marzo 2, 2026

Lanchas y licencias, más humo para una misma cortina

"Es muy probable que en ambas orillas tuvieran conocimiento de lo que ocurriría. Es como único es posible comprender esa increíble pasividad".
Tropas Guardafronteras de Cuba
Tropas Guardafronteras de Cuba (Foto referencial: TV Yumurí)

LA HABANA, Cuba – He visto en las redes sociales que a más de uno nos ha llamado la atención la “curiosa coincidencia”, en una misma jornada, de dos noticias de impacto sobre Cuba, y ambas muy desalentadoras, frustrantes (para quienes muy brevemente tuvimos la esperanza  de que esta vez sí vendría el cambio, o la caída), pero precisamente fueron dos noticias lanzadas horas después de concluido el discurso de Donald Trump en el Congreso (donde no mencionó a Cuba ni siquiera cuando se refirió a la operación militar en Venezuela) e igual cuando algunos recordábamos el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate.

Dos noticias —la embarcación detectada en los cayos de Villa Clara y el otorgamiento de licencias a “privados” para la compra de combustible venezolano—, ambas con peso suficiente para acaparar titulares —algo que ya de por sí es extraordinario en cualquier contexto— pero, como era de esperar, una terminó tragándose a la otra, disolviéndola en minutos, de modo que, al final del día ya muy pocos hablábamos de la ofensiva y perversa “ingenuidad” que se esconde en la pretensión de impedir que el combustible llegue a manos de los militares cubanos una vez que toque suelo insular, más cuando el propio régimen no esconde cuáles son los requisitos para importar carburantes, y qué empresas estatales son las intermediarias obligatorias en el proceso, que comienza con ellos y concluye en el mismo lugar.

Por supuesto que una decisión así, tan evidentemente desconectada de la realidad, y que por tanto hace sospechar de que ya “algo” se está “acordando” más que “conversando” entre ambas orillas, no es un titular que algunos quieran dejar por mucho tiempo atrayendo burlas, cuestionamientos y haciendo evidente que si un tema se negocia en algún lado y por quiénes sean, no es precisamente la libertad de Cuba ni el final de la dictadura si no algo peor que lo sucedido en Venezuela —donde ahora se ensaya una especie de chavismo 2.0—, y las pruebas no hay que salir a buscarlas en ningún documento secreto o filtración de la CIA o el G-2 sino simplemente en el mensaje que dejan las reacciones (de los de aquí y los de allá) alrededor del fuego cruzado entre los militares cubanos y el grupo proveniente de los Estados Unidos, donde se presume que hay más de un ciudadano norteamericano.

Sin contar que el asunto de los “mercenarios abatidos” era la noticia que los comunistas esperaban con ansias para limpiar la deshonra de la operación en Caracas (igual aguardaban por la buena nueva del combustible. Tanto es así que los planes de “contingencia” se calcularon desde el inicio del “bloqueo” a los combustibles para máximo de un mes o dos), en la prensa cubana y en los perfiles en redes sociales de personas muy cercanas a los principales jefazos del castrismo han sobrado las burlas hacia los civiles muertos, las bravuconerías y mensajes ofensivos incluso contra el mismísimo gobierno norteamericano, como si en vez de temerarios y desafiantes se mostraran confiados de que, al menos por esta vez, no pasará absolutamente nada.

Porque no hay indicios de que, a pesar de la gravedad, la situación escalará más allá de lo diplomático. Como igual la última declaración de la Cancillería cubana deja bien claro que hubo y ha habido contactos entre La Habana y Washington, anteriores y posteriores al suceso de la embarcación interceptada, y referido específicamente a la acción. Por lo que el régimen se habría sentido con total confianza para actuar, y hasta cometió la chapucería de incluir entre los apresados a alguien que jamás estuvo en la operación, lo cual es otro indicio de improvisación, pero además de que la información publicada no se estaba generando dentro del propio Ministerio del Interior sino en algún otro lugar (¿fuera de Cuba?). Por cierto, han tardado mucho no solo en mostrar las evidencias sino en pasarnos ese clásico video en que los “mercenarios” le agradecen al régimen por haberlos hecho retomar el “buen camino”.

No hay modo de que las reacciones pasen inadvertidas. Tanto el furor de los castristas como la pasividad en las declaraciones de Washington, ¿a conveniencia de las partes? No hay militar y funcionario cubano al que le haya preguntado y me haya respondido que no, o que haya dudado de que todo esto se trata de más humo para una misma cortina. Todos opinan que es muy probable que en ambas orillas tuvieran conocimiento de lo que ocurriría. Es como único es posible comprender esa increíble pasividad en las reacciones del lado de allá, así como la euforia del lado de acá. Y es que, si no hay consecuencias, pero sí licencias, entonces con total certeza habrá dictadura para rato.

Precisamente esa “pasividad” es la que nos mantendrá a la expectativa durante algunos días más, es decir, por el tiempo suficiente para que la noticia de pura ciencia ficción sobre las licencias al combustible envejezca, y entonces procesemos como “normal” la “coincidencia” del asunto, y eso pasa por dejar de cuestionarnos si en realidad la OFAC, la Casa Blanca y el Departamento de Estado se creen el cuento de que es posible impedir que el petróleo, la gasolina y el gas entren a la Isla sin que los militares se beneficien de esas licencias. Por supuesto que no, pero el espectáculo debe continuar.      

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