Brigada 2506: el juicio de los hombres y el de la historia

Brigada 2506: el juicio de los hombres y el de la historia

El reducido grupo de hombres que tuvo el valor de desafiar a la ya gigantesca maquinaria militar castrista habría podido obtener la victoria de haber contado con el apoyo de la administración Kennedy

Brigada 2506, Cuba
De izquierda a derecha y de arriba abajo: Jorge Gutiérrez Izaguirre, Esteban Bovo, Jorge Infiesta, Aurelio Pérez Lugones, Emilio Martínez Venegas, Vicente Blanco Capote, Félix Rodríguez y Luis González Lalondry (Foto: ABC)

GUANTÁNAMO, Cuba. ─ Este 29 de marzo se cumplen 59 años del inicio del juicio contra los cerca de 1 300 exiliados cubanos que formaron parte de la Brigada de Asalto 2506 y que fueron apresados en Playa Girón y otros lugares luego del fracaso de la invasión.

El proceso se celebró entre el 29 de marzo y el 3 de abril de 1962. Fue el epílogo judicial de Playa Girón y otra muestra de la capacidad política de Fidel Castro, porque le sirvió para proyectar internacionalmente una presunta imagen humanista de su dictadura, consumada de facto pero carente de institucionalidad.

En marzo de 1962 había en Cuba miles de presos políticos viviendo en condiciones inhumanas y se continuaba fusilando a diestra y siniestra en contra de lo establecido en la Constitución de 1940, que Castro había prometido restablecer. De hecho, 14 miembros de la brigada fueron juzgados por el Tribunal Provincial de Las Villas y, de ellos, cinco recibieron la pena máxima por estar vinculados a crímenes cometidos durante la dictadura de Batista.

Y aunque el régimen necesitaba proyectar esa imagen frente a la opinión pública internacional no creo equivocarme si afirmo que en lo más íntimo de su ser el dictador anhelaba fusilar a todos los procesados.

¿Tuvieron los acusados un juicio justo?

El órgano que juzgó a los combatientes anticastristas estuvo formado por el capitán Augusto Martínez Sánchez como presidente y además por los comandantes Juan Almeida Bosque, Guillermo García Frías, Sergio del Valle Jiménez y Manuel Piñeiro Losada. Ninguna de esas personas eran juristas en el momento de la celebración del juicio. Siendo oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias no puede hablarse de imparcialidad pues todos tenían interés directo en el proceso y enemistad manifiesta contra los acusados, sus enemigos ideológicos.

Entre el 19 de abril de 1961 y el 29 de marzo de 1962 transcurrieron 345 días. No he descontado aquí el tiempo que tuvo la Fiscalía para formular su acusación. Suponiendo que fue un mes, serían 315 días las jornadas que se dedicaron a tomar declaración a todas las personas acusadas y a las relacionadas con el suceso, una cifra que seguramente superó las 2 000.

¿Pudo en ese tiempo hacerse un examen concienzudo de lo ocurrido? ¿Se verificó el dicho de cada uno de los acusados, otro requisito ineludible del debido proceso? Obviamente no. Por eso las autoridades cubanas optaron por hacer una acusación general sin analizar la responsabilidad individual de cada procesado y su real participación en los sucesos. Bajo esa cobertura fueron sancionados a igual cantidad de años los combatientes, el personal paramédico y otros que no tuvieron participación directa en las acciones militares.

La acusación, según el artículo La condena de los mercenarios ─publicado por el periódico Granma el 29 de marzo del 2007 con la firma de Mariagny Taset Aguilar─, fue por el delito de “Traición a la Patria” y conforme al artículo 128 del Código de Defensa Social (CDS), afirma Miguel Fernández Díaz en su artículo Juez y parte.

Tal delito no existía en el CDS en el momento de la celebración del juicio. Entonces, bajo la figura genérica de “Delitos contra la Integridad y Estabilidad de la Nación” se regulaban las tipologías delictivas que atentaban contra la Seguridad del Estado.

