
El castrismo no pide perdón por sus fechorías
El régimen cubano ahora pretende que los hijos y nietos de los expropiados por la Revolución le ayuden a sobrevivir.

El régimen cubano ahora pretende que los hijos y nietos de los expropiados por la Revolución le ayuden a sobrevivir.

Las penurias de la población cada vez son mayores, pero los mandamases, sin soluciones a la vista, no paran de exigir paciencia y sacrificios.

Los cubanos son conscientes de que el Poder Popular nada resuelve, y solo sirve para aparentar que es el pueblo quien gobierna.

No concibo que los mandamases crean que con las constantes invocaciones a Fidel Castro y al llamado de sus discursos patrioteros y sus consignas gastadas por décadas de uso y abuso, la mayoría de los cubanos esté dispuesta a morir por mantener los caprichos y privilegios de una casta inepta.

La llamada «guerra de todo el pueblo» es solo otra jugada sucia con la que el régimen pretende salvar su vida o al menos ganar tiempo para huir o esconderse.

El castrismo y el chavismo —desgajado de aquel— no son como cualquier otra dictadura donde la cabeza visible es la CABEZA, en mayúsculas. Fidel Castro le enseñó a Hugo Chávez la importancia de idiotizar a las masas y empobrecerlas para mejor controlarlas.

Un repaso a la trayectoria del comunismo cubano evidencia que las mayores purgas, encarcelamientos y procesos represivos contra militantes ocurrieron después de 1959.

Más de 70 personas fueron ejecutadas sin garantías procesales el 12 de enero de 1959 en la Loma de San Juan, en Santiago de Cuba, en una de las primeras acciones represivas del régimen recién instaurado.

Todo ―desde cabildeo por intereses comerciales hasta afinidades y lealtades ideológicas― «conspira» a favor de la «suerte» del régimen cubano.

Hay componenda, hay conspiración intencional y muy perversa en todo cuanto genera el castrismo, y es muy ingenuo y peligroso atribuirlo, a priori, a la casualidad o al «error».

El régimen cubano ahora pretende que los hijos y nietos de los expropiados por la Revolución le ayuden a sobrevivir.

Las penurias de la población cada vez son mayores, pero los mandamases, sin soluciones a la vista, no paran de exigir paciencia y sacrificios.

Los cubanos son conscientes de que el Poder Popular nada resuelve, y solo sirve para aparentar que es el pueblo quien gobierna.

No concibo que los mandamases crean que con las constantes invocaciones a Fidel Castro y al llamado de sus discursos patrioteros y sus consignas gastadas por décadas de uso y abuso, la mayoría de los cubanos esté dispuesta a morir por mantener los caprichos y privilegios de una casta inepta.

La llamada «guerra de todo el pueblo» es solo otra jugada sucia con la que el régimen pretende salvar su vida o al menos ganar tiempo para huir o esconderse.

El castrismo y el chavismo —desgajado de aquel— no son como cualquier otra dictadura donde la cabeza visible es la CABEZA, en mayúsculas. Fidel Castro le enseñó a Hugo Chávez la importancia de idiotizar a las masas y empobrecerlas para mejor controlarlas.

Un repaso a la trayectoria del comunismo cubano evidencia que las mayores purgas, encarcelamientos y procesos represivos contra militantes ocurrieron después de 1959.

Más de 70 personas fueron ejecutadas sin garantías procesales el 12 de enero de 1959 en la Loma de San Juan, en Santiago de Cuba, en una de las primeras acciones represivas del régimen recién instaurado.

Todo ―desde cabildeo por intereses comerciales hasta afinidades y lealtades ideológicas― «conspira» a favor de la «suerte» del régimen cubano.

Hay componenda, hay conspiración intencional y muy perversa en todo cuanto genera el castrismo, y es muy ingenuo y peligroso atribuirlo, a priori, a la casualidad o al «error».
