Socialismo o capitalismo: las flores también entran en el debate

Socialismo o capitalismo: las flores también entran en el debate

La crisis de las flores por la ineficiencia estatal ha llegado hasta las funerarias, donde los fallecidos son velados en capillas sin ofrendas fúnebres

flores
Capilla sin flores. Foto cortesía del autor

HOLGUÍN, Cuba.- “Este es el lugar idóneo para comprar rosas”, le dijo Carmen a su amiga cuando vio el letrero “Floristería mi jardín” empotrado en la fachada. No había cola y se apresuraron en entrar; sin embargo, su alegría se trastocó en tristeza: tampoco había flores.

Por un instante pensaron haber equivocado la puerta de entrada, pero dos carteles dentro del local le indicaban que estaban en la floristería. El de la derecha, que en algún momento se utilizó para anunciar las ofertas, tenía las 12 tablillas vacías. El de la izquierda informaba las especialidades de la casa. Servicio de bodas, decoraciones de copas, ramos de obsequio, decoraciones de búcaros, centros de mesa, y soliflores eran servicios que quizás algún día se prestaron, pero que ahora, en una floristería sin flores, sonaban como una burla.

Las únicas flores “exhibidas” eran las dibujadas en los dos carteles y las pintadas en los cuadros colgados en la pared.

Al fondo, dentro de una vitrina diseñada para exhibir flores, solo había un diploma con una foto impresa de Ernesto ‘Che’ Guevara que, irónicamente, reconocía el buen trabajo del local. Otra imagen del guerrillero argentino estaba incrustada en el cristal de una puerta.

“¿Venderán flores hoy?”, preguntó Carmen a la empleada. “Hoy no, y no sabemos cuándo. Pero al lado sí hay flores”, respondió amablemente la mujer. Se refería a La Plazuela, una floristería gestionada por emprendedores privados. A escasos pasos, lo inhóspito se convertía en próspero. La variedad y la calidad de las flores deslumbraron a Carmen quien finalmente pudo comprar sus anheladas rosas.

Floristería estatal Mi jardín
Floristería estatal Mi jardín
Floristería estatal Mi jardín
Fachada de las dos floristerías
Foto cortesía del autor

El gobierno cubano no ha podido superar la gestión de los emprendedores privados, quienes han tenido que esquivar todo tipo de obstáculos, decomisos u otros métodos sutiles para sostener sus negocios. Aun así, este sector ha sido superior en calidad y oferta.

Este es el caso de La Plazuela que, desde su inauguración en enero de 2016, oferta productos, servicios y una amplia gama de especialidades que van desde un simple bolso de pétalos hasta sofisticados arreglos florales.

La pasión y el trabajo sin descanso han sido la clave para lograr estos resultados. “La mayoría de nosotros llevamos muchos años en esta difícil profesión. El cultivo, el traslado y la conservación de los flores es un arte que requiere conocimientos, habilidad y amor por lo que se hace”, así define su labor un veterano florista de casi 20 años que decidió identificarse como Ricardo.

No todo ha sido color de rosa para estos abnegados trabajadores. En la difícil tarea de  mantener la oferta, acuden a varios floricultores privados de la provincia y fuera de ella con productos de calidad.

Sin embargo, el reto mayor de Ricardo y sus casi 20 colegas ha sido sortear las arbitrariedades y medidas absurdas del gobierno contra el negocio.

“Siempre vendimos las flores en el parque Julio Grave de Peralta y sus alrededores. Estábamos en un espacio abierto y con más afluencia de clientes. Pero hace siete años el gobierno nos sacó del parque y sin otra opción nos obligó a meternos en este sitio cerrado donde nuestras ventas han disminuido”, dijo Ricardo.

El gobierno no tuvo en cuenta que su autoritaria imposición acabaría de un plumazo una antiquísima tradición.

