Presentación

Una puerta es lo que es: un filón, un abrir y cerrar de ojos, o de algo, un límite, una posibilidad o al menos un permitir. Como muchos objetos, las puertas quedan absorbidas por su funcionalidad. Y sin embargo son un objeto insólito, pues a menudo escapan a la normalidad de los objetos coleccionables, aunque es también su propia naturaleza liminar la que lo convierte en blanco de numerosas interpretaciones, reinvenciones y asociaciones. Siempre han sido tomadas en cuenta, lo mismo desde su importancia en la vida cotidiana, desde prácticas rituales que priorizan su ubicación intermedia, desde la reconstrucción simbólica que acontece en el lenguaje y un largo etcétera.

Las puertas condensan en sí todas las tensiones entre el adentro y el afuera, la protección y la intimidad, el encierro y la salida. Son fértiles en sí mismas, como los árboles, o el caracol gigante africano. Son autosuficientes y, al mismo tiempo, no puedo imaginar nada que dependa más del entramado de relaciones en el que se inserta, en las dimensiones que gestiona y da paso.

Cuando Luis Manuel Otero Alcántara comenzó a dibujar puertas, llovieron un sinfín de alusiones obvias y algunas perversiones. Ya pasa todo el tiempo con cada cosa que se le ocurre. En lo que yo pensé, en cuanto las vi, fue en las puertas africanas que he ido descubriendo a lo largo de los años, con sus matices según la región, pero todas con la misma fuerza, belleza y capacidad narrativa. En estas culturas, las puertas son una síntesis de las energías que se tienden sobre el mundo, de su impacto en la materialidad económica o social de ambientes concretos e incluso de una sublimación del cuerpo humano, en el objeto. Lo sobrenatural que actúa y el cuerpo como realidad inmediata que recepciona y filtra.

Para Luis Manuel, sus puertas se conectan de una manera casi inconsciente con una experiencia primitiva por él intuida. Aunque tal vez inconsciente no sea la palabra justa, tal vez espontánea o tácita. De cualquier manera, no es una cuestión estrictamente racional. Como en casi todas sus obras, es clave una experiencia inicial y un gusto por un tipo particular de juego, en el que las formas o los gestos por él imaginados, buscan despertar una avalancha de significados aprendidos y otros que arrastramos por los pelos, o que nos arrastran a nosotros.

Luis Manuel es un agitador constante, lo mismo hacia afuera: pinchando y llamando la atención, que hacia adentro: revolviendo febrilmente sus propios referentes y los referentes de las personas que conoce, e incluso hasta a esas mismas personas, si lo dejan. Estas puertas asimétricas, caprichosas, y hasta previsiblemente antropomórficas, lo conectan a una práctica de la escultura por él cultivada desde muy joven, que va haciendo in situ, casi a ciegas, como quien bucea en el pasado del arte, pero también en su propio pasado. Estos dibujos son como una precuela de esas esculturas no realizadas y, a la vez, son una conclusión provisional de todas las esculturas que ha hecho jamás, de sus performances y hasta de su activismo político.

Anamely Ramos

Serie ‘Puertas’, Luis Manuel Otero Alcántara, 2020 (video)

  • Fotografía: Anyelo Troya
  • Edición: Aminta D’Cárdenas
  • Música: Raphox feat Lobo “Cubierto”
  • País: Cuba
  • Año: 2021

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1 comentario

  1. Me parece maravilloso lo que puedo ver a través de Luis Manuel. No lo he visto en persona y siento que lo conozco de siempre. Es un artista que toca, penetra y te mueve por dentro. Espero que mas pronto que tarde sus obras puedan ser apreciadas en una galería, en la Cuba libre y democrática como soñamos los cubanos de bien.
    Y espero el gobierno tenga mucho cuidado porque su vida está en sus manos y no vamos a tolerar más injusticias

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