Darwin Fornés: “Un buen cartel se diseña con perspicacia y emoción”

Damos continuidad a una serie de entrevistas (+imágenes) que busca informar sobre quiénes son los actores de la ilustración y el diseño cubano contemporáneos. Vamos construyendo un mapa actual de la producción gráfica que expande las fronteras físicas y simbólicas del territorio de la isla.

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Darwin Fornés

Darwin Fornés Báez (La Habana, 1984) me escribe desde Ciudad de México, donde realiza como becario de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) una Maestría en Artes Visuales. Su investigación “La letra como soporte de expresiones no verbales” reposiciona el signo tipográfico y lo coloca en un terreno “anexacto” de encarnaciones no lingüísticas (si se pudiere).

Las letras no son neutras.

“Eso es imposible”, intuye.

Las letras son cuerpos insubordinados, sugiere.

Graduado del Instituto Superior de Diseño (ISDi) en 2008, donde trabajó como profesor adjunto impartiendo la asignatura de cartel, ha sido becado por la Escuela de Diseño del Instituto Nacional de Bellas Artes de México (2014) y por el Instituto APTECH de Nueva Delhi (2015-2016).

Aunque ha participado en algunas de las bienales más importantes del mundo, entre otras, la de México, la de Bolivia, la Iberoamericana de Diseño de España, la Golden Bee de Rusia; aunque ha recibido, por sólo mencionar algunos, el Premio CAJALTA, el Premio de la Oficina Nacional de Diseño (ONDi) y el premio al Mejor Cartel de Año que otorga el Club Amigos del Cartel (CACa); aunque es uno de los cartelistas cubanos más respetados, en sus tiempos libres dibuja figuras casi infantiles, pequeñitas, sobre cualquier soporte. Lo mismo hacía, de niño, cuando dibujaba paisajes e imitaba las ilustraciones de un diccionario Aristos y de una enciclopedia de los años cincuenta que tenía en casa.

Confiesa que era un niño “quieto y muy observador”.

Hoy es considerado uno de los diseñadores más representativos dentro del mapa del diseño cubano contemporáneo. Para conocer cómo ha sido su evolución dentro del diseño gráfico y para entender a qué se refiere cuando habla de perspicacia y emoción, conversamos con Darwin Fornés.

Edgar Ariel

Ilustraciones para calendario de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (2016, 2017, 2018, respectivamente)

Darwin, aunque has diseñado revistas, tabloides, libros, catálogos; después de haber trabajado en par de spots animados, en ilustraciones para pulóveres, en gráfica para museografías y en aplicaciones de identidad visual, entre otras variantes del grafismo, muchos diseñadores y personas en general te identifican, sobre todo, como cartelista, ¿por qué?

Quizá porque el cartel es un soporte muy mediático en Cuba. Es un soporte que se diseña, se expone, se colecciona, se premia, se publica en libros y en sitios webs… Y por eso es más fácil toparse con esa faceta de mi trabajo que con otras.

Puede ser también que me relacionen con el cartel por los años que trabajé para el Taller de Serigrafía René Portocarrero. Ese lugar ha ocupado un lugar importante en la producción y promoción del cartel serigráfico cubano contemporáneo. Mientras estuve allí, además de mi propia obra, hice curaduría y coordinación de proyectos de carteles. Probablemente por eso me identifican como cartelista.

¿Recuerdas cuál fue tu primer cartel?

Sí, y recuerdo que se lo robaron jajaja. Creo que ese fue el primero…, un cartelito que hice para la Jornada Científica de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana (UH). Se imprimieron unas pocas copias digitalmente, a color, pero no duraron mucho en las paredes de la facultad.

Pieza para el Proyecto Dale Lengua Bienal de Diseño de la Habana, 2019

¿Recuerdas ese momento en el que decidiste ser diseñador gráfico?

No recuerdo el momento exacto…, pero fue una de las decisiones más improvisadas y acertadas que he tomado en la vida. Me atraía el diseño –sin razonarlo mucho, sin entenderlo– como una alternativa de carrera opuesta a otras de pensamiento más bien lógico y matemático. El diseño no era popular y cool como se le ve ahora, era bastante desconocido, pero definitivamente yo no quería estudiar una ingeniería y creía que el diseño podría acercarse más a mis intereses. Recuerdo a la profesora Miriam del Instituto Superior de Diseño (ISDi) explicando en el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Vladimir Ilich Lenin (IPVCE) qué era el diseño… Y recuerdo que una amiga (Ailén Maleta, actualmente diseñadora y fotógrafa) me comentó cómo eran las pruebas de aptitud para ingresar a la carrera. Y listo, así empezó mi viaje…

Supongo que desde niño dibujabas mucho. Eso lo recuerdas, seguramente…

Sí… Me has hecho recordar muchas cosas con esta pregunta. Yo era un niño quieto y muy observador. De tan observador pintaba los paisajes con cierta idea de perspectiva: “los árboles que están lejos los pinta más pequeños”, dijo un día mi maestra de preescolar y me preguntó, después delante de mi mamá, qué eran esas curvitas que yo pintaba en la blusa de los personajes femeninos. “Las tetas”, le tuve que decir súper avergonzado jajaja.

