La Pradera y el turismo de salud: petróleo por médicos, oro por cascabeles

La Pradera y el turismo de salud: petróleo por médicos, oro por cascabeles

Las clínicas para turistas no solo contrastan con los hospitales a los que tienen acceso los cubanos de a pie, sino que alimentan el mito de la Isla como potencia médica y, por supuesto, ayudan al régimen a ganar dinero.

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Un paciente extranjero se fotografía en la entrada de La Pradera (Foto: Tomada de The New York Times)

LA HABANA, Cuba. – “No entiendo las cosas que están pasando en nuestro país pero, por favor, aunque sea garanticen las medicinas de nuestros enfermos para que nadie sufra lo que estoy sufriendo”.

“Los pacientes tienen que traer jeringuillas de sdependienteus casas, no hay hilos para suturar heridas, ni esparadrapo, ni vénulas (…), se deben llevar guantes de goma reutilizados”.

“(Mi sobrina de dos años) estuvo horas esperando en un hospital y tuvo que ser, finalmente, trasladada en un camión (…) porque no hay combustible para las ambulancias (…). No hay hilo para suturar heridas, a las embarazadas no se les está poniendo tratamiento para el flujo vaginal porque no hay (…), nada más se están operando las urgencias”.

“No había sábanas. Las camas y los colchones daban asco. No había agua. Los baños estaban que metían miedo. La comida era horrible”. 

“Si querías que el médico y la enfermera te atendieran tenías que salir a buscarlos y darles un escándalo”. “La medicina tuve que conseguirla yo mismo en la calle, a sobreprecio, y aun así no me atendieron bien”, comentaron dos usuarios cubanos en una publicación de Facebook.

Los fragmentos anteriores son un brevísimo resumen de testimonios de médicos y pacientes en hospitales de Cuba. 

Solo en la prensa independiente y en redes sociales se leen a diario decenas de denuncias sobre la precariedad de los servicios de salud en la Isla, de las muertes por negligencia médica, de la ausencia de medicamentos esenciales en las farmacias, de un servicio de ambulancias cuyo parque de vehículos en funcionamiento no sobrepasaría el centenar de carros en todo el país, de las equivocaciones, maltratos y malas prácticas de profesionales que provocan el sufrimiento de los enfermos y sus familiares. 

El Departamento Ideológico del Partido Comunista prohíbe a los periodistas de sus medios de propaganda investigar a fondo el asunto de la salud pública desde una perspectiva crítica e imparcial. Por otra parte, no se dispone de estadísticas confiables sobre el asunto pero, bastaría una visita o breve estancia en un hospital donde se atienden los cubanos de a pie para darnos cuenta de lo distantes que están de las instalaciones hospitalarias donde se atienden turistas extranjeros y altos dirigentes cubanos. 

“Al oeste de la ciudad de La Habana, en Siboney, un acogedor ambiente natural, donde la brisa es fresca y la amplia vista se llena con extensas áreas verdes entremezcladas con espaciosas instalaciones hoteleras, hechas para una estadía de calma y reposo, se levanta el Centro Internacional de Salud La Pradera, un rincón cubano que en los últimos 13 años le ha permitido a 58 500 venezolanos, más que recuperar su salud, mejorar su calidad de vida a través del Convenio Integral Cuba-Venezuela”. 

“Los pacientes disfrutan en La Pradera una estancia amena, con la atención de un hotel cinco estrellas, con todas las comodidades y servicios a su disposición. De igual forma sus acompañantes, quienes viajan a Cuba para apoyar a su familiar en los tratamientos médicos, en muchos casos también son tratados cuando presentan alguna afección”.

“La Pradera se ubica a 15 kilómetros del centro de La Habana Vieja, y a 25 kilómetros del Aeropuerto Internacional José Martí. Durante el hospedaje, los pacientes tienen todas las facilidades para visitar la ciudad y recrearse, todo esto como parte del tratamiento integral prestado por los cubanos”.

“La Pradera es sinónimo de calidad de vida. En sus espacios diseñados para la rehabilitación, también se comparte el humanismo y la solidaridad que brinda el cubano. Hay gimnasios donde los médicos cubanos realizan la rehabilitación física a personas con discapacidad, también salas donde los especialistas en fisiatría atienden a niños para estimular su movilidad y mejorar sus reacciones motoras”.

