SANTA CLARA, Cuba ― No son ni las 5:00 de la mañana y más de seis personas ya han marcado turno para dos de los bancos más cercanos al parque Vidal, en Santa Clara. Con el cambio al horario de verano, aún falta para que se despejen las penumbras, por lo que el pequeño grupo de madrugadores intenta permanecer unido. Uno de ellos aclara que, aunque logró alcanzar uno de los primeros puestos, no se dedica a vender turnos. No obstante, sugiere los servicios de un fulano sentado bajo la luz de la esquina que los cobra a 300 pesos cada uno.
Hasta pasadas las 8:00 no abren las puertas las instalaciones bancarias, que solo trabajan hasta las 3:00 de la tarde. El margen para cualquier transacción diaria es de poquísimas horas, si se corre con suerte y no se cae el sistema o se interrumpe el servicio eléctrico, lo que pasa a diario. Las mayores aglomeraciones de personal coinciden con los primeros días del mes, cuando los centros laborales suelen pagar a sus trabajadores, y también al final de la primera quincena, cuando la Asistencia Social paga a los jubilados.
El panorama se reproduce en casi todas las cabeceras provinciales del país, agravado en los municipios, donde los apagones en horario laboral paralizan cualquier operación bancaria. En la capital, las colas frente a las sucursales del Banco Metropolitano se extienden por cuadras enteras. Los reportes de redes sociales y de medios independientes documentan con frecuencia diaria escenas similares: largas filas bajo el sol, con personas que esperan por horas para acceder a las ventanillas y cajeros automáticos en los que se agota el efectivo a veces en cuestión de minutos.

Del total de las 10 sucursales ―contando las del Banco Popular de Ahorro (BPA) y las del Banco de Crédito (BANDEC)― distribuidas por Santa Clara, cuatro se hallan ubicadas en uno de los circuitos priorizados, razón por la que los vecinos de repartos periféricos o de zonas rurales se vean obligados a trasladarse hasta el centro de la ciudad desde mucho antes del amanecer. Colindante a estos establecimientos están emplazados los cajeros automáticos, un promedio de dos por unidad, pero esta primera semana de abril muy pocos fueron recargados con efectivo y otros muestran el cartel de “en mantenimiento” con un número de teléfono en pantalla correspondiente a oficinas de la capital. En la práctica funcionan casi únicamente para transferencias o consultas de saldo.
El dinero en tarjeta vale menos por día
Cercano al horario de apertura de la sucursal del Banco de Crédito y Comercio ubicada en la calle Máximo Gómez, una trabajadora de la entidad informa este 8 de abril que en principio se darán solo unos 30 números y que, a medida que transcurra la mañana, se irán distribuyendo otros. Además, dice que por el momento no puede asegurar si depositarán “algo” en los cajeros automáticos.
La gente permanece en el lugar, no obstante, a la espera de que los recarguen, aunque puede suceder que los primeros en la cola agoten de una sentada el efectivo disponible con varias extracciones. Una señora de las primeras en la fila que se identifica como Dignora comenta que muchas veces ha sorprendido a trabajadores bancarios extrayendo dinero pasadas las 3:00 de la tarde en los cajeros próximos a esa misma sucursal. “Los recargan cuando no hay nadie y con billetes de 500 y 1.000, que los vi con estos ojos”. Asegura que, en una ocasión, tres de ellos se hallaban “en el cambalache” y cuando introdujo su tarjeta, “entraron y tumbaron el servicio para que no pudiera sacar nada”.
Un reportaje publicado recientemente en CubaNet arroja cómo el efectivo en Cuba ha pasado a convertirse en una mercancía dentro del propio sistema bancario, un fenómeno que probablemente se extienda por todo el país. En varias sucursales de La Habana, empleados y porteros ofrecen la entrega de billetes nuevos o montos superiores a los límites permitidos, a cambio de porcentajes que oscilan entre el 5 y el 20%, mientras que clientes con privilegios acceden sin esperar y salen con fajos de dinero.

