
Régimen admite que la agricultura cubana depende de jornaleros informales sin protección laboral
Muchos trabajadores prefieren el pago inmediato en efectivo y rehúyen los contratos, en parte por las dificultades del sistema bancario.

Muchos trabajadores prefieren el pago inmediato en efectivo y rehúyen los contratos, en parte por las dificultades del sistema bancario.

A nadie en su sano juicio se le ocurre que la cosecha no tenga que ver con decisiones previas de gran relevancia.

La venta a la población se inició desde el viernes con un límite de hasta 10 libras por persona a un precio de 35 pesos cubanos por libra.

En contraste, los cubanos resaltaron la ironía de la celebración en un contexto de desabastecimiento e inflación rampante.

El país se ha convertido en una sarta de lamentos, ácidos porque ni azúcar tenemos para endulzar una tarde o una noche de tristezas, sin electricidad, a oscuras.

Las realidades del consumo de alimentos en Cuba son malas, pero las perspectivas son aún peores.

El funcionario detalló que la crisis está marcada por la falta de combustible, insumos y problemas estructurales en el sistema productivo del país.

Revivir la agricultura en Cuba será posible solo si se conceden mayores libertades a los productores para decidir sobre sus siembras.

Los árboles frutales que sembraron nuestros abuelos y padres, los anones, guanábanas, mameyes, ciruelas, anoncillos, tamarindo y nísperos, terminarán por desaparecer.

La malanga se ha convertido en un alimento privativo: en los últimos años su precio se disparó hasta alcanzar los 200 pesos por libra.

Muchos trabajadores prefieren el pago inmediato en efectivo y rehúyen los contratos, en parte por las dificultades del sistema bancario.

A nadie en su sano juicio se le ocurre que la cosecha no tenga que ver con decisiones previas de gran relevancia.

La venta a la población se inició desde el viernes con un límite de hasta 10 libras por persona a un precio de 35 pesos cubanos por libra.

En contraste, los cubanos resaltaron la ironía de la celebración en un contexto de desabastecimiento e inflación rampante.

El país se ha convertido en una sarta de lamentos, ácidos porque ni azúcar tenemos para endulzar una tarde o una noche de tristezas, sin electricidad, a oscuras.

Las realidades del consumo de alimentos en Cuba son malas, pero las perspectivas son aún peores.

El funcionario detalló que la crisis está marcada por la falta de combustible, insumos y problemas estructurales en el sistema productivo del país.

Revivir la agricultura en Cuba será posible solo si se conceden mayores libertades a los productores para decidir sobre sus siembras.

Los árboles frutales que sembraron nuestros abuelos y padres, los anones, guanábanas, mameyes, ciruelas, anoncillos, tamarindo y nísperos, terminarán por desaparecer.

La malanga se ha convertido en un alimento privativo: en los últimos años su precio se disparó hasta alcanzar los 200 pesos por libra.
