Gracias, Walt Disney, por tanta belleza

Gracias, Walt Disney, por tanta belleza

Millones de niños y mayores, incluidos los cubanos de la isla de los Castro, disfrutan cada día de su gran obra fílmica

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Walt Disney (foto:
Earl Theisen Collection)

LA HABANA, Cuba. – Un señor periodista muy importante de este mundo, Fernando Buen Abad Domínguez, mexicano y miembro de numerosas organizaciones extranjeras, director de periódicos y revistas, presidente y jurado de numerosos eventos, autor de libros, colaborador de Rebelión y de TeleSur, publicó en días recientes un artículo titulado Anatomía ideológica de Disney en el periódico Granma del unipartido comunista cubano.

Dice este periodista que Walt Disney, el genio mundial del dibujo animado, se consolidó como una de nuestras más grandes derrotas ideológicas en la política, la ética y la estética “…que tradujo en ganancias económicas”.

Su no tan extenso artículo —por suerte— tiene mucho por dónde cortar. En primer lugar, Disney no se ha visto jamás como un derrotado, cuando millones de niños y mayores, incluidos los cubanos de la isla de los Castro —que por desgracia viven donde rige una ideología impuesta, la que una gran parte del pueblo rechaza—, disfrutan cada día de la gran obra fílmica de Disney, obra que durante un siglo ha enriquecido la cinematografía norteamericana.

Para el señor Abad, Disney es simplemente “el dueño de un imperio monopolizador que atenta contra la información de los gustos, de los consumos y de la libertad de expresión de los pueblos”, como si no viviéramos en un mundo donde los gobiernos, sobre todo los de la izquierda más malévola, imponen como castigo a los niños sus propios guiones, precisamente a favor de sus ideologías bélicas.

En el caso de Cuba, recordemos aquella anécdota del cómico Enrique Arredondo, más conocido como Bernabé, cuando en el teatro Karl Marx tuvo una expresión que le costó la suspensión de su trabajo en la radio y la televisión: “Te voy a castigar como a los niños, viendo los muñequitos soviéticos”. Esos muñequitos eran tan horribles que cuando se desplomó la URSS, desaparecieron. O recordemos también el filme cubano Elpidio Valdés, una verdadera exaltación de la guerra que no acaba de gustar a los infantes, de una cursilería facilona, símbolo de una de las armas de guerra ideológica del castrismo.

El señor Abad, claro está, no se refiere para nada al lavado de celebro que sufre el pueblo cubano a través de sus medios de comunicación, obligado a creer en historias dirigidas desde el Comité Central del Partido, quienes poseen la verdad absoluta de cuanto ha ocurrido en Cuba, como agenda todopoderosa e indiscutible.

Vale la pena conocer la historia de Walter Elías Disney, aquel muchachito de Chicago, vendedor de periódicos, que desde los primeros años del siglo XIX conoció el hambre, vendía a sus vecinos sus primeros bocetos cuando apenas contaba siete años y con un inigualable y emprendedor espíritu de trabajo, logró abrirse paso en un mundo próximo a una guerra mundial. Demostró que por encima de todo, la humanidad necesitaba amor y fantasía y pasó a la historia como un creador inigualable de sueños, un ilustrador único para la rica y prodigiosa mente infantil.

En la Primera Guerra Mundial falsificó su edad para alistarse y fue enviado a Europa. Allí, trabajó como conductor de ambulancias y nunca entró en combate. No era hombre de guerra, sino de paz. Poco tiempo después se convirtió en artista y creó a Mickey Mouse, su personaje estrella de 1928, los tres cerditos en 1934 y en adelante, el pato Donald, Pluto, Goofy, su primer largometraje Blanca Nieves y los siete enanitos en 1937, filme que demostró que los dibujos animados podían ser un género en sí mismo.

Luego continuó logrando éxitos por los años cincuenta con La Cenicienta, Alicia en el país de las maravillas, Peter Pan y la carísima incursión en el cine futurista 20 mil leguas de viaje submarino. Obtuvo 29 premios Oscar y su filme Fantasía, está considerado una verdadera obra de arte, acompañada de la mejor música culta.

En la actualidad, su estatua, que nadie se ha atrevido a mancillar, de mano con su bien amado Mickey Mouse, da la bienvenida a millones de personas que asisten diariamente al parque Disneylandia, en California, Estados Unidos, construido en 1955. Ya en 1916, este emblemático parque de diversiones ha sido visitado por 9295 millones de personas, entre niños y adultos, siendo el undécimo más concurrido del mundo y dando empleo a 31 mil personas.

Los claroscuros de Disney no interesan ante una obra tan fundamental como la suya. Errar es humano, perdonar es divino. Empedernido fumador, Disney murió de cáncer de pulmón en 1966.

Para este genio estadounidense, nuestros mayores respetos y una gratitud eterna.

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Tania Díaz Castro

Tania Díaz Castro nació en Camajuaní, Villaclara, en 1939. Estudió en una escuela de monjas. Sus primeros cuatro libros de poesía fueron publicados por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y dos por Linden Ediciones Line Press y ZV Lunaticas. A partir de 1964 trabajó como reportera en revistas y periódicos de Cuba y escribió durante ocho años guiones de radio en el ICRT entre 1977 y
1983 y en 1992 y 1993, cronicas sobre la historia de China en el
periódico Kwong Wah Po, del Barrio Chino de La Habana. En 1989 y 1990 sufrió prisión por pedir un Plebiscito a Fidel Castro. Comenzó a trabajar en CubaNet en 1998 y vive con sus perros y gatos en Santa Fe, comunidad habanera.

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