo. Abandonar casi a término su especialidad para salir de Cuba hasta la India fue una de las decisiones más difíciles en la vida de este joven de 32 años, según cuenta vía WhatsApp. “No me arrepiento, porque aquí se me han abierto posibilidades infinitas”, recalca. “Además, estar aquí me permite apoyar a mi familia en Cuba, que es uno de los motivos principales de las personas que emigramos”.
En los días posteriores al relato de Alejandro, se produjo un episodio aún más significativo: el 11 de marzo, un ataque con drones alcanzó el aeropuerto internacional de Dubái, de los más transitados del mundo. El incidente dejó varios heridos y obligó al Gobierno a suspender de manera temporal las operaciones aéreas. Antes del inicio del conflicto y las limitaciones con los vuelos, viajar directamente a los Emiratos desde la mayor de las Antillas resultaba relativamente fácil. Solo se precisaba, por supuesto, el dinero suficiente y el visado emiratí, que se solicitaba en línea y solía aprobarse con bastante rapidez, siempre y cuando el pasaporte contara con una vigencia de más de seis meses. Ahora todavía, a pesar de las noticias sobre la guerra en el Medio Oriente, decenas de cubanos siguen preguntando en grupos de redes sociales cómo salir de la Isla y establecerse en Emiratos Árabes.
Olomac23 es una de las compañías que facilita, entre otros servicios, la gestión de visados, el alojamiento y la obtención de los documentos para negocios para viajar al país. Fue creada hace tres años por el matrimonio de cubanos de Isnel Carballido y Ailema Rodríguez. La pareja de consultores se decidió por Dubái luego de haber vivido un tiempo en Guinea Ecuatorial. Aseguran haber tramitado cientos de solicitudes con feliz término. En estos momentos, aunque continúan operando como agencia, afirman que se han visto afectados por los cierres de vuelos y el encarecimiento de los pasajes.

“Como quiera que sea, los cubanos no estamos acostumbrados a ese tipo de situaciones”, cuenta Isnel, quien, al momento de esta entrevista, y a pesar de la diferencia horaria respecto a Cuba, permanecía despierto. Se refiere específicamente a la posibilidad de recibir una alerta en su celular en caso de la intercepción de un misil.
Emiratos Árabes Unidos se ha convertido en uno de los países más golpeados por las represalias iraníes desde el inicio del conflicto a finales de febrero. Hasta mediados de marzo, el territorio había sido blanco de 268 misiles balísticos, 15 misiles de crucero y 1.514 drones. En uno de sus comunicados en X, el Ministerio de Defensa de Emiratos aseguró estar “plenamente preparado” para enfrentar cualquier amenaza y recalcó que la seguridad de ciudadanos, residentes y visitantes era una prioridad que no admitía concesiones. Sin embargo, al mismo tiempo, reconoció que los ataques habían dejado víctimas: cuatro personas fallecidas —procedentes de Pakistán, Nepal y Bangladesh— y 117 heridos leves de distintas nacionalidades, según datos difundidos por la agencia EFE.
“Hemos llegado a percibir detonaciones lejanas en momentos puntuales, lo que evidentemente impacta a nivel emocional”, relata Will, otro cubano radicado en Dubái que se desempeña como asesor inmobiliario e inversionista. “Lo que más llama la atención es el contraste: a pesar de esto, la vida continúa con una normalidad bastante sólida”. El también creador de contenido sobre bienes raíces insiste en que la ciudad no está paralizada y que los principales servicios ―restaurantes, comercios y oficinas― siguen operando con normalidad. “Hay más cautela, más atención a las noticias y al entorno, pero no hay sensación de caos. De hecho, muchas veces la percepción de inseguridad es mayor fuera del país que dentro”, asegura.
A pesar de la guerra, ¿se quedan los cubanos en Dubái?
Un reportaje reciente publicado en El País subraya que, pese a los ataques y las alarmas diarias en Abu Dabi y Dubái, gran parte de la población —en su mayoría extranjera— mantiene su rutina cotidiana sin cambios. “Estamos bien”, responde Alejandro Terry vía WhatsApp. “Es verdad que escuchas los avisos oficiales antes de que ocurran las intercepciones, pero no es algo constante ni que paralice el día. Puedes escuchar por la mañana y por la tarde, y puede que pasen dos o tres días sin que ocurra nada. Ahora mismo acabo de llegar de hacer compras y todo sigue como un día más”, insiste. “Quizá, sí se advierten menos personas en las calles, pero es debido al Ramadán”. La escalada bélica en Medio Oriente ha coincidido con el mes más sagrado del Islam, dedicado al ayuno, la oración y la reflexión espiritual. En Emiratos Árabes Unidos, como en otros países islámicos, el Ramadán transforma la vida cotidiana.
Cuando los sistemas de defensa logran interceptar un misil, el Gobierno activa de inmediato una notificación de seguridad que se difunde por varios canales: mensajes en teléfonos móviles, avisos en medios estatales y en aplicaciones oficiales. En el texto comúnmente se lee: “Dada la situación actual, por favor refugiarse inmediatamente en un edificio seguro lejos de ventanas, puertas y áreas abiertas y esperar instrucciones oficiales”. Una vez que la alerta informa que el proyectil fue neutralizado, se advierte a la población que permanezca bajo resguardo. En la práctica, los residentes escuchan varias alarmas al día, en horarios variables: lo mismo de madrugada, de mañana o a media tarde. Para reducir la inquietud, el Gobierno incluso modificó el tono de los avisos, sustituyendo el sonido estridente por uno más moderado.


