HOLGUÍN, Cuba ― “Lo único que hay aquí es ruina y abandono, ¿qué renació?”, pregunta el holguinero Luis López al leer “El renacer del Mambí”, un letrero escrito frente a la fachada de la antigua Terminal del Ferrocarril Holguín-Gibara, en el reparto Zayas, de la ciudad de Holguín.
El cartel alude al mercado agrícola conocido como “Mambí”, último destino social que tuvo el vetusto edificio ferroviario.
Junto al mensaje aparece el logotipo del Ejército Juvenil del Trabajo (EJT), rama de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) dedicada a labores productivas y una de las entidades que en tiempos pasados proveía de productos agrícolas al establecimiento.

“Una cosa es el renacer y otra muy distinta es lo que uno ve en este lugar”, dice López mientras señala los escombros y residuos amontonados justo detrás de la propaganda estatal.
Durante años, el Gobierno utilizó el inmueble con fines comerciales agrícolas, ignoró las inversiones necesarias para su conservación y, finalmente, permitió que un edificio de valor histórico quedara condenado al derrumbe y se convirtiera en un vertedero.
“Dejar el cartel en este lugar en ruinas y sucio es una ofensa a la memoria de los mambises que lucharon y murieron por la libertad de este país”, opina López.
El inmueble no siempre estuvo rodeado de basura, mosquitos y roedores. Inaugurada el 4 de abril de 1893, la terminal prestó servicios durante 65 años continuos.
El edificio colonial tuvo un gran frontón y contó con dos amplios corredores laterales sostenidos por los típicos pies derechos elaborados en madera. El andén principal lo coronaba un techo de tejas a dos aguas. Allí abordaban o descendían los pasajeros y los comerciantes encargados de trasladar mercancías hacia el puerto de Gibara.

Las causas del cierre definitivo como estación de ferrocarril se remontan a los actos de sabotaje realizados en 1958 por los rebeldes cubanos.
“Si el Gobierno se hubiera ocupado de su mantenimiento, el edificio habría durado mucho más”, afirma Félix Borrero, vecino del lugar, quien también denuncia que el mal manejo del capital generado durante sus más de 10 años como mercado agropecuario, unido a la escasa inversión del Gobierno en obras locales, desembocó en el deterioro actual.
“Con parte del dinero de las ventas del agro podrían haberlo reparado y así se hubiera evitado que llegara a este estado”, argumenta el entrevistado, antes de señalar directamente a los responsables del colapso: “Por la despreocupación de las autoridades perdimos una parte de la historia de Holguín”.

El Estado cubano estableció organismos específicos para evitar estas pérdidas patrimoniales. El Centro Provincial de Patrimonio Cultural de Holguín inició sus funciones el 1 de abril de 1990 con la misión de “rescatar, preservar, investigar y difundir el patrimonio cultural y natural de la Nación, en defensa de los valores esenciales de nuestra identidad”.
Sin embargo, el estado de ruina en que se encuentra la antigua estación ferroviaria contradice abiertamente ese propósito.
“A nadie de arriba [ningún funcionario] le importa el patrimonio”, denuncia Jorge Góngora, quien camina a diario por las calles aledañas. “Los del Gobierno hablan mucho de cultura y de historia, pero después dejan que los lugares históricos se derrumben”, cuestiona.
Isabel Pérez, vecina, lamenta que se hayan desaprovechado oportunidades para las nuevas generaciones: “Ese lugar pudo haber sido un centro cultural, un museo, algo para los jóvenes, pero lo dejaron morir, y así vamos perdiendo la historia por descuido”.

Por otra parte, el abandono del inmueble y su transformación en un vertedero han generado una amenaza inminente. La basura amontonada bajo el techo deteriorado y el agua de lluvia estancada crean las condiciones de humedad propicias para la proliferación de vectores transmisores de enfermedades, más en un país donde se suceden las emergencias epidemiológicas.
“Lo ideal sería que el Gobierno solucione esto cuanto antes, pero seguro tomarán medidas solo cuando llegue otra epidemia, como ha sucedido siempre”, recalca Isabel Pérez, una señora que camina cerca del lugar.
“Nos acostumbramos a ver este lugar como un basurero y nos parece normal, y eso es lo que más me preocupa”, dice la holguinera Elena Torres, que también exige responsabilidades a las autoridades: “¿Qué hicieron el Centro Provincial de Patrimonio y el Gobierno para evitar esto?”.


