
A un mes de Melissa: la ayuda llega tarde, incompleta o no llega
Comunidades enteras de Santiago de Cuba aseguran que ni siquiera han recibido la visita de autoridades para evaluar los daños.

Radiografía de la ayuda humanitaria enviada a Cuba tras el paso del huracán Melissa
Por Carlos Alejandro Rodríguez Martínez
Incluso antes del paso del huracán Melissa por la región oriental de Cuba, el 29 de octubre pasado, la ayuda humanitaria ya había comenzado a llegar a la Isla. Cuando el meteoro avanzaba sobre las provincias de Santiago de Cuba, Granma y Holguín, y previendo las dimensiones de la catástrofe, numerosos países, organizaciones no gubernamentales y entidades multilaterales se apresuraban a anunciar el envío de cargamentos de ayuda humanitaria a la mayor de las Antillas. Y, después que Melissa saliera de tierra cubana, y empezaran a difundirse las primeras imágenes de sus cuantiosos daños, más ayuda seguía siendo anunciada.
*Este reportaje aún se encuentra en construcción. Se actualiza a diario para reflejar los datos más recientes.
+ 16,044 toneladas de ayuda humanitaria
(Ni la cifra en USD ni las toneladas de ayuda humanitaria incluyen cuantiosas donaciones que no fueron tasadas por los donantes. El total de la ayuda debe considerarse aún mayor)
El panorama es inequívoco: decenas de gobiernos —La Habana ha agradecido a unos 27—, organismos multilaterales, iglesias, organizaciones de la diáspora, grupos solidarios y actores privados han movilizado recursos que suman millones de dólares en fondos y suministros, además de otras miles de toneladas de alimentos, materiales de construcción, equipos y medicinas cuyo valor no se ha revelado y ha sido, por eso, imposible de cuantificar.
La mayor parte de esos recursos ha pasado, de una forma u otra, bajo el control totalitario del Estado cubano. Lo que no se sabe con la misma certeza es cómo, cuánto y a quién ha llegado toda la ayuda. Sobre la entrega de recursos, solo hay reportes de prensa dispersos, imprecisos e incompletos.
Aun con esa escasez de información, los datos recabados por CubaNet demuestran que la ayuda llegó a Cuba. El problema no es demostrar cuánto se donó, sino cuánto llegó realmente a los damnificados.
CubaNet indagó en las páginas web de gobiernos y organismos internacionales para desagregar, cuando fue posible, la ayuda anunciada en “cargamentos” y “toneladas”; rastreó medios nacionales y redes sociales en busca de reportes sobre la llegada a la Isla de esos envíos y, cuando existían, las notas de entrega. El resultado es un inventario no oficial de la ayuda humanitaria destinada al Oriente de Cuba tras el paso de Melissa: un piso mínimo verificable, pero alejado del total.
El Gobierno cubano y estructuras estatales bajo su control, como la Cruz Roja Cubana —subordinada al Ministerio de Salud Pública (MINSAP) y brazo auxiliar de la Defensa Civil, que a su vez depende de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR)— han recibido en ayuda más de 3 millones 384.283 dólares estadounidenses (USD). Es un dato muy conservador, porque solo tiene en cuenta la ayuda que fue posible cuantificar monetariamente.
Esa cifra tampoco tiene en cuenta los 22,1 millones de dólares que el Sistema de Naciones Unidas había desembolsado seis semanas después del paso del huracán, como parte de un plan de acción que asciende a los 74 millones de USD.
El monto tampoco incluye el valor de los envíos más voluminosos, como los de Venezuela (7.557 toneladas de ayuda), China (miles de paneles solares, colchones y 30 toneladas de alimentos, entre otros) y Colombia (244 toneladas de ayuda), descritos solo por peso o tipo de mercancía, sin tasación económica.
Solo el Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia (CERF; parte del Sistema de Naciones Unidas), movilizó antes del paso del huracán 4.000.001 dólares para la respuesta al desastre. Seis semanas después del impacto del meteoro el Sistema de naciones Unidas en la Isla había liberado, en total, 22,1 millones de USD.
Esa financiación, que el Sistema de Naciones Unidas espera elevar a 74 millones de dólares, se traduce en lonas, láminas, kits de higiene, sistemas de riego, insumos agrícolas, motosierras, generadores, alimentos, plantas potabilizadoras y otros insumos.
Aunque esos recursos no se entregan como cheques al Gobierno, su implementación en territorio nacional depende de la coordinación con instituciones estatales y de la Cruz Roja Cubana.