“Otros lugares abiertos sirven para realizar ejercicios al aire libre, también hay salas de masajes, servicios especializados para pacientes de oncología, y se dictan charlas educativas sobre problemas de adicción. Los árboles de La Pradera también generan grandes sombras, y junto a su piscina, sirven para el disfrute de los pacientes y acompañantes”.

“En su recepción hay tiendas, salas de estar, cerca se encuentra el comedor principal y un café donde compartir alguna merienda”.

Los párrafos entrecomillados son fragmentos de un artículo publicado en diciembre de 2013 en el sitio web de la Embajada de Cuba en Venezuela. 

Aunque el motivo fue la celebración de más de una década del acuerdo denominado “Convenio Integral Cuba-Venezuela” (más conocido como “Médicos por petróleo”), en realidad es uno entre un millar de reportajes, notas y videos que han servido al régimen de La Habana para promocionar a través de sus embajadas el turismo de salud a Cuba, y en especial los servicios de La Pradera, un híbrido de hospital-hotel que tan solo por concepto de paquetes turísticos de tratamiento a extranjeros habría ayudado a ingresar por esas fechas unos 270 millones de dólares anuales, atendiendo a las cifras de pacientes y costo de las terapias publicadas por la institución

Y de esa cantidad, al menos unos 100 millones anuales habrían sido aportados por Hugo Chávez en virtud de los 58 500 venezolanos atendidos entre el 2000 y el 2013.

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Los servicios de La Pradera se comercializan como turismo (Foto de los autores)

El dinero y el infierno detrás del paraíso de La Pradera 

La Pradera, al igual que otras instalaciones similares en Cuba, a pesar de ser considerada una institución de salud, presta servicios de alojamiento, gastronomía y recreación. Todos, incluidos los sanitarios, son gestionados, promovidos y vendidos por diferentes turoperadores como parte de diversos programas de “turismo de salud” dirigido a extranjeros. La Pradera es un hotel-hospital al cual no tienen acceso los cubanos residentes en la Isla. 

Es más, cuando en marzo de 2008 el entonces presidente Raúl Castro eliminó varias de las restricciones impuestas por su hermano Fidel y autorizó el acceso de los cubanos a las instalaciones hoteleras para el turismo, por considerarlas “prohibiciones absurdas”, centros para el turismo de salud como La Pradera, la clínica internacional Cira García, el Centro de Retinosis Pigmentaria Camilo Cienfuegos, por citar los más conocidos, continuaron inaccesibles para los nacionales, con excepción de aquellos ciudadanos que residen permanentemente en el exterior y que, por tanto, pueden pagarlos en dólares.

Promoción de la Clínica Cira García en ferias del turismo (Foto de los autores)

La justificación del régimen cubano para mantener la segregación ha sido siempre que el llamado “turismo de salud”, así como la comercialización de medicamentos, derivados de la sangre y servicios médicos en el extranjero, es solo una estrategia económica para la obtención de financiamiento externo con la absoluta finalidad de utilizar el total de las ganancias en el sistema de salud pública. Sin embargo, el estado general de precariedad que exhibe la sanidad en la Isla, específicamente para los cubanos, pone en duda la veracidad de tales propósitos.

Los datos acopiados en numerosas publicaciones, incluidas varias tesis de grado y reportajes de prensa aparecidos en los medios del PCC, hablan de un notable desbalance entre los ingresos por concepto de comercialización de productos (incluidos el turismo y la exportación de bienes y servicios asociados) y los gastos anuales del Estado en materia de salud pública. 

Teniendo en cuenta los presupuestos anuales aprobados en los dos últimos decenios, aún cuando en algunas oportunidades han ocupado hasta cerca del 30 por ciento del total del presupuesto estatal, estos no representan ni siquiera la mitad de las ganancias netas por concepto de comercialización, con lo cual el gasto per cápita en salud para los ciudadanos nunca ha sobrepasado los 800 dólares, lo cual coloca a Cuba muy por debajo en la lista de países, superada incluso por varias naciones de América Latina, una región en la que el régimen cubano, fundamentalmente como consecuencia de la “diplomacia” y el “turismo de salud”, es considerada como líder.

