Trumpezando con la misma piedra

Trumpezando con la misma piedra

Los dichos y hechos de Donald Trump han sido efectivamente dañinos tanto para la sociedad norteamericana como para el Partido Republicano

Trump Estados Unidos
Donald Trump, presidente de Estados Unidos (Foto: EFE)

MIAMI, Estados Unidos.- La absolución que libró a Donald Trump de un segundo juicio político no solo fue recibida con beneplácito por parte del acusado. El indultado y sus seguidores han tomado la decisión como un gran triunfo político y la confirmación de un regreso triunfal a la Casa Blanca. La primera expresión del exmandatario al conocer lo que no era una noticia sorpresiva estuvo acorde a esa característica proyección populista que le distinguió durante la mayor parte de su paso por la candidatura presidencial y luego al frente de la Nación.

En un comunicado emitido a poco tiempo de conocerse el resultado de la votación absolutoria, Trump expone sin tapujos la tarea en la que enfocarán sus próximos esfuerzos: “Nuestro movimiento histórico, patriótico y hermoso para hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande acaba de comenzar”, dijo a través de un mensaje cuyo contenido ya había comenzado a tomar forma cuando era previsible que sus días como presidente llegaban a su fin.

El lanzamiento de esta especie de llamado no demoró en expandirse entre los que le siguen fanáticamente. Las redes y algunos actos públicos improvisados han servido de plataforma espontánea para su eufórica reacción, acompañada de frases efusivas y adjetivaciones grandilocuentes hacia su ídolo. El titán, el invencible, Mi Presidente, El hombre, Mi Capitán (mejor que nuestro Comandante, pero casi equivalente) y muchas otras. Una lluvia de piropos que sirven para dar rienda suelta a la alegría por esta victoria pírrica del expresidente, tras la derrota sufrida en las pasadas elecciones.

¿Y en verdad hay algo por qué alegrarse? No para los demócratas que llevaron esta batalla para condenar a Donald Trump por los evidentes hechos de incentivación y apoyo manifiesto ante los turbulentos actos del Capitolio, colofón de toda una campaña de descrédito, siembra de dudas, propagación de falsedades y noticias conspirativas inexistentes, así como la peor de las actitudes contra la salud democrática del país. Pero si bien no deben sentir satisfacción por un resultado que era previsible, tampoco deben tomarlo como fracaso.

La razón es que la consecuencia pudiera convertirles en beneficiarios directos de la decisión errónea de los republicanos que se negaron a sancionar un acto que merecía ser juzgado y que prefirieron obviar. Ahora la amenaza se avizora en los futuros resultados electorales de sus carreras, en manos de los designios de un correligionario que no ha dudado en ponerles en serios aprietos y al borde de la ruina política como partido, llegando incluso a dibujar la posibilidad de crear uno al gusto de su propia hechura.

Los dichos y hechos de Donald Trump han sido efectivamente dañinos tanto para la sociedad norteamericana como para el Partido Republicano. Los votos que ha sacado, que son una enormidad, él y sus más cercanos afectos se lo atribuyen simplemente a su carisma personal. Lo dejó entrever su hijo Eric al afirmar de manera petulante que su padre era la figura política más querida en la historia norteamericana. El remate llegó en la voz de la polémica congresista Marjorie Taylor Greene, negacionista entre otras cosas de los macabros acontecimientos de Parkland, quien afirmó que los votos cosechados por su Presidente eran suyos y para nada republicanos “El partido es suyo y no pertenece a nadie más”, llegó a decir la republicana de Georgia, miembro del Comité de Educación y Trabajo de la Cámara de Representantes en la pasada administración. Una afirmación que suena muy familiar de otros escenarios y contextos. Y es en esta postura donde radica el verdadero riesgo al que apostó la mayoría republicana al dejar con vida las expectativas de la estrella del show y sus fieles devotos.

Realmente si en este episodio existe un perdedor no se trata de Donald Trump, sino del partido que le llevó a la presidencia. La mayoría de los republicanos han mostrado en este proceso una dependencia tóxica de la figura apegada a sí misma y con un ego escabroso, de futuro impredecible. Muchos de los que optaron por anular el juicio y declarar su inocencia o inculpabilidad, lo hicieron mirando la intención del voto de aquellos millones de sus seguidores que esperaban el desenlace del espectáculo desde sus casas. Lo cual se traduce en que efectivamente la decisión de las urnas corre en cierta medida más a cuenta de la popularidad del exgobernante que a sus diligencias como legisladores.