Seis semanas después del paso de Melissa por la región oriental de la Isla, el Sistema de Naciones Unidas había liberado 22,1 millones de dólares en Cuba. El plan de Naciones Unidas es alcanzar los 74 millones.
Donaciones dirigidas al Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia (CERF) por el desastre en el Oriente de Cuba:
Donaciones dirigidas a la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC) por el desastre en el Oriente de Cuba:
Donación dirigida al Programa Mundial de Alimentos (PMA) por el desastre en el Oriente de Cuba:
Japón → PMA → 1.000.000 USD (invertidos en la compra de productos alimenticios)
* No son donaciones añadidas a los 4 millones movilizados por el CERF, sino parte de ellos.
Varios gobiernos respondieron al llamado de Naciones Unidas y entregaron fondos a sus agencias por el desastre en Cuba:
¹ Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia (CERF)
² Programa Mundial de Alimentos (PMA)
* No son donaciones añadidas a los 22,1 millones de USD movilizados, hasta ahora, por el Sistema de Naciones Unidas, sino parte de ellos.
Donaciones dirigidas a la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC) por el desastre en el Oriente de Cuba:
Si se suman los casi 2 millones de dólares documentados en donaciones dirigidas al Gobierno con los 18,6 millones canalizados por agencias de la ONU, el volumen verificable de recursos destinados a Cuba tras Melissa supera los 20,5 millones de dólares. No obstante, la cifra real es mucho mayor, porque tendría que considerar el valor económico de la mayoría de los suministros enviados al país (no tasados), así como el valor de la ayuda ciudadana y organizaciones de carácter religioso, que tampoco ha sido calculado.
Pese a la falta de datos, se sabe que la inmensa mayoría de la ayuda que entra al país para Oriente queda, de una forma u otra, bajo control o mediación del aparato estatal. Aunque los 18,6 millones de dólares gestionados por organismos internacionales y socios humanitarios reconocidos por el régimen no son “dinero para el Gobierno”, sí son recursos cuya implementación el Gobierno permite y controla.
entregada a un damnificado del huracán Melissa en la comunidad El Francés, en Santiago de Cuba (Fotos: Cortesía)



El mapeo caso a caso de la ayuda humanitaria anunciada o enviada a la Isla permite identificar con nitidez tres grandes circuitos. El primero lo monopoliza el Estado: casi todas las grandes donaciones de gobiernos y organismos internacionales están controladas parcial o totalmente por las autoridades cubanas; además, la ayuda interprovincial e interinstitucional está bajo la tutela de ministerios, gobiernos provinciales, empresas estatales y Consejos de Defensa.
Dentro de este circuito estatal se incluyen también las donaciones nacionales de instituciones subordinadas al Gobierno o de GONGO (organizaciones supuestamente no gubernamentales pero organizadas y controladas por el poder).
Actores estatales y privados han enviado recursos hacia el Oriente del país, pero siempre a través de estructuras oficiales: una empresa privada de La Habana, por ejemplo, donó pacas de ropa reciclada que recibió una empresa estatal en Holguín, cuyo destino final decidió el Consejo de Defensa Provincial. Varios municipios de Camagüey han reunido contenedores con alimentos, carbón, ropa, útiles del hogar, juguetes y otros insumos que han enviado a Granma y Santiago de Cuba. En algunos casos, la prensa oficial ha indicado que la ayuda “llegó” a determinadas provincias o municipios, pero rara vez ha identificado barrios, consejos populares o criterios de selección.
El segundo circuito es el eclesial, probablemente el que ofrece mayor trazabilidad. La Iglesia Metodista reportó asistencia a familias en Nicaro, Cauto Embarcadero, Cauto Cristo, Río Cauto, Jobabo, Costa Rica y Santiago de Cuba, con entregas que comienzan en los días inmediatamente posteriores al huracán. La Iglesia Católica articuló un entramado aún más amplio: diócesis y arquidiócesis del país se envían ayuda entre sí, mientras la diáspora y aliados internacionales canalizan recursos hacia Cáritas y parroquias concretas. Desde el sur de Florida, la Ermita de la Caridad y la Arquidiócesis de Miami han enviado varias decenas de miles de libras de alimentos no perecederos que se distribuyen a través de Cáritas. Solo las donaciones descritas en las bases de datos benefician a varios miles de familias y a decenas de miles de raciones de comida, sin que medie el aparato estatal en la definición de los beneficiarios.