Por sí solo el acuerdo para los tratamientos del vitiligo y otras afecciones de la piel en pacientes venezolanos habría aportado a Cuba, entre los años 2000 y 2012, unos 2000 millones de dólares. Así lo confirma bajo condición de anonimato un ex alto funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores vinculado directamente al convenio de colaboración firmado por Fidel Castro y Hugo Chávez el 30 de octubre de 2000.

“El convenio establecía concretamente el intercambio de personal y servicios por petróleo, pero también un financiamiento considerable de más de 2000 millones de dólares, en forma de créditos en su mayor parte, para desarrollar la industria de medicamentos, la compra de insumos, el entrenamiento de profesionales en la Isla”, afirma el exfuncionario, que además ofreció más detalles sobre el tema de los tratamientos del vitiligo y la producción de Melagenina.

“No es mentira que había problemas con la recolección de las placentas en los hospitales (para fabricar la Melagenina y la Coriodermina)”, continúa explicando. “Parte de ese dinero se invirtió en la compra de carros, en modernizar la planta procesadora, la fabricación de envases (…), también por supuesto se usó en el traslado y alojamiento de algunos pacientes que no viajaban por la Misión Barrio Adentro ni directamente por la Oficina de la Presidencia (de Venezuela). Eran pacientes que se integraban al programa por otras vías. (…) Había muchos colombianos que aunque no residían en Venezuela viajaban a Cuba por el acuerdo (…), fueron miles de pacientes solo para enfermedades de la piel que si los unimos a los de cáncer, diabetes, trasplantes y cirugía plástica llegaron a unos 100 000 en diez años (…). Sobrepasó las capacidades de La Pradera, del Cira García. Tuvieron que hacer contratos con muchos hoteles (…), reservaciones, que a veces eran por meses, hasta con dos y tres acompañantes en algunos casos, y los viajes, todo lo pagaba Venezuela. Era dinero que entraba a Cuba por ese concepto, el del acuerdo, y era dinero que iba al turismo, no se revertía en salud, era ganancia para las empresas de turismo, cubanas y extranjeras”, asegura el entrevistado. 

Al mismo tiempo que La Pradera, otros hospitales en Cuba, hasta sobrepasar el número de 40 centros especializados, continuaron con similares servicios dirigidos a extranjeros. 

Para tener una idea de las ganancias que habrían tributado a la economía, solo entre los tratamientos contra las adicciones, las terapias contra el cáncer de pulmón, la cura del pie diabético, las cirugías estéticas, chequeos médicos y las terapias contra el vitiligo, entre 2010 y 2018, de acuerdo con la escasa, poco confiable y dispersa información publicada al respecto, el sistema de “turismo de salud” junto con la venta de medicamentos en el extranjero obtuvieron ingresos que promediaron los 4000 millones de dólares anuales.

Una cifra que, unida a los ingresos por las exportaciones de servicios médicos en ese mismo período, que fue de unos 9000 millones de dólares por año, superaría significativamente el monto que, por lo regular, se destina cada año al gasto público en sanidad de la Isla, que para 2017 había disminuido en 1,4 por ciento respecto al 2016, representando apenas el 10,45 por ciento del PIB.

Además, en La Pradera se practicaron desde su apertura en 1996 y hasta marzo de 2019 más de 50 000 cirugías estéticas de distintos tipos a un precio que oscila entre los 700 y los 4000 dólares por operación, montos que no incluyen medicación y estancia postoperatoria. 

Se habrían realizado, también, más de 200 trasplantes de riñón a un costo que, entre las consultas, la operación como tal, la recuperación pre y postoperatoria de beneficiado y donante, estancia de los acompañantes y demás, sobrepasa los 30 000 dólares por paciente como mínimo. 

“No creo que ahora se esté llegando a tanto, por la pandemia. Serán pocas, pero sé que se siguen haciendo. (…) Hasta 2019 se realizaban entre cinco y diez operaciones (de cirugía estética) diarias”, afirma la doctora Beatriz Reyes, basándose en su labor como médica en la Clínica Central Cira García, de La Habana.

