El comunismo, un lenguaje sin libertad ni futuro

El comunismo, un lenguaje sin libertad ni futuro

Lo único que desde hace años se socializa en Cuba es la pobreza, la represión y la desesperanza. Eso muy bien que lo saben los mandantes cubanos, aunque se guarden mucho de decirlo.

(Foto: Internet)

GUANTÁNAMO, Cuba. – Cuando se haga una revisión crítica del “socialismo cubano” estoy seguro de que los historiadores concluirán que más que las amenazas externas -reales o supuestas- quienes más daño hicieron a esa ideología fueron los dirigentes de la dictadura.

Una de las características de los mal llamados países socialistas es la total incongruencia entre utopía y práctica política. Cuba no es la excepción.

Es inconcebible que si el socialismo es un sistema socio político superior al capitalismo sus ciudadanos tengan menos derechos que los que viven bajo el sistema opuesto. Ahí está la historia para demostrarlo.

Estrechamente relacionado con el mantenimiento del poder está el lenguaje de los comunistas, que casi nunca -para no ser absoluto- es congruente con la realidad. Cualquiera que se tome el trabajo de analizarlo con detenimiento se percatará de que trata de establecer como real lo que no es.

La historia enseña que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) no fue un país que se conformó por decisión soberana de los pueblos que la integraron, sino por imposición de los comunistas. Por esa razón, el sentimiento de nación jamás cuajó en el inmenso territorio, que se desintegró rápidamente cuando existieron las condiciones propicias. Repúblicas no fueron porque jamás existió en ellas lo que políticamente pudiera haberlas definido como tales, y de socialistas y soviéticas tuvieron muy poco si tenemos en cuenta que todas derivaron en dictaduras de partido único donde los obreros jamás ejercieron el poder y terminaron sometidos a un dominio tan férreo como el de los zares. Se calcula que más de treinta millones de ciudadanos soviéticos murieron bajo la dictadura estalinista por hambre, presos o fusilados.

El caso de la República Popular Democrática de Corea quizás sea más patético. No solo no es república y mucho menos popular y democrática, sino que tiene el mérito de haber realizado un aporte sombrío para la teoría política contemporánea al crear una monarquía de supuesto corte socialista.

Y es que los comunistas le atribuyen al lenguaje la capacidad de corporificar sus contenidos. De ahí su insistencia en proclamar como cierto lo que solo existe en su imaginación. Solo quien apela a la demagogia como arma política reitera en su discurso lo que no posee.

El caso cubano no está exento de muestras de cinismo político, pues los comunistas del patio también han subvertido el significado real de las palabras y mienten, tergiversan la realidad del país e incumplen sus promesas con una desvergüenza pocas veces vista en el mundo occidental.

Ahora, con motivo de la aplicación de la nueva política económica -llamada “tarea ordenamiento”– reiteran la promesa de que “nadie quedará desamparado”. Es una frase enarbolada por Fidel Castro durante los años noventa, cuando comenzó una crisis que no ha desaparecido y marcó indeleblemente esa década finisecular.

Entonces también se afirmaba que en Cuba no se aplicarían jamás terapias de choque. Sin embargo, a la par de ese discurso, decenas de miles de trabajadores del sector estatal perdieron sus empleos, lo que obligó a la dictadura a abrir paso a regañadientes al sector privado. La renuencia a reconocer la importancia  de esa fuerza económica ha llegado al extremo de  definirla como “trabajo por cuenta propia” -un término donde tienen cabida el vendedor de fritas, el director de una microempresa y el dueño de un lujoso restaurante-, en vez de mencionarla como sector privado, que es como se  conoce en todo el mundo.

Ahora quienes usan la socorrida frase quizás tengan razón, pues es evidente que los cubanos de a pie no vamos a quedar desamparados porque lo estamos desde hace muchísimos años. En lo económico pudieran citarse los ejemplos de los salarios que paga el Estado, que no alcanzan para cubrir necesidades básicas, los desequilibrados precios de los productos, la carencia de alimentos y los abusos contra los consumidores. En lo social pudiéramos mencionar la imposibilidad de contar con un sistema de justicia imparcial, donde el ciudadano pueda recibir una tutela jurídica efectiva a sus derechos ante la omnipresente, opresiva e intimidatoria presencia del Estado, patente mediante la impunidad de sus representantes. En lo político bastaría decir que carecemos de elementales derechos humanos. ¿Cómo entonces los dirigentes de la dictadura afirman que nadie va a quedar desamparado cuando la mayoría del pueblo lo está desde hace décadas? Quizás lo digan pensando en quienes son miembros de su claque, única manera de admitir que la frase es cierta.

En medio de una circunstancia política que notoriamente les resulta adversa, a los representantes de la dictadura les ha dado por acuñar otra frase de nuevo tipo: “revolución dialogante”. Pero en estos días hemos podido constatar que el diálogo al que se refiere la dictadura no es más que una puesta en escena entre sus dirigentes y los que se prestan a servir como pantalla de proyección de una realidad totalmente falsa.

Mientras hablan de diálogo, de respeto a los derechos de los demás, de que Cuba es un Estado de derecho organizado con todos y para el bien de todos, que respetan las diferencias, etc., continúan sitiando a los periodistas independientes y opositores pacíficos, haciendo mítines de repudio frente a sus domicilios, deteniéndolos, denigrando a los integrantes del Movimiento San Isidro y replegando a las fuerzas represivas por todo el país en medio de un ambiente notoriamente asfixiante y no precisamente por la COVID-19.

Dicen que el socialismo en Cuba es irrevocable cuando aquí no ha habido ni hay socialismo sino una dictadura entronizada en el poder que ha implantado un verdadero capitalismo monopolista de Estado. El pueblo no es dueño de nada y carece de posibilidades para ejercer de forma democrática la soberanía, de la cual es su verdadero protagonista.

Lo único que desde hace años se socializa en Cuba es la pobreza, la represión y la desesperanza. Eso muy bien que lo saben los mandantes cubanos, aunque se guarden mucho de decirlo.

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Roberto Jesús Quiñones Haces

Nació en la ciudad de Cienfuegos el 20 de septiembre de 1957. Es Licenciado en Derecho. En 1999 fue sancionado de forma injusta e ilegal a ocho años de privación de libertad y desde entonces se le prohíbe ejercer como abogado.
Ha publicado los poemarios “La fuga del ciervo” (1995, Editorial Oriente), “Escrito desde la cárcel” (2001, Ediciones Vitral), “Los apriscos del alba” (2008, Editorial Oriente) y “El agua de la vida” (2008, Editorial El mar y la montaña). Obtuvo el Gran Premio Vitral de Poesía en el 2001 con su libro “Escrito desde la cárcel” así como Mención y Reconocimiento Especial del Jurado del Concurso Internacional Nósside de Poesía en 2006 y 2008 respectivamente. Poemas suyos aparecen en la Antología de la UNEAC de 1994, en la Antología del Concurso Nósside del 2006 y en la selección de décimas “Esta cárcel de aire puro”, realizada por Waldo González en el 2009. Roberto Quiñones fue encarcelado por el régimen cubano durante un año, entre septiembre de 2019 y septiembre de 2020, como represalia por ejercer el periodismo.

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