El tercer circuito es emergente pero significativo: proyectos y redes que se diseñan explícitamente para sortear al Estado cubano. Desde su anuncio, algunas donaciones internacionales han buscado entregar la ayuda de forma directa. El caso más relevante por el volumen anunciado es el de Estados Unidos, que destinó tres millones de dólares para ayuda humanitaria a “comunidades afectadas por Melissa” en la Isla, a entregar a través de redes de la Iglesia Católica como Catholic Relief Services y Cáritas. Hasta el momento, no consta que esos recursos hayan arribado a Cuba.
A este bloque se suman los 50.000 dólares de la organización Camaquito Cuba, vinculada al empresario suizo Mark Kuster, que declaró su intención de financiar reparaciones de viviendas en torno a sus proyectos en Santiago de Cuba sin intermediarios burocráticos, y el envío organizado por la plataforma Ciudadanía y Libertad, de 1.650 libras de medicinas, alimentos esenciales, ropa, sábanas y toallas para municipios como Río Cauto, Banes y Palma Soriano.
Según los datos recabados por CubaNet, el mayor aporte de la sociedad civil independiente corresponde a grupos de cubanos residentes en el extranjero, sobre todo en el sur de Florida. Especialmente La Familia Cubana, “un proyecto sociocultural” integrado por actores de la Isla y la diáspora, ha canalizado miles de libras de ayuda hacia las comunidades más afectadas en el Oriente del país, documentando cada entrega en videos públicos.
Aunque este tercer circuito no maneja, por ahora, el volumen de gobiernos y agencias multilaterales, es clave por lo que expresa: desconfianza de donantes institucionales y ciudadanos en la capacidad del Estado cubano para distribuir la ayuda de manera eficaz y transparente, y la decisión consciente de crear un canal que “no pase por manos oficiales” y llegue directamente a los damnificados. Con proyectos como La Familia Cubana y La Casa de Maka, la ayuda humanitaria independiente se ha articulado con más eficiencia que nunca antes en la Isla.
Valor de la ayuda humanitaria recibida por el Gobierno cubano / liberada por el Sistema de Naciones Unidas en la Isla
(en construcción: va a aumentar)
* No se incluyen los 3 millones de dólares anunciados por EE.UU. ni los aportes de proyectos independientes.
Este es un piso mínimo verificable. La ayuda va a aumentar considerablemente cuando se publiquen o recaben más datos.

Si se suman las cifras de las bases de datos, el Gobierno y las instituciones bajo su control han recibido o gestionado directamente más de 1,9 millones de dólares en ayuda, sin contar los cuantiosos cargamentos sin tasar. A esa cifra se añaden los 4.000.001 dólares de las agencias de la ONU destinados a la respuesta al huracán en Cuba. El resultado es un piso mínimo cercano a los 6 millones de dólares, al que habría que sumar el valor económico de toneladas de alimentos, acero, equipamiento, medicinas y módulos de ayuda eclesial y ciudadana no monetizados en los registros.
Sin embargo, la abundancia relativa de información sobre lo que entra contrasta con la escasez de datos sobre la “última milla”. En el circuito estatal, la trazabilidad suele cortarse en el puerto, el aeropuerto o, a lo sumo, en la capital provincial: se sabe cuándo arribó un barco al Mariel, qué autoridad recibió el cargamento, a qué provincia se “destina” un donativo o qué municipio acoge un hospital de campaña, pero casi nunca se publica un desglose por comunidades, listas de beneficiarios o criterios transparentes de selección. Cuanto más voluminoso y estratégico es el envío, menos información circula sobre su ruta hasta los hogares de las personas damnificadas.
Un cargamento de varias toneladas puede haberse dividido en decenas o centenares de actos de entrega en numerosas comunidades, pero eso no garantiza que toda la carga se haya entregado a quienes iba dirigida. Las bases de datos no permiten demostrar desvío o corrupción, entre otras cosas porque el Estado cubano no publica registros detallados que puedan confrontarse con lo que recibe. Lo que sí permiten afirmar, con rigor, es que el problema de los damnificados en Oriente no se debe a la falta de donaciones, sino a lo que ocurre —o deja de ocurrir— en los eslabones finales de la cadena.
El Estado cubano es, en la práctica, el intermediario casi obligatorio entre la solidaridad internacional y los damnificados, incluso cuando los donantes son ONG o sindicatos extranjeros. Y, si el volumen de recursos bajo control estatal es tan alto, ¿cómo se explica que, semanas después, buena parte de los afectados siga reportando que no ha recibido ninguna ayuda o muy poca?
