Un rasgo característico de los cubanos es su humor. Lo exteriorizan con el choteo, la burla y la sátira, expresados de manera verbal, escrita o pictórica.
Sobre el choteo, uno de los más destacados intelectuales que ha dado Cuba, Jorge Mañach, en una de sus conferencias convertidas en el libro Indagación del choteo, explicó: “El choteo es una actitud erigida en hábito, y esta habilidad es su característica más importante… Es un prurito de independencia que se exterioriza en una burla de toda forma no imperativa de autoridad”.
Con referencia a la burla, Mañach escribió: “Es una actividad humana y social cuyo fin instintivo es el de afirmar la propia individualidad contra otra que se considera superior e igualmente poderosa. Toda burla supone, pues, una autoridad o, por lo menos, una competencia”.
El Diccionario de la Real Academia Española nos dice que sátira es “un escrito donde se censura o se pone en ridículo algo o a alguna persona”.
La burla, el choteo y la sátira pueden ser armas contra los poderes que, de cualquier manera, coartan o eliminan la independencia de pensamiento o acción de las personas.
Mediante la jocosidad, las personas pueden desautorizar las órdenes dadas por el poder.
En Cuba, desde los tiempos coloniales, la prensa influyó en el comportamiento de los ciudadanos ante cualquier medida de las autoridades que consideraran arbitraria. Hubo libelos, pasquines y otras formas impresas, legales o no, que hacían mofa de las órdenes de las autoridades españolas.
Durante la República existieron publicaciones como La Política Cómica y hubo caricaturistas como Abela y Massaguer, entre otros, que abordaron temas políticos y sociales.
En tiempos más recientes, humoristas en la radio, la televisión y el teatro llegan a la población con chistes y chascarrillos donde hacen alusiones críticas al régimen, más o menos veladas, pero comprensibles para todos.
Festivales del humor, como Aquelarre, sirven de válvula de escape para ironizar sobre las dificultades en la vida diaria de los cubanos y burlarse de los funcionarios del gobierno.
Un programa que alcanzó un rating formidable fue Vivir del Cuento, donde su personaje principal, Pánfilo, interpretado por el actor Luis Silva, junto a otros actores muy ingeniosos y versátiles, como Andy Vázquez y Omar Franco, provocaban carcajadas al reflejar las peripecias que atraviesan los cubanos de a pie ante los apuros cotidianos.
Luego de estar varios años en el aire, la censura gubernamental provocó el fin de Vivir del Cuento y que varios de sus actores emigraran a los Estados Unidos.
Pero ellos no han sido los primeros ni los únicos. Debido a los muchos cómicos que han emigrado, podemos afirmar que hoy el humor cubano se localiza en Miami.
También ha estado presente el humor crítico en el cine y en las canciones parodias de intérpretes como Virulo y Jorge Díaz.
Luego de que se permitiera Internet en Cuba, cada ciudadano que tenga un teléfono móvil puede expresar sus ideas políticas, recibir las de otros y polemizar con ellos.
Aunque los mandamases comunistas amenacen, multen y envíen a la cárcel a las personas que disienten y expresan sus ansias de cambio, las redes sociales son hoy el principal medio que tiene el pueblo para expresar sus aspiraciones.
En las redes sociales aparecen a diario múltiples memes, choteos y burlas dirigidos a los dirigentes del régimen, a quienes llaman, de manera despectiva, “gordos”, “barrigones” y “puercos”. De quien más se burlan es del presidente Miguel Díaz-Canel: lo llaman “puesto a dedo”, en alusión a que no fue elegido por voto popular, sino designado por Raúl Castro; “Limonardo”, por aquella frase suya de que “el limón es la base de todo”, y otros calificativos ofensivos.
Ante el inmovilismo del régimen, el aferramiento al poder de los dirigentes, sus promesas incumplidas, sus consignas obsoletas y la agravada crisis económica que solamente padecen los de abajo, el humor se ha convertido en una forma de resistencia.









