Huber Matos, el héroe secuestrado por la farsa castrista

Huber Matos, el héroe secuestrado por la farsa castrista

Este 15 de diciembre se cumplen 61 años de la sanción impuesta al comandante Hubert Matos, uno de los sucesos más traumáticos de los primeros meses de la revolución cubana

Huber Matos
Huber Matos en marzo de 2008 (Foto: EFE)

GUANTÁNAMO, Cuba. – Este 15 de diciembre se cumplen 61 años de la sanción impuesta al comandante Hubert Matos, uno de los sucesos más traumáticos de los primeros meses de la revolución cubana.

El tribunal -escogido por Fidel Castro- condenó a veinte años de privación de libertad al comandante Matos, uno de los más brillantes y heroicos oficiales del Ejército Rebelde, cuyas participaciones en el suministro de armas para la ofensiva final contra la dictadura de Batista y en la toma de Santiago de Cuba fueron de vital importancia.

Siendo un héroe, Matos ha sido presentado por la dictadura como un traidor, aunque ninguna prueba  ha presentado al pueblo para demostrarlo.

Vinculados a la detención de este heroico combatiente hay  sucesos muy extraños. Primero, la desaparición física del comandante Camilo Cienfuegos. Luego, el comandante Cristino Naranjo, quien se propuso investigar la muerte de Camilo y fue ultimado, “por error”, frente a la posta del campamento militar de Columbia. A esta muerte se sumaron otras “accidentales” de varios miembros de la escolta del Héroe de Yaguajay.

Cuando el comandante Hubert Matos fue detenido ya los comunistas cubanos se habían infiltrado en todas las estructuras del Ejército Rebelde y del naciente Estado revolucionario. Fueron los mismos que criticaron el asalto al Cuartel Moncada y los últimos en incorporarse a la lucha guerrillera, en el segundo semestre de 1958. Este es otro aspecto de la historia cubana que no ha sido abordado como se merece.

La influencia de los comunistas provocó que el comandante Hubert Matos escribiera una carta a Fidel Castro pidiéndole que aceptara su renuncia al cargo que ocupaba en la provincia de Camagüey, pues deseaba regresar al ejercicio del magisterio. Este hecho fue usado por Castro para acusarlo por difamación, de querer dividir a las fuerzas revolucionarias y de traición.

Antes de que Hubert Matos abandonara su puesto, Fidel Castro renunció públicamente a su cargo de Primer Ministro del Gobierno Revolucionario y no fue acusado de traición, algo que revela la maldad del hijo de Birán y cómo desde esa fecha la justicia cubana comenzó a hacer acepción de personas.

Quien conozca cómo se desarrolló el juicio oral contra Hubert Matos sabe que Fidel Castro se presentó en ese acto de forma prepotente e ilegal y llamó a declarar a personas que no estaban inscriptas como testigos. Incluso, obligó a Félix Duque a que desmintiera su primera declaración. Allí, como ya lo había dicho en enero de 1959 en Washington ante numerosos periodistas, Castro volvió a afirmar que ni él ni su revolución eran comunistas y acusó a Matos de mentiroso y sedicioso. “Le resta valor a mi posición -dijo, refiriéndose al acusado- mostrándome como un calumniador, como un sujeto que está dándole un rótulo marxista a la revolución cuando es cubanísima como las palmas”.

El juicio fue la reafirmación de que el sistema judicial cubano había perdido su independencia y que estaba totalmente supeditado a la voluntad del comandante en jefe. Este proceso fue la continuación de los tristemente célebres realizados en La Cabaña bajo la égida del argentino del gatillo alegre y, a la vez, la consolidación de un método donde la justicia quedaría definitivamente sometida a los intereses políticos. Esa práctica se ha prolongado hasta hoy.

En su libro de testimonio, el comandante Hubert Matos denunció las irregularidades del proceso, comenzando por su arbitraria detención. Después estuvo sometido a interrogatorios hasta que el 10 de diciembre comenzaron las sesiones del acto del juicio oral, que culminó el 15 de diciembre de 1959. En esas memorias, el comandante Matos escribió: “Fidel tiene el monopolio completo del juicio. Me juzgará un tribunal militar seleccionado por él mismo en el que todos sus miembros le son incondicionales. También escogió al fiscal y a los funcionarios a cargo de las tareas auxiliares, al tribunal, testigos, lugar y público. Pero él será el verdadero fiscal y también se reserva el papel de testigo acusador. Él ordenará la sentencia al tribunal para que la comunique públicamente (…)”.

Entre los que se prestaron para esa farsa estuvieron Jorge Enrique Mendoza, Orestes Valera, Armando Hart, Félix Duque y Jesús Suárez Gayol. El comandante “Papito” Serguera fue el fiscal.

El valor que el comandante Hubert Matos mostró en la lucha guerrillera y la simpatía de que gozaba dentro del Ejército Rebelde impidieron que Fidel Castro le impusiera la pena de muerte, como seguramente habría deseado hacer.

Pero la crueldad de Fidel Castro para con Hubert Matos y su familia no está reflejada solo en la sanción que le impuso al guerrillero. Dieciséis meses después de aquella farsa judicial, en abril de 1961,  proclamó el carácter socialista de la revolución cubana. Entonces ya era notoria la influencia soviética en Cuba. Esto demostró que en todo ese tiempo si había existido un traidor al Programa del Moncada y a los Pactos de México, de la Sierra y de Caracas. El mentiroso no había sido Hubert Matos, sino Fidel Castro.

Al proclamar el carácter socialista de la revolución cubana sin consultar con el pueblo, y traicionar así sus postulados democráticos, Fidel Castro pudo haber puesto en libertad a Hubert Matos, pero lo mantuvo en prisión hasta que cumplió el último día de su condena.

La historia de la revolución cubana no ha sido escrita con la objetividad que reclama a gritos, pero habrá un día en que sucesos como este quedarán esclarecidos, para bien de la memoria de la patria. La historia oficial la escriben los vencedores, pero eso no significa que de su parte esté toda la verdad.

Los restos del comandante Hubert Matos reposan en el extranjero. Algún día, cuando Cuba sea nuevamente democrática, estoy seguro de que recibirán digna sepultura en el suelo patrio, algo que  seguramente también se hará con los restos de tantos patriotas que murieron en el exilio luego de ofrecer los mejores años de su vida para crear un mejor país para todos.

Estoy convencido de que los restos de quienes impusieron esta dictadura deberían ser desaparecidos.

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Roberto Jesús Quiñones Haces

Nació en la ciudad de Cienfuegos el 20 de septiembre de 1957. Es Licenciado en Derecho. En 1999 fue sancionado de forma injusta e ilegal a ocho años de privación de libertad y desde entonces se le prohíbe ejercer como abogado.
Ha publicado los poemarios “La fuga del ciervo” (1995, Editorial Oriente), “Escrito desde la cárcel” (2001, Ediciones Vitral), “Los apriscos del alba” (2008, Editorial Oriente) y “El agua de la vida” (2008, Editorial El mar y la montaña). Obtuvo el Gran Premio Vitral de Poesía en el 2001 con su libro “Escrito desde la cárcel” así como Mención y Reconocimiento Especial del Jurado del Concurso Internacional Nósside de Poesía en 2006 y 2008 respectivamente. Poemas suyos aparecen en la Antología de la UNEAC de 1994, en la Antología del Concurso Nósside del 2006 y en la selección de décimas “Esta cárcel de aire puro”, realizada por Waldo González en el 2009. Roberto Quiñones fue encarcelado por el régimen cubano durante un año, entre septiembre de 2019 y septiembre de 2020, como represalia por ejercer el periodismo.

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