El cine europeo perdió a uno de los más influyentes y renovadores artífices de la segunda mitad del siglo XX en la figura de Alexander Kluge, fundador del llamado Nuevo Cine Alemán, quien falleció el miércoles a los 94 años en la ciudad bávara de Múnich.
Cineasta y escritor, Kluge estudio diversas disciplinas, como Derecho, Historia y Música, y fue asesor en los años sesenta del gran filósofo Theodor W. Adorno, así como asistente del mítico cineasta expresionista alemán Fritz Lang, autor de Metrópolis y El testamento del Dr. Mabuse.
Kluge fue no solo uno de los grandes nombres de la generación de posguerra en el cine alemán, sino que se reveló en sus obras cinematográficas como un gran analista social. Fue, asimismo, amigo cercano del recientemente fallecido filósofo Jürgen Habermas.
Tras su primer cortometraje documental, Brutalität in Stein (con Peter Schamoni; Brutalidad en piedra, 1961), en torno a la arquitectura nacionalsocialista, estuvo entre los firmantes en 1962 del célebre Manifiesto de Oberhausen, suerte de acta de defunción del cine hecho hasta entonces y proclamación de un camino alternativo para los nuevos realizadores en Alemania. Un año más tarde, fundaría junto a Edgar Reitz y Detten Schleiermacher el Institut für Filmgestaltung (Instituto de Formación Cinematográfica) en Ulm.
Al dar a conocer la noticia de la muerte de Kluge, el sello Suhrkamp citó al editor Jonathan Landgrebe: “Con su método particular, a menudo inspirado en el cine, de entrelazar historias, documentos y reflexiones, creó nuevas formas narrativas y enriqueció el mundo de los libros. Con Alexander Kluge perdemos a una gran personalidad, a un autor extraordinario y a un espíritu despierto”.
Porque, ciertamente, Kluge fue jurista, cineasta y comisario de exposiciones, pero –según la editorial alemana– él mismo decía: “Mi obra principal son mis libros”.
En todo caso, su primer largometraje, Una muchacha sin historia (Abschied von gestern) –basado en su cuento “Anita G.”– mereció en 1966 el León de Plata en el Festival de Venecia, mientras que Artistas bajo la lona del circo: Perplejos (Die artisten in der zirkuskuppel: Ratlos) ganaría tres años después el León de Oro.
La propia cita veneciana le daría un Premio FIPRESCI por El poder de los sentimientos, en 1983, y un años antes un León de Oro por toda su trayectoria cinematográfica.
Junto a Rainer Maria Fassbinder y Volker Schlöndorf, fue uno de los directores del filme Alemania en otoño(1978).
En cuanto a su literatura, destacan libros como Lernprozesse mit tödlichen Ausgan, (“Procesos de aprendizaje con desenlace mortal”, 1973), Neue Geschichten: Hefte 1-18 (“Nuevas historias: cuadernos 1-18”, 1977) y los dos volúmenes de relatos titulados Chronik der Gefühle (“Crónica de los sentimientos”, 2000). En español, la editorial Anagrama publicó en 2007 El hueco que deja el diablo, que reúne casi 200 narraciones que “van de la miniatura al relato breve de apenas cuatro páginas”.
En el año 2003, Alexander Kluge (Halberstadt, 1932 – Múnich, 2026) obtuvo el Premio Georg Büchner, el reconocimiento más importante que se concede a toda una carrera literaria en Alemania.