“Cuando el convenio con Venezuela se tuvieron que habilitar otros salones en el (hospital) Ameijeiras, se trataron pacientes en Santa Clara, Holguín, Santiago de Cuba. Había más especialistas de cirugía en el programa de turismo de salud y en Venezuela que para la atención a pacientes cubanos. Y todavía sigue siendo un caos porque un mismo cirujano opera hoy en La Dependiente (hospital del municipio Cerro) y mañana en el Julio Trigo (Hospital del municipio Arroyo Naranjo), porque es uno solo para miles esperando por una operación y, peor, por un salón que esté abierto. Eso es otra cosa, la mayoría de los salones están cerrados por malas condiciones”, asegura la doctora Reyes, y su testimonio es respaldado por el de su colega Leonardo Labrada, ortopédico, que no estuvo vinculado al turismo de salud cuando el acuerdo de Hugo Chávez y Fidel Castro, pero que vivió en carne propia la otra cara del turismo de salud.

Entrada del hospital La Dependiente, en La Habana (Foto de los autores)

“Las consultas las redujeron porque no había especialistas. Cerraron las que había en los policlínicos y las concentraron en una sola en el hospital (…). Una vez por semana para todo un municipio. Así hicieron con casi todas las especialidades porque el que no estaba para una misión, estaba atendiendo a venezolanos. Eran tantos que a muchos los pusieron en la UCI (Universidad de Ciencias Informáticas), todo por el mismo salario que se gana en un hospital cualquiera. Ganaba lo mismo un médico de La Pradera que uno del Julio Trigo (considerado uno de los hospitales en peores condiciones de La Habana)”, lamentó el doctor Labrada.

En aquellos momentos el salario de un médico en Cuba era el equivalente a menos de 40 dólares por mes, al cambio oficial por pesos cubanos. En 2014, el gobierno decidió incrementarlo a unos 64 dólares mensuales como máximo y, más recientemente, a raíz de las acusaciones por explotación laboral y trabajo esclavo, hechas por médicos cubanos, los elevó a un tope cercano a los 200 dólares, aunque al mismo tiempo, debido a la reforma monetaria, dolarizó la economía, elevó los precios de bienes y servicios en una red comercial desabastecida totalmente, con lo cual el valor real del salario ha quedado muy por debajo en comparación con años anteriores igualmente críticos. 

Solo para quienes puedan pagar

A Roxana, una joven que por un accidente de tránsito sufrió quemaduras en el rostro, le tomó más de tres años conseguir la cirugía que corrigió los severos daños en su piel. 

En el sistema de salud cubano no es prioridad la cirugía plástica y reconstructiva. Las notables deformidades en el lado izquierdo de la cara y en el cuello estaban afectando psicológicamente a Roxana. Ya no era la muchacha alegre que gustaba de reunirse con los amigos. No quería salir de la casa y hasta dejó los estudios en la escuela tecnológica para reforzar su aislamiento.

No obstante, pasado el tiempo, decidió acudir a los servicios de un terapeuta para recuperar la autoestima, aunque afirma que no le sirvió de mucho. No había regularidad en las sesiones, el especialista cambiaba con frecuencia el lugar de la consulta y ella debía atravesar la ciudad de un extremo a otro para asistir y, para colmo de males, ni siquiera obtuvo una remisión a la consulta de cirugía, que había sido el principal propósito al decidirse a tocar la puerta del psicólogo. 

Solo dos años después de recorrer todo el sistema de salud pública en la busca de atención, Roxana pudo operarse pero gracias a un amigo que conoció en la terapia. Este le dio el contacto de un cirujano del hospital Ameijeiras y así, por una gestión personal nada gratuita, logró que la atendieran: 

“Con el psicólogo no resolví nada. Dos o tres charlas que me dio, aburridísimas, terminé más deprimida que antes. De remitirme al cirujano nada de nada. Que me aceptara así con los queloides en la cara y ya. Si mi mamá no hubiera tenido el dinero para pagar la cirugía todavía yo estuviera llorando en el cuarto”, dice Roxana, que con su historia personal describe, además, un fenómeno que la trasciende. 

El mal funcionamiento del sistema de salud en Cuba no es un asunto reciente ocasionado por la situación de la pandemia. Tampoco la crisis en que se hunde desde hace décadas es consecuencia exclusiva del embargo de los Estados Unidos —como reitera el Gobierno cubano—, en tanto el sistema de turismo de salud que tanto promociona en el mundo entero cuenta con hospitales de excelencia, equipados con tecnología de punta adquirida incluso en los Estados Unidos, y con personal especializado a disposición de las agendas personales de cada paciente.