A la falta de información sobre la entrega se suma otro problema: una parte de la información que sí existe es opaca. Numerosos internautas residentes en el Oriente de la Isla se han quejado de no recibir ayuda humanitaria, sino productos de la canasta básica que debían haberse vendido meses antes y que, tras el paso de Melissa, finalmente llegaron a sus bodegas. ¿Estas pocas libras de arroz y azúcar corresponden al monto de la ayuda humanitaria recibida por el Gobierno? Nadie sabe, y el Gobierno no dice.
Por otro lado, La Habana ha presentado como donaciones relacionadas con el desastre provocado por Melissa ayudas recibidas anteriormente o con otros fines. CubaNet identificó al menos cuatro casos que involucran a Vietnam, China y Rusia:
Vietnam: El 19 de octubre pasado, 10 días antes de que el huracán Melissa tocara tierra cubana, el periódico oficial Cubadebate anunció el fin del programa “65 años de solidaridad Vietnam – Cuba”, por el cual se recaudaron 23,3 millones de dólares para enviar al Gobierno de la Isla como muestra de solidaridad.
Esto ―presentar la donación como parte de los esfuerzos por la recuperación tras la catástrofe― diluyó en la recuperación de Oriente 23,3 millones de dólares cuyo destino final muy difícilmente podrá rastrearse.



Pero hay más de Vietnam: el pasado 20 de noviembre, Cubaminrex publicó que el Gobierno de ese país asiático había donado cuatro parques solares fotovoltaicos que “serán ubicados en diferentes localidades de la provincia Mayabeque”. La donación se presentó como ayuda humanitaria por el paso del huracán Melissa, pero no, los parques solares no irán al Oriente de Cuba.

China: El 11 de noviembre, trascendió la donación de China a Cuba de 5.000 paneles solares “para electrificar viviendas rurales aisladas”. Aunque así lo presentó Cubadebate, el embajador de China en Cuba, Hua Xin, había vinculado el donativo con la afectación del huracán Melissa en la región oriental. “Esta ayuda proporcionará apoyo energético estable y limpio para la recuperación postdesastre, acelerando el restablecimiento de la normalidad”, afirmó el diplomático, que insistió en que los equipos llevarían “esperanza y ánimo a los afectados”. Pero, por lo visto, ya el Gobierno cubano había decidido darle otro fin a los 5.000 paneles solares.


Rusia: Otro caso singular es el de Rusia, cuyo gobierno anunció una ayuda valorada en 60 millones de dólares. Cubaminrex recoge, en una nota sobre la respuesta internacional tras Melissa, que Rusia decidió expedir “ayuda de emergencia valorada en 60 millones de dólares” para Cuba. Hasta ahí: no hay otra información en medios nacionales.

En este vacío, lo que resalta es que ya a inicios de 2025 Moscú había anunciado un crédito para combustibles, que, al parecer, ahora el Gobierno cubano estaría presentando como “ayuda emergente” en el contexto de la crisis agravada por el huracán Melissa.
(En noviembre de 2024, tras el paso del huracán Rafael, Moscú concedió un crédito de 60 millones de dólares al Gobierno cubano para la compra de combustibles. La noticia fue confirmada en enero de este año por la prensa oficial cubana).
El mismo paquete que incluye los 60 millones de dólares ha sido presentado, reiteradamente como “ayuda de emergencia” y como respuesta a la crisis energética agravada por los huracanes Óscar y Rafael. Ahora, tras Melissa, el Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX) de Cuba incluye a Rusia en la lista de países que enviaron “ayuda humanitaria” (la valora, específicamente, en 60 millones de dólares).



Comunidades enteras de Santiago de Cuba aseguran que ni siquiera han recibido la visita de autoridades para evaluar los daños.
En todos estos casos, el Estado mezcla créditos blandos, ayudas previas y donaciones reales en un mismo relato de “ayuda humanitaria”, sin aclarar qué corresponde a la recuperación tras Melissa y qué no. Así, millones de dólares podrían “perderse” sin ninguna rendición de cuentas, como dinero que cae en un bolsillo sin fondo.

LO QUE LLEGA A ORIENTE,
¿LLEGA A LOS DAMNIFICADOS?
No solo tras Melissa, sino tras cada desastre natural ocurrido en Cuba, la población se ha preguntado cuánto de lo donado ha sido realmente recibido por los damnificados. Una y otra vez han aparecido denuncias de venta de donaciones a la propia población afectada, y esta vez no ha sido la excepción.
