
El régimen cubano busca salvar a sus empresas estatales con ayuda del sector privado
El modelo no cambia con este tipo de parches, sino que se aplican unas tiritas allí donde la herida abierta exige sutura cuanto antes.

El modelo no cambia con este tipo de parches, sino que se aplican unas tiritas allí donde la herida abierta exige sutura cuanto antes.

Para acondicionar estas gigantescas latas de sardinas de 29 metros cuadrados se les añadirían marcos de puertas y ventanas y espacios para sala, cocina-comedor, baño y dos habitaciones.

Así van las cosas mientras todos los días alguien afirma que Cuba está al borde del colapso, un borde engañoso que se prolonga sobre sí mismo, interminable.

Siempre prestos a administrar a buchitos nuestra miseria, quieren mostrarse triunfalistas, insinuando que guardan ases bajo la manga.

El agravamiento de apagones y la escasez de combustible dificultan cada vez más la continuidad de muchas operaciones en el país.

Vivimos encerrados en un sepulcro a cielo abierto. Y esta vez no estuvimos rodeados de alegrías, no vivimos jornadas entre sonrisas. Este año nos parió congojas.

Hasta tal extremo ha llegado la escasez de ómnibus que se ha tenido que usar el mismo carro para diferentes rutas, cambiándole el cartel identificativo entre recorridos.

Las medidas tomadas por el gobierno demostraron, una vez más, su ineficacia, así como su desconexión de la realidad nacional.

Desde temprano el 24 de diciembre —y a veces incluso antes— comenzaban los preparativos para la cena de Nochebuena, cuyo objetivo primordial era reunir a la familia.

Esa élite que nos oprime garantiza la miseria a perpetuidad.

El modelo no cambia con este tipo de parches, sino que se aplican unas tiritas allí donde la herida abierta exige sutura cuanto antes.

Para acondicionar estas gigantescas latas de sardinas de 29 metros cuadrados se les añadirían marcos de puertas y ventanas y espacios para sala, cocina-comedor, baño y dos habitaciones.

Así van las cosas mientras todos los días alguien afirma que Cuba está al borde del colapso, un borde engañoso que se prolonga sobre sí mismo, interminable.

Siempre prestos a administrar a buchitos nuestra miseria, quieren mostrarse triunfalistas, insinuando que guardan ases bajo la manga.

El agravamiento de apagones y la escasez de combustible dificultan cada vez más la continuidad de muchas operaciones en el país.

Vivimos encerrados en un sepulcro a cielo abierto. Y esta vez no estuvimos rodeados de alegrías, no vivimos jornadas entre sonrisas. Este año nos parió congojas.

Hasta tal extremo ha llegado la escasez de ómnibus que se ha tenido que usar el mismo carro para diferentes rutas, cambiándole el cartel identificativo entre recorridos.

Las medidas tomadas por el gobierno demostraron, una vez más, su ineficacia, así como su desconexión de la realidad nacional.

Desde temprano el 24 de diciembre —y a veces incluso antes— comenzaban los preparativos para la cena de Nochebuena, cuyo objetivo primordial era reunir a la familia.

Esa élite que nos oprime garantiza la miseria a perpetuidad.
