febrero 5, 2026

Entre sobornos y maletas: la ruta de las mulas cubanas

Entre la necesidad y el lucro, los viajeros que traen encargos constituyen un sistema de importación informal.
Aeropuerto Internacional "José Martí" de La Habana
Aeropuerto Internacional "José Martí" de La Habana (Foto: @BrunoRguezP - X)

LA HABANA.- En la jerga popular cubana, la palabra “mula” ha perdido toda connotación animal. No se refiere al equino, sino a personas comunes que, aprovechando un viaje al exterior, autofinanciado o no, se convierten en agencias humanas para el transporte de mercancías. En otros casos, se trata de cubanos que residen fuera de la isla y viajan a ella cargados de paquetes o productos para vender.

Las mulas trasladan desde distintos países hacia Cuba medicamentos, alimentos, plantas eléctricas, ropa, equipos de cómputo y repuestos. En un ir y venir constante, y aprovechando la importación exenta del pago de impuestos aduaneros para determinados productos, cubanos de ambas orillas optan por vender el espacio de su equipaje. Quienes residen en el exterior, en su mayoría, lo hacen para costear el pasaje y poder visitar a sus familias.

Uno de ellos es Yurelvis, un santaclareño radicado en Tampa, Florida, que desde hace años viaja a Cuba vendiendo las libras de sus maletas. En entrevista con CubaNet, el joven de 27 años comenta que ser mula hoy es más “difícil y angustiante” debido a los cuestionamientos hacia residentes que se beneficiaron de políticas para asilados y continúan viajando al país del que supuestamente escaparon.

“Yo voy a Cuba semanalmente. Incluso he viajado hasta dos veces en menos de siete días. El pasaje me sale gratis, me queda algo para mí y, cuando había menos vuelos, obtenía mejores ganancias. Llegué a cobrar 30 dólares la libra. Ahora ya no es tan sencillo”, apunta Yurelvis.

El servicio no tiene un precio fijo en la actualidad, aunque desde Miami suele oscilar alrededor de los ocho dólares por libra de mercancía transportada si se contrata una mula privada. En el caso del envío de computadoras y teléfonos celulares, el pago no se calcula por peso, sino por artículo.

Si el comerciante viaja desde España o México, por ejemplo, el costo es más elevado debido a la menor oferta. En el caso de México, el importe suele superar los 10 dólares por libra.

Por otra parte, existe un tipo distinto de mula que no transporta paquetes enviados por familias. Se trata de pequeños empresarios que compran mercancía en el extranjero para revenderla en Cuba a un precio mayor.

Los destinos más comunes son claros: Ciudad de México, Panamá, Rusia, República Dominicana e incluso Haití. La elección depende, en gran medida, de la facilidad para obtener visas. Con excepción de Rusia, los cubanos deben solicitar permiso de entrada para todos los demás destinos.

Una vez en estos países, se hospedan en hostales y adquieren la mercancía que luego llevarán a Cuba. Dada la escasez en la isla, casi cualquier producto tiene salida y se vende con rapidez.

Sin embargo, las mulas entrevistadas coinciden en que el riesgo al llegar a Cuba ha aumentado debido al incremento de multas e incautaciones. En muchos casos, la solución ha sido recurrir al soborno a cambio de que las autoridades permitan el paso de la mercancía.

“No es que me haga rica, pero un viaje a Panamá me da para vivir bien aquí sin pasar tantos trabajos. Traigo lo justo: cosas para la familia y unos pocos encargos de confianza. Además, conozco las ciudades y desconecto un poco de la situación en Cuba. Ahora lo que más me encargan son bicimotos eléctricas, generadores y plantas eléctricas, sazones, productos enlatados y sellados al vacío”, explica Lisandra Méndez, cubana residente en Bauta que se dedica a la venta de productos de importación a través de redes sociales.

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Elizabeth Valdés Batter

Bajo este seudónimo publica en Cubanet una estudiante de Periodismo de la facultad de La Habana.

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