El 11 de noviembre, Oscar Pérez-Oliva Fraga, viceprimer ministro cubano, aseguró en declaraciones a la Agencia Cubana de Noticias (ACN) que “se ha sido exigente en no permitir que se venda por el Estado ningún donativo”. Diez días después, durante una visita al pueblo de Baconao, en la provincia de Santiago de Cuba, Miguel Díaz-Canel pidió organizar “bien” la entrega de “lo que llegue de donación”. “Que haya un control popular sobre las cosas que se entregan”, dijo el gobernante.
Ellos y otros más han explicado, varias veces, que las donaciones no se venden, que se venden los productos de la llamada “reserva estatal”.
El propio primer ministro cubano, Manuel Marrero Cruz, ha confirmado la venta de colchones que, supuestamente, “hubo que comprar”. “En Granma, en una comunidad (…) se ha llegado con colchones, unos que hubo que comprar, pero otros donados. Entonces, a veces viene la confusión, ¿por qué a mí me lo cobraron y por qué al vecino no? No, es que son colchones diferentes”, admitió. En otra intervención, Marrero generó críticas al proponer la venta de viandas a la población damnificada: “Hay mucha gente que perdió el cultivo, el animalito que tenía. Tenemos que ir buscando soluciones alternativas y hacer la caldosa, ver cómo las viandas que están llegando… llegar aquí a la propia comunidad y venderle un poquito de vianda”.
Tras las quejas por la comercialización de productos que los damnificados suponían que no tendrían que pagar, Prisiliano Guisado Tapia, director de Comercio Exterior y jefe del Subgrupo del Consejo de Defensa de Granma, declaró a la prensa estatal que era “crucial diferenciar entre las donaciones, que son gratuitas, y los recursos liberados de las reservas del país, los cuales se manejan a través del Ministerio de Comercio Interior y tienen un costo”.
Lo que no explicó Guisado Tapia es cómo puede comprobarse que los productos vendidos corresponden, en efecto, a la “reserva” y no a la ayuda enviada por gobiernos, organismos multilaterales, iglesias y ciudadanos. Si las donaciones han arribado a Cuba en cantidades cuantiosas, ¿por qué las familias más afectadas no reciben exclusivamente ayuda humanitaria gratuita? ¿Adónde van las donaciones que no se han entregado a la población? ¿Tienen que rellenar, acaso, la cuota de la “reserva” que el Gobierno decide liberar después de cada desastre? Si así fuera, como suponen innumerables cubanos, el movimiento se simplifica en “donaciones vendidas”, sean del año que sea.
¿Cómo saben los guantanameros que los 1.580 colchones personales de la “reserva” enviados a su provincia —y que, según el diario oficial Venceremos, “se venderán por un valor de 3.730 pesos a personas asistenciadas, afectadas por el huracán Melissa” y al 50, 80% y hasta 100% de su precio “para los que no pueden cubrir el valor total del colchón— son verdaderamente de la reserva y no parte de la ayuda humanitaria? ¿Dónde están —se preguntarán ellos— los colchones de donación?
La realidad que reportan vecinos y medios locales contrasta en casi todas partes con el discurso oficial. Por ejemplo, residentes en Escorial, en el municipio Urbano Noris (Holguín), negaron en los comentarios de una publicación de la emisora La Voz del Azúcar que la ayuda humanitaria hubiese llegado a la comunidad. CubaNet contactó vía Messenger con otros habitantes de la pequeña comunidad, y todos coincidieron en lo mismo: “Aquí no vino nadie”.



El 13 de noviembre, el periodista independiente Yosmany Mayeta Labrada, residente en Estados Unidos pero con estrechos vínculos con su comunidad natal en Santiago de Cuba, denunció la venta de “módulos de donaciones” a 3.000 pesos.
“La gente tiene que saber qué es lo que está llegando [de donación], a quién se le está otorgando, con total transparencia”, dijo Manuel Marrero Cruz.
En efecto, siguiendo el camino abierto por el primer ministro, CubaNet pidió a sus lectores en la región oriental de la Isla que confirmaran en qué había consistido la ayuda humanitaria, si la habían recibido y de parte de quién, y si les había sido entregada de forma gratuita o vendida.
Las respuestas —cuando incluyen ubicación—, junto con publicaciones en redes sociales y páginas web de instituciones humanitarias y religiosas, y los propios reportes de entrega aparecidos en la prensa oficial, sirvieron para intentar mapear, aunque sea parcialmente, la ayuda que sí llegó a Oriente. Solo se tuvieron en cuenta los casos con fotos o videos de la entrega, como prueba documental de que la ayuda fue entregada en la comunidad.
