No quiero ofrecer un Aristóteles escolar ni un Aristóteles de manual, sino un Aristóteles vivido: leído por alguien que sabe que se le consume el tiempo mientras aprende.
Definir es cenizar, como diría Lezama Lima: dotar de inteligibilidad a un ente le confiere carácter póstumo, lo separa de los accidentes y lo fija en una forma definitiva.