Los programas de atención y las tarifas a cobrar en centros como La Pradera están detallados en la propia página web de la institución y hablan por sí solos de la existencia de dos realidades en un mismo sistema de salud. Los precios de la generalidad de servicios del turismo de salud a Cuba son verificables en todos los sitios cubanos que gestiona Gaviota S.A., muchos de ellos en coordinación con turoperadores en cerca de un centenar de países. 

Un consultorio médico para cubanos en la Calzada de Diez de Octubre (Foto de los autores)

Por ejemplo, en los programas de cirugía estética de La Pradera una  remodelación de la forma de las mamas, cuesta un mínimo de 1630; el aumento del volumen de las mamas mediante prótesis, 3640; la aspiración de la grasa del abdomen, 1810. Por solo citar tres de los más de cien tipos de cirugías a disposición de quienes las puedan pagar, aunque para los cubanos nunca están disponibles. 

En La Pradera un paciente extranjero puede realizarse un trasplante de pelo por 1050, eliminar la piel flácida y la grasa de los párpados por 1415, y hacerse el estiramiento de arrugas de la cara y del cuello y párpados por 2635, precios que no incluyen medicamentos, sangre o derivados si fueran necesarios, tampoco alimentación y alojamiento del acompañante (que deberá ser por un mínimo de 15 días), ni el precio de las prótesis, de necesitarlas.

De los ingresos reales por esos servicios a turistas no se conoce con detalles el destino final y, a juzgar por la historia de la joven Roxana, es evidente que no se revierte el ciento por ciento en ofrecer a los cubanos una atención de excelencia como la que reciben quienes viajan desde Europa, Asia, África y toda América al “paraíso” de la salud en el Caribe.

Más allá de la cirugía estética, otros servicios de salud también generan ingresos sin que se deba invertir demasiado. De acuerdo con la información que publica el sitio de promoción Cubandhealth, en La Pradera un “tratamiento a la adicción” y la “rehabilitación antidrogas fuertes y el alcoholismo” —algo similar a los que recibiera el futbolista argentino Diego Armando Maradona entre los años 2000 y 2010—, tienen un costo mínimo de unos 16 000 dólares.

El precio incluye una semana de evaluación, con un valor de 2500 dólares, siete días de alojamiento, desayuno, almuerzo y cena para el paciente y el acompañante, que estará exento de pago durante los primeros 15 días de tratamiento. El paquete además lleva exámenes hematológicos, imagenológicos, electroencefalograma y electrocardiograma. Pero el tiempo adicional a los tres meses de un tratamiento que pocas veces termina tan pronto y que puede tardar años (como sucedió con el Pibe de Oro), tiene un costo de 4500 dólares por cada mes, sin contar que “el paciente una vez egresado, de retornar en recaída, comenzará el programa desde el inicio con el costo inicial del programa”.

Realidades contrapuestas. Un paraíso de la salud para extranjeros que se alza sobre un infierno de penurias para el cubano de a pie. Hospitales, policlínicas, hogares maternos y centros de aislamiento para la COVID-19 cuyas edificaciones carecen de mantenimiento regular. Un sistema de farmacias desabastecido y una industria farmacéutica que hoy fabrica vacunas “exportables” y ungüentos “mágicos” como la Melagenina pero que es incapaz de producir una bolsa de suero salino. El mismo sistema que, sin haber probado la efectividad de sus candidatos vacunales contra el coronavirus, ya los promueve como “valor agregado” de su mercado turístico, mientras los cubanos son condenados a prolongadas esperas en las unidades de emergencia, a depender de un parque de ambulancias insuficiente y a poner sus vidas en manos de médicos, enfermeras y técnicos agobiados con los bajos salarios y las peores condiciones laborales.

Tales contrastes y contradicciones parecieran no importar demasiado al régimen cubano en tanto hospitales-hoteles como La Pradera sean capaces de servir como vitrina que alimentan el mito, haciendo buena parte del trabajo diplomático que tanto ayuda a ganar tiempo en el poder y, por supuesto, dinero.

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