En menos de dos semanas tras el paso del huracán, el Oriente cubano ya estaba “inyectado” de recursos potenciales: toneladas de alimentos, combustible, refugios, materiales de construcción, hospitales móviles, agua, kits de higiene y equipamiento sanitario. Lo que no avanza al mismo ritmo es la información sobre la distribución a nivel de barrio y familia. No hay suficientes datos públicos para seguir el rastro de toda la ayuda hasta los hogares damnificados. El patrón dominante es siempre el mismo: el mundo anuncia, embarca y entrega; el Gobierno cubano recibe, pero no documenta ni publica con transparencia cómo reparte toda la ayuda.
Así, la duda vuelve a caer con todo su peso: todo lo que llega a Cuba, ¿llega a Oriente? Y todo lo que llega a Oriente, ¿llega realmente a los damnificados?
Mapeo de la ayuda reportada por los damnificados del huracán Melissa en la región oriental de Cuba. Incluye reportes de venta de productos de la llamada “reserva estatal” así como reportes ciudadanos de ausencia de ayuda humanitaria. El mapa está en construcción; se irá actualizando.
Dinero (tasable)
25.484.283,47 USD en total
OTROS APORTES:
Ayuda material desglosada
30 toneladas de alimentos
74 contenedores de alimentos
8,8 toneladas de arroz
7.500 libras de leche en polvo
25 toneladas de comida y agua potable
Tres contenedores de sopas instantáneas de fideo
2,5 toneladas de equipo para el tratamiento y suministro de agua potable
5.000 sistemas fotovoltaicos
3.000 equipos portátiles de iluminación solar
1.000 toneladas de bobinas de acero galvanizado para fabricar tejas
22 toneladas de techos y vigas
1,8 millones de jeringuillas con agujas
Un contenedor de 40 pies con material sanitario de urgencia con «más de 600 cajas de material indispensable para el funcionamiento del sistema de salud pública cubano»
5.630 kg de material sanitario
2 millones de agujas hipodérmicas
200 tipos de medicamentos e insumos médicos (pastillas purificadoras de agua, sobres de rehidratación, suturas, cánulas, fluidos intravenosos, analgésicos y antipiréticos)
Además, sin cuantificar: Esfigmomanómetros, trocars, llaves tres pasos, bolsas colectoras de orina y paracetamol
Una ambulancia
Un Lada Iskra
8.004 colchones
2.184 cocinas familiares portátiles
1.600 kits de herramientas
22 toneladas de «diversos materiales para concluir la última fase del proyecto ‘Alimentando Sueños’ (construcción del comedor de la Escuela de Educación Especial ‘Eliseo Reyes’ en Santiago de Cuba)
253 pares de botas con punta de acero
20 toneladas de kits de cocina, higiene, ropa de cama, mantas, mosquiteros, herramientas y láminas de plástico
1.000 kits familiares de emergencia (mantas, colchonetas, toallas, pantuflas y vajillas)
28 contenedores con medicinas, agua potable y enseres básicos para el hogar
76 contenedores de alimentos, retroexcavadoras, insumos para la recuperación de la vivienda y vialidad
27 contenedores con productos domésticos y materiales de construcción
20 toneladas de ayuda humanitaria (un hospital móvil de campaña, generadores, refugios temporales, alimentos, suministros médicos, medicamentos, kits de higiene y herramientas de rehabilitación)
54 toneladas de carga seca (kits de alimentos, aseo, toldillos y leche UHT)
56.000 galones de carga líquida (diésel, gasolina y agua)
4 toneladas de alimentos, medicamentos, colchones, mosquiteros, juegos de sábanas, colchonetas y artículos de higiene básica
3 toneladas de víveres
24 toneladas de medicamentos, agua y purificadores, refugios de emergencia (tiendas de campañas, tarpulines), mallas contra mosquitos, medicamentos, equipos de energía (solar y combustión), kits de higiene y kits de cocina
14,5 toneladas de «alimentos, medicinas, ropa y artículos de primera necesidad»
«Un contenedor de ayuda solidaria»
Más de 3.000 artículos de ayuda humanitaria (kits de cocina y de higiene, material médico, mantas, sábanas, almohadas y plantas eléctricas)
10 metros cúbicos que incluyen «alimentos no perecederos, material médico gastable (guantes, jeringuillas, kit de urgencia), prendas de vestir, y artículos de aseo