Aquí entran a debate dos aspectos que trascienden al fallo del  “tribunal” y que son los siguientes: el poder establecido en Cuba no era legítimo —al ser de facto, no de iure— y en Cuba no había república, por tanto, los procesados no podían haber sido sancionados conforme al artículo 128 del CDS, que establecía: “El que en interés de una potencia extranjera ejecute un hecho con el objeto expreso y conocido de que sufra detrimento la independencia de la República o la integridad del territorio nacional, será sancionado con privación de libertad de veinte años a muerte”.

La invasión no se ejecutó en interés de una potencia extranjera y la propia actitud de Kennedy desmiente esta afirmación del castrismo. Tampoco se hizo en detrimento de nuestra independencia, sino para reafirmarla ante el rumbo entreguista que con respecto a la URSS asumía el castrismo. Mucho menos puede hablarse de que en Cuba había una república, pues 60 años después tampoco la hay.

Como presuntas pruebas de la “magnanimidad” de la revolución ─la misma que desde los primeros días de enero convirtió al país en una fiesta sangrienta─, en el juicio fueron presentadas cartas que, según afirmó el capitán Pedro Luis Rodríguez, fueron escritas por José Alfredo Pérez San Román, encargado principal del mando de las tropas invasoras, que sabrá Dios cómo fueron obtenidas.

Los acusados fueron sancionados a 30 años de privación de libertad, sanción que sólo se interrumpiría cuando la administración estadounidense pagara la indemnización solicitada. Durante todo ese tiempo fueron obligados a trabajar y se les impuso como sanción accesoria la pérdida de la ciudadanía. Además, Fidel Castro solicitó una indemnización superior a los 60 millones de dólares, suma que fue pagada principalmente en alimentos.

El reducido grupo de hombres que tuvo el valor de desafiar a la ya gigantesca maquinaria militar castrista habría podido obtener la victoria de haber contado con el apoyo de la administración de John F. Kennedy. Esos hombres fueron tan patriotas como los que subieron a la Sierra Maestra para acabar con la dictadura de Batista y no merecían esa traición estadounidense.

Mi padre fue uno de los también heroicos combatientes del batallón 339, de Cienfuegos, el primero en entablar combate contra la Brigada 2506. Pudo haber muerto en combate. Nunca olvidaré que muchos años antes de morir me pareció muy desilusionado con una causa a la que entregó los mejores años de su vida. Él también aprendió que no siempre los vencedores cumplen sus expectativas y que con el paso del tiempo, más que vencedores y vencidos hay muchos más traicionados. Ahí están las historias de la Brigada 2506 y del pueblo cubano para confirmarlo.

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Roberto Jesús Quiñones Haces

Nació en la ciudad de Cienfuegos el 20 de septiembre de 1957. Es Licenciado en Derecho. En 1999 fue sancionado de forma injusta e ilegal a ocho años de privación de libertad y desde entonces se le prohíbe ejercer como abogado.
Ha publicado los poemarios “La fuga del ciervo” (1995, Editorial Oriente), “Escrito desde la cárcel” (2001, Ediciones Vitral), “Los apriscos del alba” (2008, Editorial Oriente) y “El agua de la vida” (2008, Editorial El mar y la montaña). Obtuvo el Gran Premio Vitral de Poesía en el 2001 con su libro “Escrito desde la cárcel” así como Mención y Reconocimiento Especial del Jurado del Concurso Internacional Nósside de Poesía en 2006 y 2008 respectivamente. Poemas suyos aparecen en la Antología de la UNEAC de 1994, en la Antología del Concurso Nósside del 2006 y en la selección de décimas “Esta cárcel de aire puro”, realizada por Waldo González en el 2009. Roberto Quiñones fue encarcelado por el régimen cubano durante un año, entre septiembre de 2019 y septiembre de 2020, como represalia por ejercer el periodismo.

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