marzo 22, 2026

Paradiso: novela monumental de Lezama Lima que el castrismo censuró como pornográfica

Al ser considerada pornográfica por el régimen castrista, la novela y su autor estuvieron proscritos durante un cuarto de siglo.
José Lezama Lima, escritor cubano
José Lezama Lima, escritor cubano (Foto: Blogspot)

LA HABANA, Cuba – Acaban de cumplirse los 60 años de la publicación en 1966, por Ediciones Unión, de Paradiso, de José Lezama Lima, considerada la más relevante novela de la literatura cubana.

De Paradiso se ha escrito y dicho mucho, no solo por sus inmensos méritos literarios y su ambiciosa pretensión de reflejar la espiritualidad cubana, sino también por el hecho de que, al ser considerada pornográfica por el régimen castrista, la novela y su autor estuvieron proscritos durante un cuarto de siglo.

La censura se debió a que los comisarios culturales del régimen se escandalizaron por el capítulo VIII, uno de los catorce que componen la monumental novela, y particularmente por su tono homoerótico.

A principios de marzo de 1966, pocos días después de ser puesta a la venta la novela, que tuvo una tirada de 4.000 volúmenes de 617 páginas, las autoridades recogieron los ejemplares que quedaban en las librerías y los convirtieron en pulpa de papel, como harían en 1968 con los libros Fuera del juego, de Heberto Padilla, y Los siete contra Tebas, de Antón Arrufat.

Que Lezama Lima hubiera sido parte del jurado de la UNEAC que premió esos libros de Padilla y Arrufat, considerados contrarrevolucionarios, contribuyó a que el régimen le tomara más ojeriza al autor de Paradiso. Por considerarlo un burgués incompatible con los códigos morales del castrismo, permaneció sometido al ostracismo hasta su muerte, ocurrida el 9 de agosto de 1976.

Durante ese tiempo, Lezama escribió cartas a su hermana Eloísa, que residía en Miami, lamentándose de la monotonía enloquecedora y el aislamiento inexorable en que discurría el castigo al que estaba sometido. “Vivo entre la ruina y la desesperación”, confesaba.

El capítulo VIII, que motivó la proscripción de Paradiso y que causó tanto escándalo en su época, todavía da de qué hablar. Y no es para menos. Trata sobre las andanzas eróticas de un estudiante nombrado Farraluque, sobre el que describe en detalle su verga —con un glande que se asemejaba a su rostro— y hace el recuento de cómo penetra, por diferentes vías, en varias tardes de domingo, a una criada española, una cocinera, su hermano adolescente y el enmascarado esposo de la señora de enfrente del colegio, ocasión esta última en que los movimientos de la cópula entre los dos hombres ocasionan un derrumbe en una carbonería.

Muchos de los que presumen de haber leído Paradiso probablemente solo hayan leído el famoso capítulo VIII hasta donde termina la enumeración de las hazañas sexuales de Farraluque, perdiéndose así la parte final del capítulo —una especie de homenaje lezamiano al Decamerón—, donde aparecen Godofredo el Diablo, Fileba la Insatisfecha y el enajenado padre Eufrasio estrangulándose los testículos.

Pueden imaginar cómo se sintieron los muy homofóbicos y machistas mandamases, o más bien sus comisarios culturales, que seguramente fueron los que leyeron Paradiso, porque los jefazos, siempre tan ocupados, no deben haber tenido tiempo, paciencia ni sesos para aventurarse en la densa prosa lezamiana.

Paradiso no volvería a reeditarse hasta 1991, 25 años después. Para entonces, Lezama había sido rehabilitado póstumamente por la cultura oficial y se había convertido en un autor de culto solo para iniciados.

Para comprar la reedición de Paradiso, hecha por Letras Cubanas, acudió una muchedumbre que se agolpó en los portales del Palacio del Segundo Cabo, sede del Instituto Cubano del Libro, y provocó una reyerta que impidió que la ensayista italiana Alexandra Riccio, el poeta César López y el periodista y escritor Ciro Bianchi pudieran hacer la presentación de la obra. Los libros tuvieron que venderse a través de una reja y bajo vigilancia policial.

Cintio Vitier, sobre Paradiso, en el prólogo que escribió para aquella segunda edición, aseguró: “Pocos libros entre nosotros se aquilataron tanto en la prueba de la negación”.

Biografía del autor:

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