“No son tan frecuentes, a veces se sienten tres al día”, asegura Isnel. El joven consultor precisa que “para lo que está pasando”, también su percepción es que la vida allí sigue transcurriendo con bastante normalidad. “Las personas siguen en la calle, en los hoteles”, apunta. En su perfil de Facebook, hizo un llamado a sus seguidores a no compartir ni dejarse llevar por noticias demasiado alarmistas que pueden preocupar a los familiares en la Isla. “No es menos cierto que hay un conflicto en esta región, pero los que vivimos aquí sabemos que la situación está controlada”, escribió.
Las autoridades de Emiratos Árabes Unidos anunciaron en días recientes la detención de más de un centenar de personas de diferentes nacionalidades por “grabar imágenes y compartir información engañosa a través de redes sociales durante los sucesos en marcha”. Según informaron varios medios, algunos de los videos fueron creados con inteligencia artificial (IA). No obstante, entre los detenidos figuran un ciudadano francés arrestado por enviar una foto del cielo a su madre y una empleada doméstica filipina, por tomar una imagen cerca del Burj Al Arab, el icónico hotel con forma de vela.
Sobre el impacto económico, algunos analistas aseguran que, por ahora, no resulta en extremo grave ya que, aunque se han registrado subidas de precio en algunos productos, el Ministerio de Economía precisó que “se trata de ajustes puntuales y temporales derivados de la crisis regional”. El artículo de El País, por ejemplo, resalta que el entorno económico bien regulado de Emiratos Árabes continúa ofreciendo confianza a los inversores internacionales. En el caso específico del sector inmobiliario, Will detalla que se ha notado un impacto más psicológico que estructural y que la actividad ha bajado ligeramente en el corto plazo, sobre todo por la incertidumbre internacional y el efecto mediático del conflicto. Desde su experiencia en el campo de bienes raíces recomienda a quienes están pensando en mudarse o invertir allí, que no tomen decisiones basadas únicamente en titulares. “La realidad sobre el terreno es mucho más estable de lo que parece desde el exterior. Dubái ha demostrado repetidamente su capacidad para gestionar crisis y proteger tanto a residentes como a inversores. Estamos en un momento de cautela, sí, pero no de crisis interna. Y en muchos casos, estos momentos son precisamente los que generan las mejores oportunidades para quienes tienen una visión a largo plazo”.

Desde los primeros días de marzo, varios medios reportaron la salida de miles de expatriados de Dubái mediante operaciones organizadas por distintos gobiernos europeos, como Francia, Reino Unido, Alemania y España, que evacuó a más de 8.000 ciudadanos. Aunque no existen cifras oficiales, los testimonios confirman que la ciudad vivió un éxodo significativo en las primeras semanas del conflicto. Hasta el momento, no existe reporte de ningún cubano que haya decidido regresar a la Isla.
En una de las crónicas de Alejandro Terry de principios de marzo se lee: “La guerra no empieza con el primer misil. Empieza cuando tu cocina, tu casa, dejan de sentirse seguras. Uno no sabe lo que está pasando”. Al preguntrale sobre el futuro de la comunidad cubana en caso de una mayor escalada bélica, contesta: “Los cubanos somos muy resilientes y estoy seguro de se quedarían, como mismo muchos europeos o asiáticos; ellos saben que aquí pueden encontrar, incluso en tiempos complejos, la seguridad y el confort que quizás en sus países no tengan. En Cuba ahora mismo la situación es bien compleja y aquí todo sigue normal; no creo que haya razón alguna para irse”.
