Este viernes “madrugué” para escuchar íntegramente la comparecencia ante la prensa del gobernante votado (que no electo) por algunos cientos de compatriotas, Miguel Díaz-Canel Bermúdez. El evento había sido señalado para una hora intempestiva: las siete y media de la mañana. Obligado a escucharlo por mi condición de informador, supongo haber sido uno de los pocos cubanos que puso su despertador para la ocasión. Tal vez yo exagere, pero me parece probable que ese horario inusitado tenga méritos suficientes para figurar en un récord Guinness…
Se trata, por lo demás, de una decisión que, al menos para los cubanos de a pie, resulta inexplicable. ¿Por qué una comparecencia presidencial tan temprano en la mañana! Se trata de una interrogante que se formulan muchos compatriotas. Descartado el mero propósito de joder (algo que, incluso para los castristas, sería impensable en estos tiempos de justificadísima irritación extrema de sus súbditos, demostrada con hechos), solo queda barruntar que se haya tratado de otra medida más relacionada con la catastrófica situación energética que sufre la desdichada Cuba.
En cualquier caso, quedé defraudado por la “conferencia de prensa” (alguna denominación hay que darle) del Presidente designado. Y no sólo por la no participación de periodistas independientes (eso sería aspirar a demasiado), sino ni siquiera extranjeros. Pero ya sabemos que, en todas estas materias relacionadas con la información (o, mejor, la agitación), los castrocomunistas prefieren obrar sobre seguro y confiar en los plumíferos y cotorrones que les han dado pruebas de su fidelidad.
Lo único —creo— que, en la hora y media de palabrería bolchevique, puede calificarse de “nuevo” fue el reconocimiento de las conversaciones que están teniendo lugar entre las autoridades de nuestro país y las de Estados Unidos. Como bien señala la colega Claudia Padrón Cueto en estas mismas páginas, esto sucedió bajo la atenta mirada de “El Cangrejo”, nombrete escogido para el nieto preferido de Raúl Castro (que, según la prensa internacional, es figura central en esas tratativas). Estamos hablando —por cierto— de una realidad que los mismos cotorrones al servicio del régimen estuvieron tratando de negar hasta hace literalmente unas horas…
La conjunción de las políticas firmes frente a las dictaduras que han caracterizado a la actual Administración de Washington y el crecimiento de las protestas internas (que en la capital, por no hablar de otras ciudades del país, se han caracterizado por repetirse en días consecutivos) permite augurar la futura adopción de medidas positivas para nuestro país. ¡Ojalá!
A pesar de esas tratativas que ahora se reconoce que están en curso, al jefe formal del partido único y el Estado le resultó demasiado difícil (a él que proclama ser “continuidad”) renunciar a la retórica antinorteamericana de tantos decenios. Esto se puso de manifiesto en dos temas aparentemente distantes entre sí: la crisis energética y las relaciones con el fraterno Ecuador.
Sobre el primero de ambos temas. Díaz-Canel se refirió varias veces al “bloqueo energético”. Es verdad que, en días pasados, el presidente Trump anunció la imposición de aranceles elevados a los países que suministraran petróleo a Cuba. Se trataba —a no dudarlo— de una medida enérgica adoptada por la actual Administración norteamericana como forma de hostigar y presionar al régimen de La Habana. Tan elevado era su potencial, que incluso el México socializante de Claudia Sheinbaum optó por enviar ayuda alimentaria, pero no combustibles.
El señor Díaz-Canel —repito— se refirió en un par de ocasiones al “bloqueo energético” y afirmó el mismo número de ocasiones que “hace tres meses que no entra combustible”. Aquí la pregunta que se me ocurriría hacerle al conferenciante (y que no formuló ninguno de los propagandistas del oficialismo que participaron en el evento) sería: ¿Pero hay dinero para pagar un suministro de ese tipo!
Porque no hay que olvidar que el aparato productivo de esta Isla ha sido destrozado de manera meticulosa por los castrocomunistas durante los dos tercios de siglo que llevan en el poder. Por no fabricar…, ¡Cuba no produce ya ni azúcar!… Entonces, ya terminados los vínculos preferenciales establecidos con la Venezuela chavista, ¿con qué recursos contaría el país para pagar un embarque petrolero grande?, ¡máxime a los precios elevados de hoy!… Pero, repito, esa es otra de las preguntas que no se hizo en la conferencia de prensa…
En lo que atañe a los vínculos con la fraterna República del Ecuador, Díaz-Canel rechazó de modo tajante la medida adoptada por las autoridades de Quito al declarar “personas non gratas” a los diplomáticos caribeños asentados en el país sudamericano. El conferenciante empleó términos harto peyorativos para calificar la conducta del gobierno de Daniel Noboa.
El régimen de “la continuidad” pretende, ¡al cabo de más de sesenta años!, seguir utilizando la misma retórica de los años iniciales del castrismo para responsabilizar a Estados Unidos con las supuestas “presiones” que explicarían las “medidas anticubanas” adoptadas por distintos gobiernos latinoamericanos.
En aquellos tiempos, elementos subversivos trataban de derrocar gobiernos democráticamente electos en países hermanos. Se trataba de guerrilleros que habían sido entrenados en Cuba, que habían recibido armas y financiamiento de nuestro mismo país, que a menudo recibían órdenes (o, al menos, indicaciones) desde La Habana. ¡Pero los agitadores castristas pretendían hacer creer que si el gobierno latinoamericano afectado rompía relaciones con Cuba… ¡era solo porque desde Washington le habían indicado que así lo hiciera!…
Algo parecido sucede ahora con el fraterno Ecuador. Según el presidente Noboa, los diplomáticos cubanos realizaban “actividades políticas” indebidas. Los diplomáticos cubanos mantenían vínculos con los corruptos orteguistas (cuya pasada presencia en el poder añoran los castristas). Se mantienen vínculos provocativos con esos elementos del llamado “socialismo del siglo XXI”. Pero cuando el gobierno del país sudamericano adopta medidas para poner fin a esa abierta injerencia, ¡se le acusa de romper relaciones cumpliendo órdenes de Washington!
Y lo peor es que, pese a las conversaciones ahora reconocidas, esas graves acusaciones se formulan sin que haya un intento (no importa cuán endeble) por fundamentarlas o justificarlas. ¡Díaz-Canel no trató siquiera de esgrimir un argumento destinado a apoyar la tesis del supuesto papel desempeñado por Washington en la ruptura de relaciones entre Cuba y Ecuador! ¡Simplemente afirmó que fue así!… ¿Y por eso hay que dar por buena su afirmación!…
Mientras tanto, debemos mantenernos atentos al desarrollo de las conversaciones (ahora reconocidas por ambas partes) entre los gobiernos de La Habana y Washington. Las posibilidades que ellas ofrecen son amplias. Cuba (el país y el pueblo, quiero decir, no su gobierno) tiene mucho que ganar en esas negociaciones. E insisto en que si la dirigencia actual no lo comprende así, los mismos comunistas la sustituirán por otra que sí atienda a razones.







