En Miami, ‘Comandante Fritz’ de Pavel Giroud: “Hemos llegado al Festival donde yo quería estrenar la película”

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Hay películas que llegan, después de todo, a donde debían llegar… Comandante Fritz, el más reciente largometraje de Pavel Giroud, tiene todo para ser una de esas: una coproducción internacional filmada en Gran Canaria, un reparto que mezcla actores cubanos, alemanes y españoles, y una historia que transcurre en La Habana de 1972, cuando un joven oficial de la Stasi desembarca en la isla con una misión encubierta. 

El pretexto histórico es tan real como improbable: la isla Ernesto Thälmann, un cayito deshabitado frente a las costas cubanas que Fidel Castro regaló a la República Democrática Alemana como gesto de “fraternidad socialista”. La misión de Fritz consiste en frustrar un supuesto complot de la CIA para asesinar al líder cubano durante la ceremonia de entrega… Pero bajo el sol caribeño nada funciona como lo haría en Berlín Oriental.

El guion fue escrito por Arturo Infante –colaborador de Giroud desde La edad de la peseta (2006)– con la participación del propio director. La fotografía corrió a cargo de Félix Novo de Oliveira, y la música original fue compuesta por Ernán López-Nussa. El reparto reúne a Dennis Mojen, Yany Prado, Christina Große, Alexis Valdés, Vladimir Cruz, Fidel Betancourt, Laura Ramos, Carlos Enrique Almirante, Rainer Reiners y Lena Kalisch. La película, producida por FassB Filmproduktion con Ernst Fassbender, Dagmar Rosenbauer, Paul Zischler y Argyris Papadimitropoulos al frente, celebró su estreno mundial en el 42º Filmfest München en 2025 y ha pasado por varios festivales en Europa antes de llegar al continente americano.

Este viernes 17 de abril, Comandante Fritz se estrenará en Miami, en el Teatro Olimpia, como parte del Festival de Cine de esa ciudad. Para Giroud, cuyo historial incluye dos películas postuladas por Cuba al Oscar en la categoría de Mejor Película Internacional —La edad de la peseta (2006) y El acompañante (2015)–, así como el documental El caso Padilla (2022), con estreno mundial en Telluride y posterior paso por San Sebastián, y merecedor del Premio Platino al Mejor Documental Iberoamericano, esta presentación tiene un significado que va más allá de la alfombra roja. 

Un realismo que solo los cubanos reconocen de inmediato

Durante el rodaje, Giroud debió explicarle al equipo técnico, compuesto mayoritariamente por alemanes y españoles, que aquellas situaciones que todos veían como disparatadas o surrealistas eran, en realidad, absolutamente normales dentro del universo cubano. Lo decía en cada lectura de guion y lo repite ahora, cuando se le pregunta cómo cree que el público cubano de Miami podrá relacionarse con ese realismo que los foráneos confunden con absurdo.

“Cuando lo dije fue en la lectura de guión con el equipo técnico, que eran sobre todo alemanes y españoles, y algunos cubanos, obviamente, pero eran mayormente españoles y alemanes”, explica el director. “Y, claro, ellos veían ahí una especie de felinada, una película muy surrealista. Y yo tenía que aclararles constantemente mientras leíamos que esas situaciones, que parecerían disparatadas en otro contexto, en Cuba eran absolutamente naturales, formaban parte de nuestra historia, aunque algunas ya no se vivieran. Son situaciones con las que cualquier cubano está familiarizado”.

Cartel de ‘Comandante Fritz’ (2025); Pavel Giroud
Cartel de ‘Comandante Fritz’ (2025); Pavel Giroud

Aunque la película se propone ser entendida por cualquier público, siempre está la recepción específica de tus coterráneos. “La película nunca se ha enfrentado a un público cubano mayoritario. Sí, en todos los festivales donde la he presentado ha habido cubanos entre los espectadores, y eso se nota rápidamente por las cosas de las que se ríe el público, digamos, global y el público cubano. Hay cuestiones, matices, sutilezas en la película que solo son para nosotros, asegura Giroud. 

“Obviamente, un espectador coreano, alemán, italiano se va a reír de cosas de las cuales yo me propuse que se rieran, o que reaccionaran, pero no todo en la película es risa. Hay momentos también duros, porque es una comedia que habla de cosas muy serias. Las reacciones de esas audiencias responden, digamos, a códigos dramáticos universales que están dentro de la película. Fue una cosa que yo me impuse desde que entré a la película”.

La comedia como refugio, como exorcismo, como obsesión

Giroud llegó a Comandante Fritz después de El caso Padilla. Dos años de trabajo con un material emocionalmente brutal, seguidos de una exhibición que trajo consigo batallas inesperadas. Elegir la comedia después de eso no fue un capricho: fue una necesidad. Y, sin embargo, la comedia tampoco fue un camino sencillo, porque el género implica una disciplina y un riesgo propios.

“Yo terminé El caso Padilla muy devastado emocionalmente porque no fue solo hacer la película, que ya me dejó muy tocado”, cuenta. “Estar dos años con ese material, enfrentado a él: haciéndolo, rehaciéndolo, desmontándolo, volviéndolo a montar, poniéndome en el lugar de Padilla muchas veces… Vino luego la exhibición de la película y ahí tuve que enfrentarme también a otras guerras con las que no contaba. Yo sabía que sacar ese material iba a ser una bomba, pero no contaba con algunos enfrentamientos a los que me tuve que someter y que me dejaron muy desgastado. Recuerdo que dije un día: me vendría bien hacer una comedia. Y no sé si esa ley de la atracción de la que tanto se habla ahora o qué, me contactan para hacer esta película”. 