“Yo heredé este oficio de mi abuelo y mi padre, que junto a varios vendedores ofertaron por años las flores en el parque. Por esa razón desde hace mucho tiempo ese lugar se conoce popularmente como el parque de las flores, y es muy triste que el gobierno, sin consultar al pueblo, haya acabado con una historia de tantos años”, dice Arturo Rodríguez, un jubilado de 80 años que con lágrimas en los ojos lamenta lo sucedido.

Una florista que prefirió declarar en el anonimato por temor a represalias dijo que estuvo muchos años vendiendo las flores en un lado del parque frente a la catedral San Isidoro. “La venta era mayor. Compraban tanto los que iban a la misa como los que pasaban ocasionalmente. El día de la Virgen no dábamos abasto. Pero parece que a alguien le molestó nuestro próspero negocio y nos obligaron a abandonar el lugar. Cuando intentamos defendernos unos funcionarios del gobierno nos dijeron que el que no saliera de allí no podía seguir en este negocio. Y entonces aquí, a 200 metros de donde vendimos flores toda la vida, estamos muy ocultos y las ventas han bajado”, afirma la emprendedora.

Floristería privada La Plazuela
Floristería privada La Plazuela
Floristería privada La Plazuela
Floristería privada La Plazuela
Floristería privada La Plazuela
Foto cortesía del autor

Todo indica que deshacerse de los vendedores privados de flores en el parque era una decisión que debía cumplirse con urgencia pues el gobierno tomó la medida sin antes disponer de un local donde situar a los floristas, quienes provisionalmente fueron ubicados en la sede de la floristería estatal.

“La decisión para sacarnos del parque ya estaba tomada. Detrás de eso hubo improvisación. El gobierno pensó que muchos floristas renunciaríamos, pero se equivocó. Por eso no tenían listo el nuevo local y entonces nos metieron a todos en la floristería estatal, donde nos pasamos tres meses tirados, hacinados y sin condiciones para trabajar. Estaba claro que ellos querían nuestra renuncia voluntaria, pero persistimos y entonces el gobierno se vio obligado a acondicionar este sitio que estuvo por mucho tiempo abandonado, y donde la floristería estatal guardaba sus carritos de venta callejera”, asegura Ricardo.

El nuevo local está oculto y las ventas disminuyeron, a lo que se sumó el incremento de los gastos de los floristas, que además de los 180 pesos de patente y los 88 de seguridad social, ahora cada uno paga 300 pesos mensuales por arrendamiento. Mientras que por el consumo del agua, aunque no la utilicen, pagan 20 pesos mensuales, y también el consumo de la electricidad, sin embargo, cuando oscurece, por cuestión del ahorro, se les prohíbe encender todas las luces, lo que impide que los clientes puedan apreciar las flores.

“Con todas esas zancadillas tenemos más ofertas que ellos”, dice Ricardo, y agrega “el dinero del arrendamiento lo utilizan para pagar el salario y otros gastos de la floristería estatal que es incapaz de generar ganancia”.

Un hecho paradójico es que la floristería estatal acude a la privada para cumplir sus compromisos. “Ellos han venido aquí a buscar flores para llevárselas para allá. Las piden prestadas para hacer los arreglos florales que les solicita el Gobierno, el partido, los CDR, la FMC y otras organizaciones. Se las encargan y como no tienen flores vienen corriendo aquí y piden cinco o seis docenas prestadas y después las reponen. Las docenas que devuelven no tienen la calidad que las que les prestamos, por eso  decidimos no darles más”, denuncia una florista que decidió declarar en el anonimato.

La crisis de las flores por la ineficiencia estatal ha llegado hasta las funerarias, donde los fallecidos son velados por sus familiares en capillas que muestran los ganchos incrustados en la pared donde deberían estar las ofrendas fúnebres.

“Pudimos resolver una sola corona para mi abuela que falleció hoy. Nos dijeron que en la fábrica de coronas no había suficientes flores”, dijo Arnaldo Cobiellas a CubaNet.

Capilla sin flores. Foto Cortesía del autor

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Fernando Donate Ochoa

Periodista independiente. Reside en Holguín

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