El artista multidisciplinario cubano Carlos Martiel (La Habana, 1989) se ha unido a la performer, actriz, poeta y activista estadounidense Pamela Sneed en la exposición Sagrado y profano, que alberga el Leslie-Lohman Museum of Art (LLMA), en Nueva York, desde el pasado viernes 20 de febrero hasta el 1 de abril.
La exhibición a cuatro manos explora “la presencia, el exterminio, la memoria y la resistencia de las personas negras en Fire Island”, explica la curaduría, pues ambos creadores han sido parte en los últimos años de la residencia anual de verano en la localidad de Cherry Grovem en Fire Island, Nueva York para artistas cuya práctica se interesa por lo queer y la comunidad LGBTIQ.
Durante su proceso de cuatro semanas en 2022, Sneed “comenzó a investigar la historia apenas registrada de los corrales de esclavos en la isla [a inicios del siglo XIX]: creó acuarelas y collages a gran escala con materiales naturales como caracolas, arena, algas y cauríes para imaginar la presencia y el exterminio de cuerpos negros y honrar a quienes pudieran haber estado retenidos allí. […] Carlos Martiel, que se convirtió, en forma de fotografía, en uno de los cuerpos reimaginados”.
Dos años más tarde, el propio Martiel culminó allí su residencia su perfomance Jungla, en el cual –se nos explica en la presentación de Sagrado y profano— “su cuerpo expuesto, rodeado de frutas tropicales de África, el Caribe y América Latina, se iba revelando gradualmente a medida que el público consumía la fruta: una denuncia contra el tratamiento colonialista y caníbal de los cuerpos negros, tanto a lo largo de la historia como en espacios LGBTQ contemporáneos”.
Según el museo Leslie-Lohman, la muestra actual incluye, por parte de Sneed, nuevas piezas sobre papel, intervenciones poéticas en registros históricos y collages en técnica mixta, etc., inspirada en el devenir de la negritud en Fire Island.
Martiel –quien reside en Nueva York– presenta a su vez obras como Cuerpo (2022), Custodia (2025), Gran Poder (2023), y una nueva perfomance titulada Sin resurrección, que ha creado junto a su progenitora a fin de “confrontar los sentimientos de duelo e impotencia de las madres afroamericanas que han perdido hijos o hijas a causa de la violencia policial”.
Sagrado y profano, asegura la institución neoyorquina, viene a transformar el propio espacio expositivo del LLMA y esa pequeña isla filiforme ubicada ante la costa sur de Long Island “en sitios paralelos de refugio y resistencia queer negra”, al tiempo que, de alguna manera, recupera “el cuerpo como testigo de lo que fue arrebatado y de lo que aún permanece”.

