‘Planeta de Cristal’: Dagoberto Rodríguez expone en Miami

Crítica del poder, ironía política, humor, vulnerabilidad humana, supervivencia y sueños de un mejor futuro son algunas de las ideas que resuenan en la primera muestra en solitario de Dagoberto Rodríguez en Miami.

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Vista de la obra ‘Túnel’, pieza principal de la exposición ‘Planeta de Cristal’, en Piero Atchugarry Gallery

El siglo XX estuvo marcado por la puesta en escena de enormes experimentos sociales utópicos, cuyos cambiantes escenarios abarcaron puntos del planeta tan distantes como la gélida Siberia, circundada al norte por el océano Ártico, y una isla en el mar Caribe situada al sur del trópico de Cáncer, por mencionar dos extremos geográficos. Sin excepción, los “ismos”, sobre todo los diversos sistemas que encarnaban nuevos modos de absolutismo político, aunque también, de otra forma, el propio capitalismo tardío, derivaron en realidades distópicas. Tras la caída de “las grandes narrativas” de la historia que nutrieron el arte clásico y en gran medida el moderno, tal y como afirmaba Arthur C. Danto en su libro clásico, After the End Of Art, el arte contemporáneo puede albergar una “conciencia” histórica, pero se ha despojado del peso de esas narrativas y del sentido de pertenencia a cuanto representaban.

La historia es “nuestro referente perdido: es decir, nuestro mito”, decía Jean Baudrillard, y esta experiencia define la sensibilidad posmoderna incluso en los lugares en donde nunca se terminaron de formular las promesas del modernismo. Y es precisamente en medio del llamado “desierto de lo real”, donde afloran con mayor fuerza las narrativas de ficción sobre el futuro, incluyendo la ciencia ficción, o la saga de invenciones orwellianas o herederas de Un mundo feliz de Huxley, que advierten sobre la inminencia del horror común que acecha.

Mientras el escepticismo domina vastos campos de la realidad, es en el territorio de las ficciones artísticas donde, en este tiempo sin grandes relatos, puede construirse un espacio para abordar, con un modo de invención lúcida, como decisivamente lo hace Dagoberto Rodríguez (Cuba, 1969) en la exhibición Planeta de Cristal, los dilemas del presente; para encarar los vientos de la anomia política y la destrucción ecológica y, sobre todo, para acercarse al fin a lo que Fredric Jameson llama “la auténtica función de la utopía”. Una función que “no es presentar [ni más faltaba] un programa político, sino romper / interrumpir el futuro y abrirlo para nosotros de nuevo”.

Vista general de ‘Planeta de Cristal’ en Piero Atchugarry Gallery

Apostado como siempre en la frontera entre arte y sociedad, Dagoberto Rodríguez despliega de un modo único, en esta propuesta concebida casi en su totalidad durante el estallido de la pandemia, el poder estético de su inajenable imaginación social, para crear desde una zona en la cual observa la historia sin el peso de los grandes relatos y con la inteligencia de un humor que estimula la crítica del poder. Pero también, y esto es crucial, con la capacidad de estremecerse ante sus violencias y acogiendo en su visión el eco de esos otros utopistas –filósofos e inventores, o científicos y escritores como Arthur C. Clarke, con quien trabajó Stanley Kubrick para la filmación de 2001: Una Odisea del espacio— que, sin codicia por el poder, soñaron mundos iluminados para todos, imaginando incluso ciudades ecológicas cubiertas por domos protectores, como el arquitecto utopista Buckminster Fuller.

‘Planeta de cristal II’, acuarela sobre papel, 200 x 195 cm, 2020

De la Cúpula Geodésica (1967) de Fuller provienen los domos de cristal, tan duros como frágiles, de la acuarela Planeta (2020) de Dagoberto Rodríguez. El artista la pintó en medio de su asilamiento en Madrid como una invención que, sobrepasando imaginariamente la atmósfera de contagio y de caos político y económico, ofrece una respuesta creativa a la necesidad humana más primordial: el refugio. De algún modo, todas las obras reunidas en esta exhibición contienen la fricción de la oscuridad de la historia y la poética de lo que aún no ha tenido lugar, pero que en algún espacio del pensamiento humano subsiste. En Planeta de cristal, más que nunca antes, se advierte la comprensión de que, mientras vamos a la deriva en esta “nave espacial”, como llamaba Fuller a la tierra, en un universo infinito, necesitamos asegurar nuestra supervivencia.

