Pesca en Cuba
Pesca en Cuba

¿Se come mucho pescado en Cuba?

Aunque Cuba es una isla, figura entre los países de América con menor consumo de pescado por habitante. El monopolio estatal sobre la actividad pesquera, las restricciones a los pescadores y la prioridad otorgada a las exportaciones y al turismo han convertido los productos del mar en un lujo inaccesible para la mayoría de los cubanos.

Para un cubano la respuesta es obvia: No. Pero para un extranjero es prácticamente inaudita, alucinante, pues muchos creen que los productos del mar son un elemento fundamental de la dieta en una isla estrecha, con costas a pocos kilómetros de cualquier parte de su geografía. 

“¿Eres cubano? Seguro estás acostumbrado a comer mucho pescado, camarón, langosta” es un comentario que nos repiten una y otra vez a quienes estamos fuera del país. Porque resulta casi lógico que en una isla se coma pescado y porque es parte de la propaganda con que el régimen vende su turismo al mundo. 

Pero no, lo cierto es que Cuba es de los países de América con menos consumo de pescado per cápita, compitiendo casi con Bolivia, que no tiene mar. Al igual que la carne de res, en Cuba la langosta, el camarón y el pargo son productos inexistentes para muchos, sobre los que gravitan además penas de prisión para quienes los venden y adquieren en el mercado informal. 

En Cuba prácticamente no se come pescado. No porque los cubanos no quieran, sino porque no pueden. 

Pesca en Cuba
Pesca en Cuba / Foto: Cubadebate

Cuánto y qué pescado comen los cubanos

Según las poco transparentes y esporádicas estadísticas oficialistas, en 2021 el consumo de pescado por persona en Cuba era de 3.8 kgs en el año. Para 2030 el régimen se había propuesto alcanzar los 8 kgs; aunque con la crisis alimentaria que se ha acentuado en el país hasta la fecha, lo más probable es que las cantidades de consumo de pescado, como de todos los demás productos, hayan disminuido.

En 2022, el consumo promedio de pescado en el mundo era de 20.7 kgs por persona en el año. Más de cinco veces de lo que supuestamente se comía en Cuba según las cifras oficiales. La cantidad mínima recomendada por la Organización Mundial de la Salud a consumir en el año es de 12 kg. En América Latina, el consumo promedio de pescado es de 15.3 kgs y en islas del Caribe, vecinas de Cuba, estas cifras se vuelven muy superiores. Hasta en Haití, el país más pobre del continente, se come más pescado que en Cuba. 

Dentro de la ínfima cantidad de pescado que comen los cubanos, hay que señalar que la mayor parte no viene del mar, sino de peces de agua dulce como la tenca, claria o tilapia, producidos fundamentalmente en estanques y que una buena parte de estos se consumen en forma de croquetas y picadillo, mezclados con otros productos no acuícolas.  La pequeñísima ración (6 onzas por persona) y de mala calidad de pescado el Estado cubano vendía de forma normada a través de la libreta de abastecimiento fue sustituida en la década del 90 por carne de pollo, y también desapareció con el tiempo.  

Incluso, en los pueblos pesqueros se dificulta para las personas consumir el pescado, debido a la persecución estatal a la pesca comercial y a los altos precios de estos productos, reservados principalmente para extranjeros y restaurantes privados. 

Hace unos años, para la mayoría de los cubanos, la única opción asequible para comer productos marinos eran las muy escasas y desabastecidas pescaderías estatales, en las que eran frecuentes las largas colas para comprar algunos ejemplares de agua dulce, croquetas o picadillo de pescado. En la actualidad, esas opciones prácticamente se han vuelto inexistentes. 

Pero no siempre fue así. En 1958 Cuba era el país con mayor consumo de pescado en América, superando incluso a Estados Unidos. En 1989, cuando todavía el país poseía una de las flotas pesqueras más importantes de la región y era subvencionada por los países socialistas de Europa del Este, el promedio de consumo de pescado llegó hasta los 16 kgs por persona; cifras que cayeron en picada desde entonces y hasta la fecha. 

¿Qué pasó? ¿Qué hizo desaparecer el pescado de las mesas cubanas?

Pesca en Cuba
Pesca en Cuba / Foto: Cubadebate

La versión oficial

La explicación dada por las autoridades justifica el declive con una combinación de factores externos, naturales e individuales, que desconocen o minimizan la absoluta responsabilidad gubernamental en un sector controlado y prácticamente monopolizado por el Estado. 

Como todo en Cuba, una de las justificaciones es el embargo de Estados Unidos, pero lo cierto es que mientras el régimen recibió subsidios de la URSS llegó a tener una de las flotas pesqueras más grandes de la región, que vendía incluso en altamar una parte importante de sus capturas y que a pesar de las ganancias obtenidas por concepto de exportación, no lograron que se sostuviera y fuera rentable luego de la caída del campo socialista, aun teniendo mercados internacionales abiertos a los productos cubanos. 