Recuerdo que me encantaban las ilustraciones de un diccionario Aristos y de una enciclopedia de los años cincuenta que tenía en casa. Estaba fascinado con las imágenes. Me hacía muy feliz dibujar, prefería dibujar antes que otros juegos. Y no sólo dibujar, sino inventar, crear cosas con lo que tuviera a mano, maquetas, “diseñar” las portadas de mis libretas…

Homenaje a la rumba, premio Mejor cartel del año del Club Amigos del Cartel, 2018

Ahora que digo “niño” te comento que, investigando sobre tu trabajo, descubrí una serie de dibujos que haces sobre cualquier soporte, en cualquier momento. No te miento, he querido tener uno de esos dibujos. Pequeñito. Parecen figuras infantiles; figuras que recuperan esa creatividad que tenemos sólo en la infancia. Háblame un poco sobre estos dibujos.

Qué curioso que habiendo visto mis carteles conectaras más con la vibra de esos dibujos. Dime cuál te gustó más y te lo regalo.

Edgar, no sé si de verdad podemos recuperar del todo esa creatividad de la infancia, esa espontaneidad. Pero si hay algo de infantil en esos dibujos, es que los hago sin pretensión alguna. Libres –o casi libres– de la mirada de Otro (el Otro en un sentido lacaniano). Los hago libre de clientes, de público, de fechas, de observadores… Claro que mis proyectos tienen también mucho feeling, pero esto es otra cosa, esto sale por impulso.

Cartel para la exposición colectiva ‘Territorio Común’, 2013

Darwin, ¿para ti qué es tener una idea en diseño gráfico?

Una idea en diseño gráfico es sólo el punto de partida para realizar un boceto. Haciendo el boceto reformas la idea, corroboras, piensas mientras dibujas, “piensas con la mano”, como escuché decir alguna vez. Al no existir correspondencia exacta entre la imagen mental de una forma y el lenguaje verbal, es necesario tener capacidad para representar gráficamente. Las palabas solas no alcanzan, hay que representar. Por eso una idea en diseño gráfico no está sólo en la cabeza, está también en el papel o en la computadora.

¿Y en el cartel, específicamente?

Es lo mismo, sólo que en el cartel se vuelve más personal porque generalmente tienes permiso para mostrar tu voz como autor.

Antes de diseñar un cartel pienso mucho, pero estoy atento para evadir el exceso de planificación. Pienso, me informo del tema y descarto conceptos antes de comenzar a bocetar.

La idea se alimenta del trazo. En mi caso no existe el cartel hasta que siento que la imagen que creé responde a lo que quiero decir conceptualmente.

Cartel para exposición del Club Amigos de Cartel (cartel y volante), 2013

¿Cómo te relacionas con la tradición del cartel en Cuba?

Desde el punto de vista formal, siento que todos estamos influenciados por los carteles cubanos diseñados en los sesenta, setenta y ochenta; influenciados incluso por la visualidad que propicia la impresión hecha en serigrafía. Pero, aunque hemos heredado, también hemos trascendido esa herencia, y eso está bien. Hemos actualizado los códigos visuales. Los carteles cubanos se ven contemporáneos y compiten perfectamente en espacios expositivos internacionales.

Hablo de carteles de tema social y de carteles para cine, teatro, artes, etc., porque con el cartel político no hubo evolución alguna. El cartel, como cualquier expresión cultural (en el sentido más amplio del término), es un síntoma de su tiempo. No es raro entonces que la gráfica política haya quedado rezagada. Las vallas, por ejemplo, son aburridísimas, como el discurso del Gobierno. Recientemente he visto carteles en redes sociales replicando el discurso oficial y lo hacen de manera tan torpe que nunca termino de saber si es por falta de talento del autor, por falta de convicción o por ambas.

‘Tirarse con la guagua andando’, pieza para el proyecto Dale Lengua Bienal de Diseño de la Habana, 2019

¿Y con los nuevos cartelistas cubanos?

Me gusta ver que crecemos como comunidad. Hay varios diseñadores súper jóvenes y talentosos trabajando duro para ganar espacio en el gremio, destacándose. Esa motivación es saludable porque propicia nuevos proyectos, concursos, espacios de producción serigráfica, redes de colaboración y más visibilidad de creadores cubanos en espacios internacionales.