El hecho que Donald Trump haya anunciado la formación de un posible partido de corte trumpista y que se vislumbra tras su confirmación del movimiento que se inicia tras la decisión votada vísperas de San Valentín, debería preocupar a la bancada republicana, pues de llegar a concretarse la amenaza, la división en el partido será una posibilidad de cara a las elecciones en el 2024. Y si para evitar esa situación los republicanos insistieran en repetir la dosis electoral de Donald Trump, estarían reviviendo nuevamente el panorama que propició su derrota y los incidentes reprobables que se verificaron posteriormente donde su rol fue decisivo.

Las acusaciones fiscales más recientes relacionadas con los hechos del 6 de enero, dirigidas contra presuntos miembros de la milicia Oath Keepers, recogen declaraciones de los acusados que mostrarían el grado de influencia que las palabras de Trump tuvieron sobre estos individuos. “Si Joe Biden se convierte en el próximo presidente nuestra República terminaría. Entonces es nuestro deber como estadounidenses luchar, matar y morir por nuestros derechos”, argumentaba uno de los detenidos en un mensaje publicado en Facebook por diciembre. Por aquellas fechas el mismo radical daba significado a la sugerencia lanzada por Trump a sus seguidores en referencia a un 6 de enero “salvaje”. Una insinuación que según el implicado significaba que el presidente quería que las cosas se hicieran “salvajes”, algo que no dudaron en poner en práctica llegado el momento. Una interpretación que puede señalarse como libre, pero que toma peso con una nota emitida por Trump a través de Twitter en plena manifestación violenta: “¡Recuerden este día para siempre!”. Otra de la misma autoría y en el mismo tono de exaltación, publicada días antes que el Congreso oficializara los resultados de las elecciones, hacía referencia ambigua sobre el momento: “La historia lo recordará”. De nuevo una frase que puede conectarse con hechos de similares connotaciones en contextos conocidos.

La Historia ofrece múltiples ejemplos de los casos en que los rebeldes contra las leyes y los poderes establecidos han recibido la condescendencia de tribunales, indultos y perdones. Pero mientras Donald Trump es exonerado de todos los cargos relacionados con los actos del Capitolio, los que emprendieron aquella absurda arremetida, impulsados por el caudillo en jefe, alimentados con sus buenos deseos y mejores saludos patrioteros, esperan en el banquillo de los acusados que la Ley les sea aplicada, abandonados a su suerte, acompañados cuando más con el desprecio de ser considerados gente de baja estofa, responsables sin justificación del asalto a la democracia norteamericana. Son los grandes perdedores. Desde su residencia oficial en la Florida el líder apenas les recuerda, enfocado eso sí, en el futuro que prepara gracias a la condescendencia de sus timoratos camaradas, arropado por el entusiasmo de los enceguecidos fans que siguen enarbolando carteles, al son de vítores al Gran Reconstructor y Guía, ensalzando sus dudosas cualidades y mostrando esa obstinada particularidad que se acusa en los humanos de tropezar una y mil veces con las mismas piedras. Un pedregal que se anuncia en la cercana Conferencia de Acción Política Conservadora que tendrá lugar en Orlando y que pudiera ser el marco en el que Donald Trump busque su relanzamiento político.

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Miguel Saludes

Miembro fundador del Movimiento Cristiano Liberación y coorganizador del Proyecto Varela. En Cuba se gradúa en cursos a distancia de la universidad de comillas en teología, doctrina social de la iglesia, derechos humanos y medios de comunicación sociales de la iglesia en 1999. Simultáneamente publica artículos en revistas católicas palabra nueva, espacios y vitral. en el 2003 comienza su labor como periodista independiente en colaboración con la revista digital Cubanet. Exiliado en Estados Unidos desde 2005, continúa escribiendo artículos de opinión para CubaNet. Mantiene vínculos con prensa independiente cubana a través de la APLP (Asociación Pro Libertad de Prensa) de la que ha sido nombrado representante exterior. Miembro de la Junta Directiva de CubaNet

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