Las importaciones de pescado se han reducido considerablemente, a pesar de que el embargo no incluye alimentos y que Cuba le compra pescado a los propios Estados Unidos, además de a China, España, Ecuador, entre otros países

Estudios de organizaciones internacionales señalan el cambio climático como uno de los factores que ha afectado a la pesca de manera general, sin embargo, en buena parte del mundo se han buscado soluciones para paliar sus efectos y que esto no afecte de forma determinante la producción y consumo de peces. 

Lo mismo sucede con otra combinación de factores como la sobreexplotación de la plataforma, la contaminación de las aguas, la violación de los ciclos de reproducción, el uso de técnicas de captura agresivas, la falta de nutrientes y la introducción de especies invasoras, como la famosa claria. En todos los casos, en un país como Cuba, donde el Estado tiene el control casi absoluto de la economía, la industria, la ciencia, la pesca y las políticas, los únicos responsables de estos malos manejos son los que han dirigido el país de forma ininterrumpida en las últimas seis décadas. 

Según las autoridades, otra de las responsabilidades de la disminución la producción de peces en el país recae en los pescadores que trabajan sin licencia, aun cuando según las propias cifras oficiales estos no sobrepasaban los 2500 en 2019 y utilizando fundamentalmente métodos artesanales. Nada raro en un sistema acostumbrado a culpar a la población por su mala gestión y que los manda a construir estanques en los patios si quieren comer pescado. 

Pesca en Cuba
Pesca en Cuba / Foto: Cibercuba

Donde manda capitán…

La ineficiencia e improductividad del sector pesquero cubano no es privativo de esta actividad. En prácticamente todos los rubros económicos del país, los pésimos resultados son una constante sostenida a lo largo del tiempo, lo que apunta a problemas estructurales del modelo económico y no a situaciones puntuales.  

El Estado cubano, con su modelo planificado y centralizado y sus directivos colocados más por lealtad política que por capacidad, es el principal responsable de que en una isla rodeada de mar los cubanos prácticamente no coman pescado. 

El Estado se reserva el monopolio de la pesca y producción de peces a gran escala. Incluso con las mínimas restricciones suavizadas en la Ley de Pesca de 2019 respecto a la legislación anterior, los pescadores individuales siguen severamente limitados. Deben poseer licencia para cualquier actividad de pesca, excepto cuando esta se realiza desde las orillas con varas y carretes y “sin el auxilio de medios flotantes”. No se les permita pescar en las mejores zonas ni capturar especies más rentables como el camarón o la langosta, el Estado les limita el número de embarcaciones y artes de pesca que pueden poseer y los obliga a comercializar las capturas bajo contrato  con entidades estatales. Los barcos y artes de pesca que poseen son antiguos y se encuentran constantemente a expensas de la pérdida de las licencias, multas, decomisos y hasta cárcel por parte de las Tropas Guardafronteras del Ministerio del Interior y el Ministerio de Agricultura. 

A pesar de las caídas que también ha sufrido la actividad exportadora, el régimen cubano no ha dejado de vender al exterior los mejores productos, fundamentalmente langosta y camarón, con ganancias anuales entre los 92 y 53 millones de dólares, entre 2019 y 2023. Aunque las autoridades insisten en que solo exportan una parte menor de la captura total, esta abarca los productos de mayor valor y calidad, mientras a los cubanos se destinan aquellas especies que no tienen salida internacional, de menor calidad y con menos aceptación entre la población. Algo que también pasa con el tabaco, el café, y otros productos destinados a la exportación, el turismo y para los dirigentes y sus familias.   

Lo mismo sucede con las tiendas en dólares. El pescado que falta en las pescaderías estatales está ahí, pero a precios prohibitivos y en una moneda con la que no pagan al cubano por su trabajo. En los últimos años han florecido también las tiendas online, algunas incluso especializadas en productos marinos, pensadas para que, desde afuera del país, los exiliados paguen en divisas la comida de sus familiares en la Isla. Hace poco más de un año fue inaugurada en La Habana la plaza Puerto Fresco, propiedad de un socio del chef de Fidel Castro, donde puede encontrarse camarones, bacalao, pulpo, emperador, sierra, pargo, merluza, entre otras variedades de peces que la mayoría de los cubanos jamás han probado. 

Por eso a muchos extranjeros les cuesta creer que en Cuba no se coma pescado regularmente. No solo por ser una isla, sino porque los que han visitado el país han visto el pescado y los mariscos en los hoteles donde se alojan y los restaurantes que visitan, a precios que para ellos no resultan tan elevados. Pero la Cuba de los turistas no es la Cuba de los cubanos. En la Cuba diseñada por el castrismo para el extranjero sí hay pescado y langosta y camarones; pero en la Cuba reservada para el cubano de a pie, ni siquiera hay sal, a pesar de todo el mar que nos rodea. 

José Raúl Gallego Ramos

Periodista, profesor e investigador. Doctor en Comunicación por la Universidad Iberoamericana de México.
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