La dupla Infante-Giroud no es nueva, pero para este filme se ajustó a otras exigencias de la producción alemana. “El guion original era bastante diferente del que terminó siendo Comandante Fritz; no así la historia, la historia es exactamente la misma. Pero el guion sí cambió mucho. Era un guion escrito para otro director por Arturo Infante, quien fue el guionista de mi primera película, La edad de la peseta, pero con otros códigos de humor, otra estructura dramática. Se quedaron cosas obviamente de ese guion, con las cuales el productor alemán estaba completamente obsesionado y eran innegociables, pero, bueno, la verdad es que tuve bastante libertad para llevar la película a mi terreno como creador”, dice el realizador cubano asentado desde hace algunos años en España.

Trazando una línea entre esta última y sus obras anteriores, Giroud hace notar algunas diferencias y similitudes: “Creo que cuando la ves, pese a que no se parece a ninguna de mis otras películas, sí hay elementos que la conectan con ellas. Estoy muy realizado con la película”, confiesa. “Obviamente no esperaba tener un recorrido de festivales como el que tuve con mis películas anteriores: desde la primera, Tres veces dos, que es una película de tres directores con tres historias y debutó en el Festival de Montreal –que entonces era un festival clase A, ¡y ahí ganamos premio de ópera prima–; luego La edad de la peseta se estrenó en Toronto y tuvo un recorrido muy bueno para una ópera prima salida de Cuba y fue muy premiada también; luego Omerta (2008), que es mi película quizáS más discreta en ese sentido, pude estrenarla en el Festival de San Sebastián; El Caso Padilla, en Telluride, que fue un festival prácticamente inaccesible y luego en San Sebastián, y tuvo un impacto con el que yo no contaba, formando parte de programas de estudio en universidades europeas, en Estados Unidos. He tenido como mucha dicha en ese sentido con mis películas anteriores. 

”Sabía que quizás esta era una película que iría por otra carretera”, admite Giroud. “Obviamente, habría que hacer un trabajo de venta y de promoción destinado a un circuito de un cine más popular, y el tema Cuba, francamente, hasta ahora que Estados Unidos anunció «medidas extraordinarias» respecto a Cuba, no interesaba. Y ese es el problema que yo veía, que la película quizás quedaba en terreno de nadie. Sin embargo, ha ido creciendo como una bola de nieve y ha tenido un recorrido bastante bueno. Recién venimos de Málaga, y ahora hemos llegado al Festival donde yo quería estrenar la película: porque, a falta de Cuba, Miami”.

Miami: la plaza que Cuba le niega a sus creadores

Miami no es solo otra ciudad en el mapa de festivales. Para Giroud, y para muchos de su generación, se ha convertido en algo parecido a un hogar artístico por necesidad: el espacio donde la obra puede encontrar un público al que, por razones políticas, no tiene acceso. La pregunta sobre lo que ha significado para él en estos años la ciudad del sur de la Florida –donde se han presentado sus películas y también su libro Habana Nostra– abre una respuesta que mezcla gratitud, lucidez política y una tristeza que no disimula.

“Miami se ha convertido en la plaza para los creadores cubanos que no podemos ni exhibir ni publicar nuestra obra en Cuba, o [por lo menos] determinadas obras. Hay películas mías que probablemente se sigan poniendo en la televisión cubana, o videoclips, cosas así, pero otras que no, y entre ellas está Comandante Fritz. Sobre todo, después de haber hecho El caso Padilla. Miami siempre me recibe bien. En la presentación del libro tuve una sala llena y se vendieron en minutos todos los ejemplares que trajimos; tampoco eran muchos, es verdad, pero, bueno, la sala sí estaba abarrotada, y fue muy emocionante para mí que me respaldaran en ese atrevimiento que fue, de mi parte, escribir una novela documental”.

Pavel Giroud con su novela ‘Habana Nostra’
Pavel Giroud con su novela ‘Habana Nostra’ (FOTO Cortesía de PG)

El cineasta cree que “ha sido bendecido por la audiencia de Miami”: en efecto, El acompañante ganó en su momento el premio del público en el festival y, luego, El caso Padilla resultó el Mejor documental, un galardón que también otorgan los espectadores. 

“Ahora mismo se están vendiendo muy bien las entradas Comandante Fritz; hay muchas expectativas y espero no defraudarlas”, dice Giroud. “Nos han secuestrado a un país, nos han secuestrado a nuestro público. No tenemos la suerte de ser un país como, por ejemplo, México, que es un mercado en sí mismo. Ya los cubanos no somos muchos, como mercado, para el arte y la creación; súmale a eso que gran parte de nuestra audiencia está secuestrada por un Estado autoritario que impide ver determinadas obras. Entonces este festival se convierte en un escenario ideal para compartir la película con nuestra gente… Porque sé que la van a disfrutar más que nadie”.

MAYTÉ MADRUGA
MAYTÉ MADRUGA
Mayté Madruga Hernández (Matanzas, 1987). Licenciada en Periodismo. Ha colaborado con diversos medios de prensa cubanos ejerciendo la crítica de arte. Trabajó en el Festival de Cine de La Habana.

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