LIMA, Perú — Alberto Díaz Pérez, uno de los seis hombres condenados inicialmente a pena de muerte por la violenta fuga de la prisión de Canaleta en 1999, en Ciego de Ávila, denunció presuntos maltratos y falta de atención médica en la cárcel de Guanajay, donde cumple una condena de cadena perpetua.
En un mensaje enviado este sábado a CubaNet, Díaz Pérez aseguró que lleva más de dos meses con inflamación y acumulación de líquido en una de sus rodillas sin recibir tratamiento médico.
«Vengo a hacer una denuncia aquí. Llevo 61 días con líquidos en la rodilla derecha. No me han atendido. Me dicen que me van a tirar una placa no sé cuándo. Y nada», relató.
El recluso también denunció un incidente con una enfermera del penal identificada como Yaquelin, luego de solicitar una inyección para tratar su padecimiento.
«La respuesta es que me dijo ella a mí que me olvide de inyección. Que aquí no hay inyección para mí, ni hoy, ni mañana, ni nada. Que me puedo estar muriendo y que no hay inyección para mí», afirmó.
Díaz Pérez calificó la situación como un caso de «maltrato psicológico» y aseguró desconocer si las presuntas represalias están relacionadas con el delito por el que fue condenado.
«Eso es lo que quiero que el mundo entero sepa del maltrato que hay conmigo actualmente aquí en esta prisión. Y no por el jefe. Es muchas personas que lo rodean a él», expresó.
El preso ha denunciado anteriormente abusos durante sus años de reclusión en diferentes cárceles cubanas. En un testimonio manuscrito enviado también a CubaNet, afirmó haber sufrido golpizas, aislamiento, exposición al frío y descargas eléctricas durante su paso por varios centros penitenciarios.
«Me dieron corriente en tres ocasiones», escribió al referirse a su estancia en la prisión de Boniato, en Santiago de Cuba.
Díaz Pérez fue detenido en diciembre de 1999 tras la fuga violenta ocurrida en la prisión de Canaleta, donde seis reclusos tomaron el control del penal durante un enfrentamiento con funcionarios de Orden Interior. Según su propio relato, él y otros internos decidieron ejecutar el plan como respuesta a los abusos que sufrían los presos.
«Matamos a todos los FOI [funcionarios de Orden Interior] que ese día estaban de guardia. Tomamos la prisión completa», escribió Díaz Pérez al describir aquellos hechos.
La reconstrucción del episodio realizada por organizaciones de derechos humanos señala que cinco funcionarios murieron durante el incidente y que varios resultaron heridos.
Tras permanecer tres días oculto en zonas rurales, Díaz Pérez fue capturado el 9 de diciembre de 1999. Posteriormente fue procesado en la Causa 44/2000 y condenado a muerte junto a otros cinco implicados: Osmany Brito Cartaya, Julio Alberto Morales Montero, Morlaix Nodal Pozo, Reidel Rodríguez Reyes y Héctor Santana Vega.
Organizaciones como Amnistía Internacional alertaron en 2001 sobre la situación de los seis condenados, luego de que el Tribunal Supremo cubano confirmara las penas capitales y el Consejo de Estado rechazara sus apelaciones.
En 2008, la condena de Díaz Pérez fue modificada a cadena perpetua, dentro del proceso mediante el cual Raúl Castro sustituyó la mayoría de las penas de muerte vigentes por sanciones de entre 30 años y privación perpetua de libertad, con excepción de tres hombres acusados de terrorismo.
Durante sus más de dos décadas en prisión, Díaz Pérez ha pasado por varias cárceles cubanas. Según su testimonio, en Boniato permaneció durante años bajo un régimen especial de máxima seguridad, donde denunció condiciones extremas de reclusión.
El periodista y poeta Manuel Vázquez Portal, uno de los presos políticos de la llamada Primavera Negra de 2003, dejó constancia en sus escritos carcelarios de la presencia de Díaz Pérez en Boniato, describiendo ese pabellón como de máxima seguridad y corredor de la muerte, donde los internos eran esposados y llevaban grilletes en los pies para salir al patio, hablar por teléfono, recibir medicamentos o acudir al hospital.










