LA HABANA.- Así como la economía de los Castro tienen dos monedas, una inservible para pagar salarios a los cubanos de a pie y otra fuerte para irse a hacer negocios a Miami o Panamá, para pagarse becas en Madrid o para crear una “mipyme”, también el régimen tiene dos narrativas muy diferentes para ocultarnos lo que realmente está sucediendo o sucederá en los próximos días en la “compleja” relación entre La Habana y Washington.
Por un lado, nos atiborran con miedos y Apocalipsis, con “baños de sangre” y “guerras de todo el pueblo”, alardean de no doblegarse ante el “enemigo” y de que defenderán cada centímetro del suelo patrio, pero por otro se van de tour por la Base Naval de Guantánamo con el jefe del Comando Sur, y hasta valoran de positivo el encuentro donde, evidentemente, no reclamaron, en virtud de la “soberanía nacional”, ese enclave militar al que califican de ilegítimo solo para que les creamos que realmente les importa, y de paso hacer mucho más creíble el papel de víctima que tan bien desempeñan y que le ha sido tan “rentable” con los tipos más anormales de la izquierda mundial.
Se hicieron fotos lindas con el General Donovan, se esmeraron con Vic Mellor, el empresario republicano aspirante al Congreso, al punto de hacerle exclamar que “la visión de Raúl para el futuro es prometedora” y hasta quizás se dieron abrazos con John Ratchiffe, aunque le dejaran al Bruno la tediosa e inútil tarea de condenar enérgicamente los “planes de la CIA contra Cuba”. A pesar de que todo indique que están a gusto con cualquier agenda que les pongan delante, siempre y cuando les permitan continuar gobernando.
Harán lo que les pidan que hagan pero, al mismo tiempo, en el noticiero y en las tribunas, se finjan ofendidos, aunque solo sea para guardar las formas ante aquellos adoctrinados entusiastas de sus propias filas, a los que no les pueden soltar así como así, a estas alturas, que la CIA no es tan mala como enseñaron en las escuelas, que los del Comando Sur son unos tipos chéveres y que la Base Naval de Guantánamo quizás hasta pueda muy pronto tener al menos su gemela en el Mariel o en la Bahía de Cienfuegos, o dónde les plazca, a fin de cuentas ya los rusos metieron un submarino nuclear en la Bahía de La Habana y los chinos sus artefactos de espionaje allá por Bejucal. Y donde hay dos, siempre cabrá un tercero.
No sabemos qué pasa, está todo demasiado turbio, pero es evidente que algo está a punto de ocurrir aunque nuestras expectativas de una caída del régimen se queden muy por debajo del entusiasmo que hoy nos domina, y a lo sumo debamos conformarnos con un cambio de régimen al estilo “ajedrez para bobos”, es decir, sin alcanzar jamás el Jaque Mate, y todas las piezas importantes moviéndose en el mismo tablero hacia diferentes casillas, sólo llevándose por delante a algún que otro peón sin importancia.
En tal sentido, tal vez como “gesto de buena voluntad” más que por casualidad, al encuentro con el General Donovan le habrían sucedido algunas remociones y promociones en el Buró Provincial del PCC de Guantánamo; así como a la “salida parcial” de Iberostar, Meliá, Blu Diamond y la Sherritt, a la ruptura simulada de estas con GAESA, correspondan los militares cubanos muy pronto con la entrada total de sus reemplazos “yanquis”, solo por aprovechar el vacío.
Quizás a eso es lo que se refiere el empresario Mellor con la palabra “prometedor” unida al nombre de Raúl, una asociación que, como trauma, obligatoriamente nos remite a las tantas promesas que los Castro han dejado sin cumplir, y a los tantos ilusos que han muerto en el desengaño en más de medio siglo de dictadura. Pero bueno, los militares tienen su propio “idioma” y, por lo visto, se entienden.
Un idioma peculiar donde las palabras que significan “cambio de rumbo”, “bandazos” , “traiciones”, “deslealtades» y “contradicciones” —tan socorridas por los tanques pensantes del castrismo— tienen montañas de sinónimos, enormes, vertidas sobre sus discursos como para sepultar el verdadero significado de lo que decidan hacer o aceptar por tal de salvar el pellejo, que es en realidad lo que significa “salvar la revolución y el socialismo”.
Un idioma “bipolar”, creado por una mente bipolar, y que define el modo de actuar de una familia a la que solo le importa incrementar su fortuna y que aspira a ser legitimada como dinastía por ese al que solo de boca para afuera define como su “enemigo”, solo porque a alguien externo hay que culpar cuando las cosas salen mal a lo interno.
El castrismo tiene otro “idioma” para las negociaciones, que poco o nada tiene que ver con el idioma con que nos piden resistencia y sumisión. Por eso nos resulta difícil cotejar lo que nos dicen con lo que vemos en las fotos publicadas, donde los rostros de los militares comunistas —aun estando en “suelo usurpado”— no son de indignación sino de satisfacción, como si más que avanzar a un acuerdo y lejos de haberse estancado el proceso —como asegura el MINREX— ya estuvieran a un par de segundos de descorchar el champán.
Algo está a punto de pasar y posiblemente no pase lo que la mayoría esperamos, que es el fin de la dictadura. No está de más recordar, para comprender lo fácil que puede mutar para salvarse, que el castrismo, al punto que ha llegado en su desfachatez, no es una simple dictadura sino una máquina del camuflaje, y que el PCC no es un partido político, sino una organización criminal. Hay un único modo para acabar con los criminales y no es la la negociación sino la fuerza.










