febrero 7, 2026

¿Hablar de anexión favorece al discurso del régimen?

Luego de la orden ejecutiva del presidente Donald Trump que declara al régimen cubano como “una amenaza inusual y excepcional a la seguridad nacional de los Estados Unidos”, se escucha a algunos cubanos hablar de la anexión a los Estados Unidos.
Cuba

LA HABANA.- Es preocupante la insistencia de muchos compatriotas en hablar de anexión a los Estados Unidos. Es un deseo poco realista y antihistórico, y lo que es peor, solo sirve para reforzar el viejo discurso patriotero del régimen, heredado de Fidel Castro, presentándose como “la salvaguardia de la patria”.

Puedo comprender las ansias de por salir de una vez y por todas —“que se acabe como sea”, escucho decir continuamente a muchos— de esta dictadura de 67 años que ha convertido la vida de los cubanos en un suplicio en todo sentido. Pero la desesperación no puede conducir a darles argumentos a los mandamases del tardo-castrismo justo en el momento en que ya disponen de poquísimos.

Los cubanos parecemos condenados a estar siempre retrasados respecto al mundo. Unos se quedaron en la Cuba anterior a 1959. Otros, en la década de 1960. Y no pocos, todavía en el siglo XIX.

Si exceptuamos la controvertida pretensión de Trump por Groenlandia, que parece haber sido resuelta ya con Europa, y la criminal obsesión de Putin por recomponer el antiguo imperio ruso (primero zarista y luego soviético) con Crimea y los oblasts del este de Ucrania, es absurdo hablar de anexiones en pleno siglo XXI.

La geopolítica de hoy se mueve en sentidos diferentes a los territoriales. Hoy se trata de recursos naturales, mercados, áreas de influencia… Todo eso, aparte de los problemas que representa la alianza del régimen castrista con Rusia y China, puede interesar a Estados Unidos en Cuba. Pero no anexarla. Con ganas de convertir a Cuba en un estado más de la Unión, lo hubiera hecho en 1898, cuando derrotó a España en la Guerra Hispano-Cubano-Americana, como hizo al incorporar a su territorio Hawái, Filipinas (hasta 1946), las islas Guam, Wake y Puerto Rico (convertido en estado libre asociado desde 1952).

La pretensión que hubo en Estados Unidos de anexar a Cuba terminó con la derrota del Sur esclavista en la Guerra de Secesión (1861-1865). Lo que primó entonces fue el interés por la industria azucarera, el comercio, la búsqueda de mercados para los productos norteamericanos.

Hubo independencia, pero con Enmienda Platt. Y esta no terminó en 1934, cuando fue abolida. El plattismo sigue, tanto en la mente de los que creen que es Estados Unidos quien tiene que librarnos de la dictadura, como en la de los mandamases castristas, que con su mentalidad de plaza sitiada condicionan su inmovilismo y sus pocas movidas a las de la política norteamericana; culpan a los Estados Unidos de todos sus fracasos y expresan su disposición a dialogar con la Casa Blanca, pero nunca con la oposición en Cuba o el exilio, que es con quien primeramente deberían conversar.

Luego de la orden ejecutiva del presidente Donald Trump que declara al régimen cubano como “una amenaza inusual y excepcional a la seguridad nacional de los Estados Unidos”, se escucha a algunos cubanos hablar de la anexión a los Estados Unidos. Como si estuviéramos en el siglo XIX y los norteamericanos estuvieran ansiosos por agregar otra estrella más a su bandera y asumir, cual si fuera un Puerto Rico multiplicado varias veces, los multimillonarios gastos de reconstruir una infraestructura reducida a la ruina y la chatarra, y asimilar como ciudadanos estadounidenses —precisamente ahora, en estos tiempos de políticas antiinmigrantes— a una población analfabeta en materia de civismo y democracia, y con un daño socioantropológico ocasionado por la estrambótica y fracasada versión castrista del comunismo, que llevará varias décadas reparar, tal vez casi tantas como las que le llevó dañar.

¡Cuidado con el anexionismo! ¡Que la desesperación por el cambio no termine sirviendo a los intereses del castrismo!

A la dictadura, que lleva décadas acusando de ser mercenarios, anexionistas y anticubanos a todo el que se le oponga, el argumento del anexionismo le viene como anillo al dedo. Para hacer ver que su conflicto no es con este pueblo que ansía libertad, sino con “las apetencias del vecino del Norte, el enemigo histórico de la nación cubana”.

Así, intentarán enardecer el patriotismo de los que todavía se creen sus cuentos “patrióticos” y alistarlos para pelear, en nombre de la patria pero, en realidad, por la perpetuación de la dictadura, al son de sus consignas que siempre hablan de muerte y que, de un modo u otro, si no nos quitamos de encima a estos mandamases, acabarán por conducirnos a ella.

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Luis Cino

Luis Cino Álvarez (La Habana, 1956). Trabajó como profesor de inglés, en la construcción y la agricultura. Se inició en la prensa independiente en 1998. Entre 2002 y la primavera de 2003 perteneció al consejo de redacción de la revista De Cuba. Fue subdirector de Primavera Digital. Colaborador habitual de CubaNet desde 2003. Reside en Arroyo Naranjo. Sueña con poder dedicarse por entero y libre a escribir narrativa. Le apasionan los buenos libros, el mar, el jazz y los blues.