Los No Alineados: otra gran derrota de Fidel Castro

Los No Alineados: otra gran derrota de Fidel Castro

Durante tres años La Habana fue sede de los No Alineados, asesorada por agentes del MININT, que velaban al mismo tiempo a las masas cubanas

Fidel No Alineados
Fidel en la Cumbre del Movimiento de Países NO Alineados en septiembre de 1979. Foto Estudios Revolución

LA HABANA, Cuba.- Pocos son los que recuerdan aquel 3 de septiembre de 1979, cuando Fidel Castro se sintió el Superman del mundo y disfrutó del aplauso de casi cien dignatarios extranjeros en el Palacio de Convenciones de La Habana.

Aquel día, el inexperto exguerrillero y mandatario de una economía en crisis, sería elegido como jefe máximo del Movimiento de los Países No Alineados, una agrupación de liberación fundada durante la llamada Guerra Fría, en septiembre de 1961.

La finalidad de los No Alineados era reconocer su posición neutral y no aliarse a las potencias estadounidenses y soviéticas. La Cuba de Fidel —vaya contradicción— era un país alineado al Soviet Supremo, que, mientras recibía un subsidio económico de cerca de cinco mil millones de dólares al año y otros mil millones en suministros militares, permanecía en una crisis económica que duró décadas, aunque disponía de miles de soviéticos que trataban de hacer avanzar el caótico modelo económico castrista.

Aquel 3 de septiembre todos en el Palacio de las Convenciones quedaron en silencio cuando Fidel, ya en el atril, acarició con su acostumbrado dramatismo los micrófonos y miró satisfecho durante largos segundos a todos sus admiradores, a quienes poco le importaba su dependencia con Moscú. En definitiva, Fidel era un revolucionario que había sacrificado a más de diez mil cubanos en guerras de Angola, Etiopía, Viet Cong y otros.

Su discurso duró más de una hora, y fue escuchado por dictadores, jefes de guerrillas, grupos insurgentes del mundo y presidentes democráticamente electos. No faltaron, claro está, Saddam Hussein, Hafez al-Assad, Yaser Arrafat, un ministro de Irán y líderes comunistas de Puerto Rico, según él, un país oprimido como Sudáfrica y su apartheid.

Fidel estaba en la cima del triunfo total y ya veía a Estados Unidos rendido a sus pies, mientras apoyaba y subsidiaba a los grupos guerrilleros que recogerían el cadáver del capitalismo, como había dicho muchas veces: “El deber de todo revolucionario es hacer la revolución… no solo debe sentarse a ver desfilar, desde su puerta, el cadáver del imperialismo”.

Durante tres años, La Habana fue sede de los No Alineados, asesorada por agentes del Ministerio del Interior que velaban al mismo tiempo por que las masas cubanas se mantuvieran fieles a Fidel, el Apóstol de los pobres y los explotados.

Nadie podía estar en su contra, puesto que dirigía las Naciones No Alineadas. Con toda seriedad, exigía un nuevo orden económico, un nuevo sistema monetario y el perdón de la deuda de los países pobres, a quienes los países ricos debían otorgar un total de 300 mil millones de dólares en los años ochenta.

Según expertos en economía, se trataba de una fantasía de Fidel, descartada por Occidente, pero tan seguro se veía en ella que incluso dejó de interesarle mejorar sus relaciones con Estados Unidos para evadir el “Bloqueo” (embargo).

Sin embargo, unas semanas después ocurrió lo que Fidel no se esperaba. En unas horas su legitimidad como líder de los No Alineados se hizo trizas. Tropas soviéticas invadieron Afganistán, el presidente murió en combate y ese país, miembro de los No Alineados pasó a ser un satélite soviético. Fidel fue el único que estuvo a favor de la invasión, traicionando así al Movimiento, cuando todos sus países y gobiernos se mantuvieron en contra.

Una vez más, Fidel no había sido consultado. Se trató de otra traición del Kremlin, como había ocurrido durante la Crisis de los Misiles en 1962.

Entonces, si Cuba era un país alineado a la URSS, de la cual dependía para la comida del pueblo, ¿qué hacía Fidel como jefe absoluto de los No Alineados?

Sus planes, de los que se sentía dueño ya del mundo, se hicieron polvo. Este fue, sin duda alguna, el gran fracaso del Iluminado, como lo llama el Poeta. Este fue el peor de los recuerdos de Fidel como líder revolucionario.

Como dijo un experto analista norteamericano: “Le quitaron el piso y la exótica alfombra mágica no alineada”.

Fuentes:

  • Documentos de la prensa sobre los Países No Alineados.
  • Notas de prensa sobre Jorge Domínguez, analista político de Estados Unidos.
  • Después de Fidel, por Brian Latell, Edición Grupo Norma, 2007.

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Acerca del Autor

Tania Díaz Castro

Tania Díaz Castro

Tania Díaz Castro nació en Camajuaní, Villaclara, en 1939. Estudió en una escuela de monjas. Sus primeros cuatro libros de poesía fueron publicados por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y dos por Linden Ediciones Line Press y ZV Lunaticas. A partir de 1964 trabajó como reportera en revistas y periódicos de Cuba y escribió durante ocho años guiones de radio en el ICRT entre 1977 y 1983 y en 1992 y 1993, cronicas sobre la historia de China en el periódico Kwong Wah Po, del Barrio Chino de La Habana. En 1989 y 1990 sufrió prisión por pedir un Plebiscito a Fidel Castro. Comenzó a trabajar en CubaNet en 1998 y vive con sus perros y gatos en Santa Fe, comunidad habanera.

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