febrero 16, 2026

Enrique Arredondo y Germán Pinelli, artistas que intentaron (en vano) agradar al castrismo

Ellos fueron de los artistas que no lograron ganar la simpatía del régimen, ni siquiera cuando intentaron, a su modo, congraciarse.

LA HABANA.- En las décadas de 1960 y 1970 se hizo obligatorio —so pena de ser reducidos al ostracismo— que los artistas e intelectuales cubanos acataran y rindieran pleitesía al régimen castrista. Algunos de ellos, principalmente humoristas, que por uno u otro motivo vieron sus carreras en peligro, intentaron, con chistes, chascarrillos o frases ingeniosas, caerles simpáticos y disipar las desconfianzas y aprensiones hacia ellos. Pero consiguieron lo contrario, disgustando aún más a los mandamases, paranoicamente susceptibles y muy poco dados al humor.

Recordemos que en 1959, a solo unos meses del triunfo de la Revolución, cuando abundaban las caricaturas de Fidel Castro —sobre todo en el semanario humorístico Zig-Zag y en la revista Bohemia—, una de esas caricaturas provocó una perreta del Comandante, que la interpretó como una falta de respeto y una burla a su persona. Desde entonces no permitieron más caricaturas de Fidel Castro. Solo hubo, en el periódico Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista, El Barbudo, un personaje creado por el caricaturista René de la Nuez, con barba y sombrero de yarey, armado con fusil y machete, que señoreaba y pisaba fuerte la isla con sus botas, retaba a los norteamericanos y decía lo mismo que el Máximo Líder.

Enrique Arredondo, uno de los mejores actores cómicos entre los muchos que ha dado Cuba, y Germán Pinelli, un excepcional locutor y actor de vastísima cultura, fueron de los artistas que no lograron ganar la simpatía del régimen, ni siquiera cuando intentaron, a su modo, congraciarse.

A Arredondo, que encarnaba en la TV al guapo Cheo Malanga, cuando funcionarios del régimen le preguntaron de qué color quería el carro ruso Lada que le iban a otorgar como premio a su trabajo, respondió, con su gracia proverbial: “Rojo, para quedar bien con Changó y con el Partido Comunista”. Ese “quedar bien con el Partido” no impidió que le echaran un rapapolvo y lo castigaran por aquel chiste que hizo en el programa Detrás de la fachada, amenazando a un niño con ponerle “los muñequitos rusos” si no se portaba bien.

Germán Pinelli fue humillado públicamente, ante las cámaras y los micrófonos de la TV, por Ernesto Che Guevara, cuando durante un acto político, dando muestras de su habitual arrogancia, le largó una de sus zoquetadas al animador, al regañarlo y advertirle: “Yo soy el Che solo para mis compañeros; para los demás soy el comandante Guevara”.

Por aquella época, Pinelli, además de presentador, se hizo muy popular encarnando a Éufrates del Valle, reportero del periódico El Imparcial, en el programa San Nicolás del Peladero, ambientado en un imaginario pueblo del interior en la década de 1920.

Allá por 1973, cuando yo estudiaba en el Instituto Preuniversitario Cepero Bonilla, tenía un amigo que, al escuchar el modo forzado en que yo me expresaba y me autocriticaba en los análisis de grupo, me aconsejaba: “Deja, Luis, no te esfuerces, no te pongas como Éufrates, que van a pensar que te estás burlando”.

Y es que Éufrates del Valle, en sus crónicas y declaraciones, se excedía hasta extremos ridículos en la obsequiosidad y los ditirambos que prodigaba al alcalde Plutarco Tuero y a la alcaldesa, encarnados por Enrique Santiesteban y María de los Ángeles Santana, respectivamente.

Quizá ese fue el modo que halló el ingenioso Pinelli para burlarse de los periodistas de la prensa oficial, desquitarse de aquel agravio del Che Guevara y de todos los demás buches amargos que le hicieron tragar los mandamases castristas.

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Luis Cino

La Habana, 1956. Trabajó como profesor de inglés, en la construcción y la agricultura. Se inició en la prensa independiente en 1998. Entre 2002 y la primavera de 2003 perteneció al consejo de redacción de la revista De Cuba. Fue subdirector de Primavera Digital. Colaborador habitual de CubaNet desde 2003, donde escribe sobre arte, historia y sociedad. Reside en Arroyo Naranjo. Sueña con poder dedicarse por entero y libre a escribir narrativa. Le apasionan los buenos libros, el mar, el jazz y los blues. Especialización: Música, historia, sociedad.