LIMA, Perú — Mantener un refugio independiente de animales en La Habana, representa a día de hoy un desafío diario marcado por la escasez de recursos, la inflación económica y el colapso de los servicios básicos como la electricidad y el agua.
Así lo refiere en conversación con CubaNet el equipo del proyecto comunitario Adopciones X Amor, iniciativa que opera sin respaldo institucional para albergar a decenas de perros y gatos abandonados.
Fundado en 2019 como un espacio de acogida temporal, el albergue ubicado en la calle 29 entre 70 y 72 asume el rescate, la rehabilitación veterinaria y el seguimiento estricto de los animales hasta concretar su entrega en hogares responsables. No obstante, la sostenibilidad operativa de la instalación atraviesa momentos críticos.
«El día a día es bastante complicado (…). La parte súper complicada es buscar la comida del diario, ver qué hay, qué aparece», declaró Elizabeth Meade, coordinadora general del proyecto, al detallar las dinámicas logísticas del refugio. «Ningún salario cubano ni ninguna recaudación en sí logra alcanzar lo que es tener el suministro adecuado para esta cantidad de animales».
La inflación en la Isla ha encarecido severamente la alimentación de los casi 50 animales protegidos que conviven en el lugar. Según precisó Meade, un saco de pienso de 20 kilogramos —que apenas rinde entre 10 y 15 días— alcanza actualmente un costo de 60 dólares en el mercado local.
“¿Y quién cobra 60 dólares ahora mismo aquí?”, cuestionó la activista, señalando que la falta de donaciones constantes las obliga a autofinanciar la sede ofreciendo servicios privados de cuidados de mascotas e ingresos por su trabajo como técnicas veterinarias.
A la crisis alimentaria se suman los prolongados cortes en los suministros públicos de agua y electricidad en La Habana. El refugio ha llegado a enfrentar hasta seis o siete días consecutivos sin servicio de agua corriente, situación descrita por la coordinadora como «terrorífica» para mantener la higiene mínima del inmueble.
La coordinadora denunció además la desprotección institucional y la ausencia de marcos normativos efectivos contra la crueldad animal en la vía pública: «Desde que sales a la calle estás viendo el maltrato, a las personas irresponsables (…). A veces presencias actos de maltrato en la calle y no tienes dónde girarte y hacer la denuncia porque no tienes un apoyo. No existe una ley real que los proteja a ellos».
Frente a la ausencia de apoyo estatal, el colectivo recurre a la organización periódica de rifas y al auxilio de redes de allegados para financiar las raciones diarias y avanzar en la ampliación de techados y áreas de sombra para la población canina y felina.
Pese a los contratiempos, Adopciones X Amor mantiene un registro riguroso que supera ya decenas de planillas y 28 tomos de expedientes de adopción auditados desde su fundación. «Hay hogares temporales que se han quedado en el día a día (…), en una situación mucho más dura que la que nosotros tenemos aquí», concluyó Meade.
La vulnerabilidad que afrontan estas iniciativas independientes refleja una realidad extendida a cinco años de la aprobación del Decreto-Ley 31 de Bienestar Animal, una normativa promulgada en febrero de 2021 junto a su reglamento, el Decreto 38. Aunque en su momento fue recibida como un avance que prometía sancionar la crueldad, regular la tutela responsable y vincular la salud humana, animal y ambiental, la norma no ha logrado frenar el sufrimiento de los animales en el país.
Sobre el papel, el marco legal reconoce a las especies como seres sintientes con derecho a protección; sin embargo, en la práctica la aplicación del Decreto-Ley 31 ha quedado paralizada. La supervisión de la ley recae en inspectores, profesionales veterinarios y autoridades locales que carecen sistemáticamente de la formación técnica y de los recursos materiales indispensables para hacer cumplir las sanciones estipuladas.










