Camila Acosta, un ejemplo de libertad y esperanza

Camila Acosta, un ejemplo de libertad y esperanza

La situación que vive hoy Camila es un nítido ejemplo de por qué algunos opositores pacíficos y periodistas independientes se ven obligados a salir del país

Camila Acosta (Foto: Facebook/Camila Acosta)

GUANTÁNAMO, Cuba. – Es hermosa. Su rostro me sugiere que es una muchacha sensible, posiblemente frágil. Eso es lo que veo cuando miro la foto de Camila Acosta.

Sensible sí es, lo he confirmado leyendo sus artículos. Frágil puede ser que lo sea, como también he sido yo, como podemos serlo todos en determinado momento, mucho más quienes vivimos en circunstancias tan opresivas, a expensas de la crueldad de un Estado omnipotente y abusivo. Pero esa fragilidad que me aventuro a imaginar ella no la demuestra.

Mirando esa foto alguien no enterado podría pensar que es una muchacha más, una de esas muy atentas a las veleidades de las redes, la farándula, las modas pasajeras. Pero ella optó por una actitud más trascendente.

Desde muy joven siempre he rechazado las injusticias, mucho más cuando se cometen contra una mujer. En este caso las injusticias han sido reiteradas y han estado dirigidas contra esta muchacha natural de la Isla de la Juventud, que vive en La Habana desde hace cuatro años, quizás sin tener otro lugar donde vivir que ese de donde ahora la han desalojado. Debido al acoso de la Seguridad del Estado, representada por un tal “Alejandro”, en catorce meses ha sido desalojada y obligada a cambiar de vivienda muchas veces. El represor le ha dicho: “O abandonas el periodismo independiente o te vas del país, de lo contrario, vas a ir a prisión”. Ya se sabe que así actúa la dictadura cubana, y mucho más lo hará ahora que la han premiado con otro asiento en el Consejo de Derechos Humanos, para que los siga violando.

La propietaria de la vivienda podría haber impedido el desalojo, porque el contrato de alquiler fue realizado conforme a la legislación vigente y Cuba es “un estado de derecho” donde “no hay discriminación”. ¿No es eso lo que tanto cacarean los castristas? Ahí está el sostén jurídico de la batalla que podría haber librado la propietaria del inmueble. Pero ella es la imagen de otro tipo de cubano que pulula en estos tiempos, pues, estando convencida de que se trata de una injusticia y aun habiéndole confesado a Camila que le daba pena actuar así, se hizo cómplice de la Seguridad del Estado. Lamentablemente, ese es el pragmatismo de la connivencia y la humillación permanente que han asumido muchísimos cubanos como método de sobrevivencia.

Para justificarse también confesó que le dijeron que tenía que dar por terminado el alquiler pues ella era una periodista independiente, una gusana, una traidora. Y es que se necesitan agallas para hacer frente a esos criminales. Si lo hubiera hecho seguramente le habrían retirado la autorización para alquilar con cualquier pretexto, porque así funciona este “estado de derecho”.

¿Qué hará Camila con estos golpes que le está dando la dictadura? En reciente entrevista concedida a Radio Televisión Martí dijo: “Yo lo he dicho varias veces, mi rebeldía es proporcional a la represión. Ellos están acostumbrados a trabajar con el miedo y con la presión psicológica, pero es hora de decir: “¡Basta! No podemos seguir aguantando, callando, bajando las cabezas o hincando las rodillas, no es esa la solución”.

Sus ideas son muy claras, pero la situación que vive hoy Camila es un nítido ejemplo de por qué algunos opositores pacíficos y periodistas independientes se ven obligados a salir del país. Quienes desde el extranjero gustan de emitir opiniones cuestionando lo poco que podemos hacer desde acá deberían, al menos, imaginar las consecuencias psicológicas, familiares y sociales que tienen las acciones de acoso de la Seguridad del Estado. Lejos de cuestionar tanto, deberían preguntarse qué están haciendo para ayudar a que esta dictadura termine. Porque se necesita muchísimo coraje para vivir aquí y ser como Martha Beatriz Roque, Bertha Soler, Celina Osorio Claro, Ana León o Camila Acosta, por solo mencionar a algunas de las mujeres cuya existencia reafirma que todavía hay personas dignas en este país.

¿Y qué dice sobre esta nueva violación de la Carta Magna la señora Yamila Peña Ojeda, Fiscal General de la República, cuya principal obligación es defenderla? ¿Qué dicen Randy Alonso Falcón, Juana Carrasco, Antonio Capote, Iroel Sánchez, Arleen Rodríguez Derivet, Rosa Miriam Elizalde… que divulgan tanto las injusticias que se cometen en otros países? ¿Qué dicen los juristas que tanto hablan en el programa Hacemos Cuba de la importancia que tiene hacer cumplir la nueva Constitución? ¿Qué dicen los ilustres miembros de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, tan “solidarios”, “humanistas” y “preocupados” por la justicia como dicen que son?

¿Qué dicen esos gobiernos que apoyan a la dictadura cubana y presencian asquerosamente como  oprime a quienes osan enfrentársele? Nada, sencillamente callan. Pero ese silencio, tan alevoso, cobarde e incongruente para con los derechos humanos que dicen defender es sumamente elocuente. Lo será aún más para la historia.

No puedo pedirle a Camila que continúe viviendo así porque esa es una decisión personal. Sólo puedo decirle esto: de la cárcel se sale, y cada golpe bajo de la Seguridad del Estado la hará más fuerte. También es válido decirle que en cualquier lugar del mundo se puede seguir queriendo a la Patria y luchar por ella.

¿Dónde estará mientras escribo estas líneas? ¿Qué estará sintiendo? ¿Habrá recibido algún apoyo? Esas preguntas me rondan cuando vuelvo a mirar su foto e imagino su sonrisa.

Desde que conocí las circunstancias en que vive y la entereza con que las ha enfrentado no hago más que admirarla. Quisiera vivir en La Habana y ayudarla, pero lo único que puedo hacer es rezar por ella, aunque Camila, como toda Cuba, necesita algo más que mis rezos. Y aunque no la conozco personalmente la amo como a una hija, porque Camila Acosta es, dentro de esta sociedad tan permeada por la simulación, la vulgaridad y el hedonismo, un ejemplo de libertad y esperanza.

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Acerca del Autor

Roberto Jesús Quiñones Haces

Roberto Jesús Quiñones Haces

Nació en la ciudad de Cienfuegos el 20 de septiembre de 1957. Es Licenciado en Derecho. En 1999 fue sancionado de forma injusta e ilegal a ocho años de privación de libertad y desde entonces se le prohíbe ejercer como abogado. Ha publicado los poemarios “La fuga del ciervo” (1995, Editorial Oriente), “Escrito desde la cárcel” (2001, Ediciones Vitral), “Los apriscos del alba” (2008, Editorial Oriente) y “El agua de la vida” (2008, Editorial El mar y la montaña). Obtuvo el Gran Premio Vitral de Poesía en el 2001 con su libro “Escrito desde la cárcel” así como Mención y Reconocimiento Especial del Jurado del Concurso Internacional Nósside de Poesía en 2006 y 2008 respectivamente. Poemas suyos aparecen en la Antología de la UNEAC de 1994, en la Antología del Concurso Nósside del 2006 y en la selección de décimas “Esta cárcel de aire puro”, realizada por Waldo González en el 2009.

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