Esta exhibición personal, comisariada por Aluna Curatorial Collective para Piero Atchugarry Gallery, no sólo es la primera en Miami del artista cofundador del Colectivo Los Carpinteros (1992-2018), sino un proyecto que marca un crucial punto de inflexión en su trayectoria, incluyendo la construcción de la obra central: un Túnel interactivo de grandes dimensiones, diseñado por él a lo largo de 2020; una obra que le permitió atravesar simbólicamente ese año que transformó el modo de vida en la tierra y que contiene en su concepción la poética de ese instante límite de aquella escena del filme de Stanley Kubrick en la que los personajes se plantean la urgencia de salvar, más allá del conocimiento y el dominio técnico, cuanto los hace humanos. El título y las obras desplegadas en Planeta de cristal son una cifra de nuestra vulnerabilidad, y activan diversos signos de alerta que interrumpen de algún modo la vertiginosidad de un tiempo crítico. Dagoberto Rodríguez usa, pero a la vez traspasa, las estrategias deconstructivas de la parodia y el juego, del humor y la ironía política, y termina construyendo un escenario que funciona como nos propone: una inmersión en la posibilidad de imaginar futuros alternos.

Vista de la obra ‘Geometría popular’ en Piero Atchugarry Gallery

En su video Geometría popular recurre a múltiples perspectivas de visión, y conjugando las figuras clásicas de la abstracción con las formaciones perfectas –y controladas– de los grandes eventos gimnásticos y con los momentos caóticos de una performance protagonizada por una multitud enfrentada, desenmascara, pero de algún modo también desactiva, el tribalismo del mundo dividido en facciones polarizadas.

Si bien en las acuarelas fantásticas de su serie de búnkeres Dagoberto Rodríguez retoma el diseño monumental de complejas arquitecturas inspiradas en los sueños fascistas de dominio y/o vigilancia, particularmente, en las creadas en 2020 para Planeta de Cristal, se advierten elementos que equivalen a una transmutación de esas arquitecturas panópticas en espacios de paideia, lugares de ficción para el aprendizaje de todos, y/o modos comunes de vivir fuera de las sombras. Dibuja además geografías ficticias en las que bellísimas masas de hielo desgajadas de los polos flotan, como monolitos azules construidos con figuras de lego, recreando –pero también intentando congelar– esa imagen del calentamiento que funciona como una semiología anticipada de la extinción en la era del Antropoceno.

‘Iceberg de ladrillo’, acuarela sobre papel, 129.8 × 199.9 cm, 2020

La exhibición encara, en una sala, los dilemas de las sociedades humanas abocadas a la anomia y, en otra, despliega esos paisajes del hundimiento que constituyen un espacio de alerta ecológica para el oikos (la palabra en griego antiguo oikos originó el término “eco” del cual provienen ecología y economía, y refería a la casa), esa casa compartida que es la tierra, recordándonos que habitamos un Planeta de cristal, y es cada vez más perentorio encontrar modos de vivir juntos que no sólo resguarden nuestra especie, sino que eviten la extinción de los demás reinos.

Traspasando la lógica laberíntica de los túneles que ha dibujado hace años con una complejidad perfecta, pero también como espacios que detrás de su belleza albergan la terrible posibilidad de no terminar de atravesarlos nunca, Dagoberto Rodríguez nos ofrece entrar en su Túnel, que esta vez tiene una salida, no sólo dentro del espacio de la exhibición, sino en el mismo tránsito que podemos cumplir al atrevernos a imaginar. “Pensar por ejemplo un mundo en el que fuera posible ser feliz en donde se nace”. En Planeta de Cristal, él mismo se ha atrevido a evocar esos otros modos de utopía que desarman la trampa de las grandes narrativas y se da a la tarea de retornar a su “auténtica función”: “romper / interrumpir el futuro y abrirlo para nosotros de nuevo”.

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ADRIANA HERRERA y WILLY CASTELLANOS
Adriana Herrera es doctora en Filosofía por la Florida International University, investigadora y asesora editorial de la revista Arte al Día Internacional. Escribe reseñas críticas para otros medios como Art Nexus y colabora como crítica de arte con El Nuevo Herald desde el año 2000.  Es miembro de Art Table, organización que le otorgó un premio en 2011 como una de las mujeres más influyentes en el arte en el sur de Florida. Willy Castellanos, por su parte, es historiador del arte, curador y fotógrafo autodidacta, egresado de la Universidad de La Habana. Sus escritos han sido publicados en revistas y diarios como Arte al Día International, Art Nexus, Revolución y Cultura, Nagary Magazine, El Nuevo Herald y The Sun Sentinel, así como en varios catálogos de exposiciones en Miami. Como fotógrafo ha participado en múltiples exposiciones individuales y colectivas. Ambos fundaron, en 2011, el Colectivo Curatorial Aluna, instancia curatorial de Aluna Art Foundation, institución sin ánimo de lucro que ha llevado sus proyectos curatoriales no sólo a su sede de Miami, sino también a galerías, museos e instituciones en Lisboa, Siberia, Mónaco, Moscú, Houston o Lima.
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