La organización PEN America tiene oficialmente desde la semana pasada una nueva directiva, luego de que hace casi dos años se desatara una crisis alrededor de sus posturas respecto a la guerra en Gaza y el saldo en tiempo real de la misma, que eventualmente reconoció como “genocidio bajo la ley internacional”.
A unos 16 meses desde la salida de su anterior directora ejecutiva, Suzanne Nossel, y con el ascenso compartido al cargo de Summer Lopez y Clarisse Rosaz Shariyf, no parece que vaya a cesar la conflictividad en torno al caso de Israel-Palestina y los usos asociados de la libertad de expresión.
“Ya sea en el sector cultural, en la prensa o en la educación superior, hemos visto cómo muchas instituciones poderosas obedecen de antemano”, ha prometido, no obstante, Lopez en una entrevista conjunta con The New York Times. “PEN America no va a hacer eso. Vamos a alzar la voz, vamos a denunciar lo que está sucediendo y seguiremos luchando”.
Durante los últimos meses, ambas ejecutivas ya estuvieron al frente de manera interina de la entidad no gubernamental fundada en 1922. Previamente, Lopez se había desempeñado como jefa del programa para la libertad de expresión, mientras que Shariyf había encabezado la programación literaria del PEN.
El objetivo declarado de la nueva directiva es la defensa más firme de los escritores y, en general, de la libre expresión en momentos de amenaza “existenciales” tanto en Estados Unidos –donde últimamente han denunciado, por ejemplo, la censura gubernamental sobre las universidades– como en el resto del mundo.
Hace unos meses, PEN America se hizo eco en un informe de “la destrucción catastrófica del patrimonio cultural de Gaza” a causa de “la acción militar de Israel” que, sostuvo, “equivalía a crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad”.
Pero, sobre todo, dicho reporte indicaba que el accionar de Israel “ofrece pruebas de intención genocida” –algo que, por cierto, no llega a señalar en su breve alusión el diario neoyorquino.
“PEN America coincide con el consenso de la comunidad de derechos humanos en que las políticas y acciones del gobierno de Israel en Gaza constituyen un genocidio según el derecho internacional, basándose en la labor de investigación directa y la experiencia de una amplia gama de organizaciones internacionales, palestinas e israelíes de derechos humanos, organismos de la ONU y estudiosos del genocidio”, subrayaba la propia organización al resumir el informe.
De hecho, el propio documento –previo a la precaria tregua actual– dejaba claro que “aun cuando la destrucción del patrimonio cultural no es en sí misma uno de los delitos subyacentes necesarios para demostrar el genocidio, en algunos casos se ha citado como prueba de la intención genocida”.
Pero las complejidades en el posicionamiento de PEN America se evidenciaron recientemente cuando hubo de retractarse de una declaración de fines de enero en que defendía el derecho a subir a los escenarios del comediante israelí Guy Hochman –cuyas presentaciones fueron canceladas en Nueva York y Los Angeles–, pese a sus “mensajes deshumanizadores en las redes sociales” sobre las bajas palestinas.
La entidad sostenía allí que hacer pasar a los artistas una suerte de “prueba ideológica” constituye, esencialmente, “una grave violación de la libertad de expresión”.
“Nuestra perspectiva consiste también en que puede defenderse el derecho de las personas a expresar discursos profundamente ofensivos y odiosos”, aclaró, por su parte, Lopez a NYT. “Defendemos constantemente los derechos de personas cuyos derechos son contrarios a nuestros valores”.
De cualquier manera, PEN America retiró su declaración original sobre Hochman cinco días después de emitida, y en una breve nota reconoció que el comediante “ha sido acusado por organizaciones de defensa de incitar al genocidio en Gaza”.
Cinco días después, el grupo publicó un aviso en el que decía que retiraba la declaración, señalando que Hochman “ha sido acusado por organizaciones de defensa [de los derechos humanos] de incitar al genocidio en Gaza”.
“Seguimos comprometidos con un diálogo abierto y respetuoso acerca de las divisiones que surgen en el curso de la defensa de la libertad de expresión”, aseguró finalmente el PEN America.