El negocio informal de la compraventa de dinero en Cuba ha llegado a abarcar también a la moneda nacional. En las propias colas de los bancos merodean personas que se acercan a los clientes proponiendo “billetes grandes” a cambio de una comisión que, debido a la propia crisis con el efectivo esta semana, está fijada en el 30% del monto transferido. Además, estos “negociantes” solo aceptan sumas elevadas superiores a los 10.000 CUP.
También se puede corroborar por anuncios de redes sociales que existen cambistas con tasas similares ―e incluso mayores― en otras provincias cubanas. A la par, muchos negocios particulares realizan descuentos cuando el pago se realiza en efectivo con billetes de alta denominación ―superiores a 500 pesos―, mientras que, al contrario, aplican recargos por encima del monto total cuando aceptan transferencias. Su proceder en estos casos está justificado, según afirman, bajo la máxima de que su mercancía se adquiere en efectivo o en divisa mediante intermediarios que, lógicamente, tampoco les aceptan ese “dinero virtual”.
Asimismo, la supuesta facilidad del servicio de Caja Extra terminó convirtiéndose en otro espacio para el negocio del efectivo en bodegas y comercios industriales. El año pasado, un funcionario del Ministerio de Comercio Interior (MINCIN) reconoció haber constatado casos en la red de comercio en Villa Clara de personas que habrían “intentado aprovecharse” de estas operaciones “con fines personales o para favorecer a otros”. En la práctica, el mecanismo funciona de manera que los dependientes reservan el efectivo para determinados clientes y cobran una comisión de 100 pesos por cada 1.000 retirados.

Una trabajadora de una bodega que fue sancionada y que exigió condiciones de anonimato para dar sus declaraciones a CubaNet, justifica el proceder de sus colegas porque ―dice― “intentan sobrevivir el diario” con salarios extremadamente bajos, entre 2.200 y 3.000 pesos mensuales. Para colmo ―agrega―, también se los depositan en tarjetas bancarias.
Tan solo 500 pesos
La llamada bancarización aplicada desde 2023 que buscaba sustituir el efectivo por operaciones digitales a través de tarjetas y aplicaciones móviles, devino otra cuenta más para el rosario de penurias cotidianas del cubano. Un artículo de elTOQUE que recoge el análisis del economista Pavel Vidal advierte que la crisis de efectivo en Cuba responde a una combinación de factores: la limitada circulación de billetes, los problemas de impresión y distribución, el deterioro de la infraestructura bancaria y la creciente demanda de dinero físico en un contexto de inflación y desconfianza hacia los pagos electrónicos. “En pocas palabras, el Gobierno emite dinero de forma desproporcionada, pero no tiene los recursos para imprimirlo. No hay dólares para sufragar los gastos de la impresión de pesos”, sostiene Vidal.
Cada día el dinero depositado en cuentas bancarias rinde menos: “Puedes tener miles de pesos en tu tarjeta y pasar tremenda hambre porque nadie quiere transferencia; es una papa caliente”, dice Milagros, una mujer en la cola del BANDEC que lleva una semana intentando extraer el monto total de un depósito realizado por su hija en Matanzas. Aunque pagó el turno a uno de los “coleros” que madrugan frente al banco, esa mañana solo estaban entregando 1.000 pesos en las ventanillas, por lo que terminó perdiendo tiempo y dinero.

Otras personas en la fila aseguran que, incluso, en otras sucursales y en las Casas de Cambio (Cadecas) solo han dejado extraer 500 CUP, o sea, menos de un dólar al cambio informal. Además, la mayoría del efectivo consiste mayormente en denominaciones de 10 y 20 pesos, que tampoco son aceptados por muchas mipymes y negocios de venta de comestibles.
“Esto es un suplicio, es como si el dinero no fuera tuyo. Lo sudas tú, pero no puedes hacer nada con él. Tienes que pasarte una mañana entera o dos para poder sacar tres quilos que se van como agua”, analiza Yanaisa, que dice trabajar como maestra auxiliar de una escuela primaria y, cuando necesita extraer su salario, simplemente no va a trabajar. “El mes pasado a mi mamá casi le da ‘una cosa’ cuando vino a cobrar su jubilación”, cuenta.
En teoría, a partir de los terceros miércoles de cada mes, los jubilados tienen prioridad para cobrar el monto íntegro de sus pensiones el día asignado para cada grupo etario. Pero, en la práctica, el hecho de tener garantizado el efectivo no los exime de someterse a largas colas durante horas, muchas veces de pie, o sentados en las aceras y en los pequeñísimos muros de los ventanales del banco.
En Villa Clara existen unos 134.000 jubilados, según cifras públicas de Seguridad Social. Cuando les depositan el dinero en sus tarjetas, como dicta la lógica, todos intentan cobrarlo desde el primer día. “Aunque no me toque por la edad, ya si entro me dan el dinero”, asegura Vicente, de 78 años, que recibe una pensión de 4.000 pesos y está en la cola desde las 5:00 de la mañana junto a otros seis ancianos que lucen bastante cansados. “De aquí no me puedo ir, aunque me baje el azúcar, porque hoy, por ejemplo, no tengo ni para comprarme un café”, lamenta.
