LA HABANA, Cuba.- Nos acercamos a diciembre y no se ven los resultados de una estrategia de “máxima presión” que, lejos de debilitar al régimen, parece haberlo fortalecido y reafirmado en su modo violento de operar en contra de la ciudadanía.
Por un lado, habiendo dejado a Maykel Osorbo como rehén, liberó a Luis Manuel Otero Alcántara solo después de este haber extinguido su condena; por otro, aprovechando el discurso ingenuo e incomprensiblemente conciliador del artista, lo usó para intentar dividir y enfrentar a una oposición usualmente fraccionada, pero por estos días casi a punto de coincidir en que se deben unir fuerzas para asestar un golpe mortal al castrismo, que es el mismo régimen que, entre decenas de otras acciones represivas contra periodistas incómodos, hace un mes, como para demostrar que le importan poco las sanciones, encerró al reportero Henry Constantin usando la figura del “desobediencia”, así como también usa la de “terrorismo”, la “traición” y el «sabotaje» a su antojo.
Lo anterior es suficiente para terminar de comprender que hablan un idioma muy diferente, por lo que ningún diálogo será efectivo y si, por casualidad o milagro, llegara a concretarse, es preciso entender que sus compromisos, plasmados en la misma lengua retorcida que usan, no valdrán nada.
En más de seis meses nada ha cambiado, al menos para mejor. Incluso podemos afirmar que un “final” tan anunciado y prolongado, una acción concreta tan postergada, han tenido el efecto de un somnífero para quienes hasta los otros días tocaron calderos y cerraron calles pero que ya, habiéndose acostumbrado a la nueva “normalidad” de los apagones y el hambre, o habiendo asumido que sus acciones solo se traducirán en más represión del lado de acá y menos reacción del lado de allá, han optado por el silencio, el aguante y la mortal desilusión.
Hoy los apagones son más intensos, la falta de comida más peligrosa, las esperanzas más escasas y la prepotencia del régimen más descarada cuando, experto en supervivencia como las sabandijas, se siente seguro al descubrir que su mejor estrategia le ha funcionado: hacer del país una plaza tan ruinosa y de su gente una masa tan disfuncional que ningún gobierno en su sano juicio quiere echárselos a los hombros como una carga externa que llegue a agravar sus asuntos internos.
Cuba se ha convertido en una pieza rota, destruida, tan difícil de recomponer y reconectar con el mundo actual que será muy difícil encontrar a quienes deseen asumir esa tarea con la honestidad, la fe y el empeño que necesita. Pero eso solo puede hacerse sacando definitivamente al castrismo de la ecuación, y además reconociendo que no existe un modo de hacerlo que no sea forzándolos a irse a patadas por donde se debe, cuando vemos que no han entendido a golpe de caricias.
Recordemos tan solo que son los mismos que mantienen cientos de presos políticos en calidad de presos comunes, y que, sin considerar que era el único sostén de su madre enferma, encerraron al periodista José Gabriel Barrenechea por protestar pacíficamente, y hasta le prohibieron estar junto a ella en su lecho de muerte.
Los mismos desalmados que, bajo el pretexto de la dignidad y la soberanía (esas mismas que subastan a Rusia, a China y a todo el que quiera pujar por ellas por el precio de ayudarlos a mantenerse en el poder), están dispuestos a ver morir de hambre a todo un pueblo, y están a muy poco de lograrlo si las cosas continúan como van.
Por otro lado, los mismos que ayer protestaban en la calle porque el apagón duraba más de seis horas hoy resisten en silencio más de 48 horas sin luz; y posiblemente sean los mismos que hace unos meses se quejaban por hacer filas durante días para comer pollo, pero que ahora se sienten afortunados cuando las hacen para comprar un “picadillo” que nadie sabe cómo ni con qué lo hicieron.
Si, a pesar de la política de máxima presión de Washington y el alto nivel de descontento al interior de la Isla, el régimen mantiene el tono prepotente en sus notas oficiales y pretende condicionar el diálogo con los Estados Unidos, pero además condena en La Habana a dos mujeres por denunciar y divulgar la imagen del represor que las acosaba en la puerta de la casa, y encierra en Sancti Spíritus a un matrimonio que protestaba desde el techo de su hogar, entonces quienes apuestan por una solución pacífica o diplomática al tema de la dictadura castrista no comprenden la verdadera dimensión del problema.










