El virus chino y la propaganda castrista

El virus chino y la propaganda castrista

A los rojillos les gusta presentarse como adalides “de los humildes” y la COVID-19 sigue constituyendo un buen incentivo para falsear la verdad

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(foto: Granma)

LA HABANA, Cuba. – Cuba continúa su difícil andadura en medio del virus chino. Día a día, el doctor Francisco Durán, director de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública, brinda lo que se supone que sea una explicación exhaustiva sobre el comportamiento de la dolencia en el territorio nacional. Según esa información oficial, la incidencia del mal estaría mermando en nuestro país.

El mencionado “Epidemiólogo en Jefe” ofrece detalles acerca del número de casos. También sobre el proceso evolutivo de cada paciente que fallece a resultas de la enfermedad. Y, en tales ocasiones, nunca olvida agregar —como también hacen los locutores de televisión— el adverbio “lamentablemente”. Algo que —dato curioso— jamás dicen de los muertos en otras latitudes, aunque sean muchísimos más que en Cuba.

Decía que se supone que el doctor Durán brinde todos los pormenores sobre el tema. Sin embargo, también él (como cualquier otro comunicador que aparezca en los medios masivos), tiene que contar con los permisos o prohibiciones que dicten los “órganos competentes” (en este caso —imagino—, el Departamento Ideológico del Comité Central del partido único).

Esto quedó bien claro cuando, días atrás, el locuaz galeno se refirió a un “evento local” en el municipio del Cotorro, que disparó el número de enfermos a nivel nacional. Se suponía que él brindaría detalles del caso (en definitiva, ése es el objetivo de su comparecencia diaria de media hora; ¿o no!). Pero todo quedó en la vaguedad de lo ya expresado: “Un evento local”.

Fue sólo más tarde que, en las palabras del presidente no electo Miguel Díaz-Canel, nos enteramos de una parte importante de la verdad: El suceso había tenido lugar en el “Hogar de Deambulantes” del sudeste capitalino, uno de esos almacenes de infelices a los que el castrismo les da ese nombre eufemístico. Pese a esa muestra concreta de impotencia, prefiero ver en la pequeña pantalla el rostro —siquiera enmascarado— del referido especialista de la Medicina.

La alternativa es la que han tenido que padecer los venezolanos. Este sábado fue el dictador Nicolás Maduro en persona quien brindó todos los detalles de la andadura del coronavirus por la desdichada Patria del Libertador. ¿Se imaginan que, en Cuba, todos esos particulares tuviésemos que oírlos día a día en boca del mismo Díaz-Canel; o del general de ejército Raúl Castro!

En el ínterin, la propaganda de los “socios listos del Siglo XXI” se centra en Brasil. En la televisión de Cuba no pasa un día sin que algún cotorrón, invocando el dicho de un epidemiólogo, pronostique en tono compungido algo que parece inminente: El gigante sudamericano se convertirá en nuevo “epicentro de la pandemia” a nivel global.

Yo, como desconocedor de la materia que reconozco ser, no lo tengo tan claro. Las cifras de contagiados en Rusia han llegado a ser todavía mayores; y la curva que refleja la difusión del mal es mucho más vertical en el país euroasiático que en Brasil. Por otro lado, es cierto que la población de este último es mayor que la del primero. ¿Pero bastará este dato para que sea Brasil (y no Rusia) el nuevo centro de la COVID-19?

Sospecho que en esos pronósticos incidan factores políticos, que muy poco tienen que ver con la Medicina y la Epidemiología. Ya se sabe que, para los izquierdosos de nuestro tiempo, el odio a ultranza contra Estados Unidos constituye el parteaguas definitorio entre progresismo y reacción.

No importa que se trata de unos ayatolas fundamentalistas, que han impuesto a los iraníes, a sangre y fuego, un régimen teocrático; que persiguen a las personas por sus preferencias sexuales y que fuerzan a las mujeres a cubrirse el cabello. Tampoco importa (si al caso vamos) que el país sea gobernado por un autócrata con ínfulas de renacimiento imperial, como sucede en Rusia con Putin.

Como esos regímenes se enfrentan al “Gran Satán”, ambos gozan de la predilección de castristas y chavistas. Y —¡no faltaba más!— tampoco ha dejado de haber alguna voz que se alce contra Brasil en la muy polémica Organización Mundial de la Salud (OMS).

Este aparato, que debe velar por la sanidad planetaria, es encabezado ahora por el inepto, parcializado o corrupto (o varias de esas tres cosas, o todas ellas) Tedros Adhanom Ghebreyesus. Este flamante burócrata internacional no ha tenido empacho en deshacerse en elogios hacia China (¡sí, la misma tiranía comunista en donde se creó el terrible virus y éste inició su destructiva expansión, la cual aquélla propició con sus ocultamientos!).

También criticó de modo virulento a Donald Trump cuando fue el primer jefe de estado en disponer que, para evitar el contagio, se interrumpiesen las comunicaciones con el gigante asiático. ¡Hablamos de la misma medida que de manera unánime se aplica hoy a nivel planetario (y que la propia OMS respalda ahora), pero la cual fue atacada con la mayor acritud por el Director General cuando el presidente norteamericano la propuso!

Pero la ofensiva contra Brasil no sólo se centra en su supuesta condición de “futuro epicentro de la pandemia”. También son objeto predilecto de descalificación los proyectos del presidente Jair Bolsonaro para comenzar a abrir la economía. En ese contexto, siempre se le atribuyen al eminente político las motivaciones más espurias. Al decir de los cotorrones izquierdistas, el propósito perseguido es beneficiar a los ricos a costa de la salud y la vida de los pobres.

El enfoque es tendencioso y parcializado. Por ende, también resulta mentiroso. El dilema es mucho más profundo y difícil. ¡Por supuesto que el levantamiento de las medidas de aislamiento social implican un peligro de reanimación del mal! ¡Pero también la paralización de la economía constituye una amenaza real para la vida! ¡Y no de las personas pudientes, sino de las más desposeídas! ¡De las que literalmente se mueren de hambre si no pueden trabajar!

Aunque a los rojillos les gusta presentarse como adalides “de los humildes” (expresión de Fidel Castro), en realidad esa frase tiene mucho más de pose política que de línea de principios. Ahí están, para probarlo, los millones de cubanos sumidos en una miseria de décadas; ¡y lo que es peor, sin esperanzas de salir de ella! Aquí viene, como anillo al dedo, la frase alada de Martí contra “los que comienzan por fingirse, por tener hombros en qué alzarse, frenéticos defensores de los desamparados”.

En el ínterin, veremos qué nuevas vueltas de la vida nos tiene deparadas el terrible virus chino.

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