Muchos diseñadores jóvenes en Cuba fueron tus alumnos en el ISDi. ¿Qué era lo primero que Darwin les decía sobre el cartel?

Les leía una frase que escribió el diseñador español Isidro Ferrer para el catálogo de la Bienal Internacional del Cartel de Bolivia, en 2015: “El arma más eficaz para preservar cualquier expresión cultural frente al vaticinio de su desaparición es el anuncio de su muerte”.

Empezaba así porque en los programas de estudio del ISDi casi siempre tratan al cartel como a un difunto. Es pura indolencia disfrazada de rigor académico. Quería enseñarles a mis estudiantes que el cartel está vivo. Usaba la primera media hora para notificarles que como diseñadores cubanos tienen esa herencia –quieran o no– y que nadie mejor que nosotros deberíamos conocerla, disfrutarla y hace algo con ella.

Campaña para Premio Casa Víctor Hugo. Ganador del Premio ONDi de la Oficina Nacional de Diseño y el Premio CAJALTA de la UNEAC. En coautoría con Michel Faz, 2013

Imagina que somos tus alumnos. ¿Qué es eso que no debemos dejar de conocer antes de diseñar un cartel?

No deben dejar de conocer que un buen cartel se diseña con perspicacia y emoción. No es suficiente dominar bien los softwares de diseño.

Has asumido muchos proyectos como diseñador independiente. ¿Qué significa ser diseñador independiente?

Trabajar de forma independiente es que los proyectos me los encarguen directamente a mí como profesional, y no a alguna institución para la que trabaje de forma permanente. No sé si me explico… Es trabajar con autonomía. Te digo sinceramente, tener esa posibilidad es uno de los privilegios que tenemos al dedicarnos a esta carrera.

‘La Habana llora de noche’, primer concurso havanastreetview.com, 2014

Darwin, en otra entrevista afirmaste que ser diseñador cubano “significa estar rodeado de clichés”. Y continúas: “en honor a la verdad, algunos son ciertos”. ¿Pudieras extenderte un poco más en esta idea?

Bueno… En realidad, lo dije pensando en la parte de “cubano” más que en la de “diseñador”. Es que llevo ya casi tres años viviendo aquí en México y uno aprende a observar con más atención la identidad propia, su cubanidad. Al estar inmerso en una cultura ajena de pronto descubres de dónde vienen –por contraste con esa cultura– algunos de los clichés relacionados con el cubano. Nada, que me pongo a jugar al antropólogo y a observar los clichés con simpatía.

¿Hacia dónde crees que apunta el mapa del diseño cubano contemporáneo?

Yo fantaseo con que ahora mismo los profesionales cubanos (no sólo los diseñadores) estamos arando la tierra para hacer que nuestro mapa luzca mejor. Tenemos buena formación, somos competentes y lo estamos haciendo bien, pero sabemos que en Cuba hay mucho más que hacer y mucho que diseñar. Y tenemos deseos de hacerlo. Siento que el mapa ahora mismo apunta hacia ese deseo.

Cartel de ‘Persona’, de Ingmar Bergman, diseñado para la colección Clásicos Restaurados del Cine Europeo II del proyecto CartelON, 2020

¿Te atreverías a nombrar varios puntos de ese mapa?

Me atrevería a decirte que el acceso a internet está moviendo de lugar todos los puntos del mapa. Los puntos, y también las rayas, las curvas…

Darwin, para terminar, quisiera que me comentaras sobre “La letra como soporte de expresiones no verbales”, tu investigación de maestría en la UNAM.

La escritura, la tipografía, la caligrafía, el lettering… todas tienen la función del portar al lenguaje verbal. Esta idea es totalmente aceptada. Pero la academia le ha negado históricamente a la letra escrita su capacidad como signo visual, su autonomía como significante más allá de la función portadora de lenguaje. Esa negación ha venido desde la lingüística, pero curiosamente también desde algunos sectores del diseño, desde los modernistas, por ejemplo, que aspiraban a que la letra impresa fuera visualmente neutra. Pero eso es imposible y los diseñadores lo sabemos, lo intuimos.

Cuando miras una letra estás leyendo, pero también estás consumiendo rasgos visuales que te comunican cosas. Sí, hay letras más discretas que otras, pero no son neutras. Y esa opacidad la tenemos asumida en el ámbito del habla, no en el de la escritura. Fíjate que uno deduce información a partir del tono de voz del interlocutor, de su postura, de sus gestos, aunque son todos elementos no verbales. Mi tesis es que también la letra escrita comunica contenidos de naturaleza no verbal.

Pues de eso va, más o menos.

Cartel ‘Zapping’, diseñado para una exposición personal de Yuniel Labañino, 2018
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