Aumento de casos de COVID-19 en Cuba, ¿un mal necesario?

Aumento de casos de COVID-19 en Cuba, ¿un mal necesario?

El aumento de casos de COVID-19 en la Isla permite que se cumplan, sospechosamente, los deseos del Gobierno cubano: ensayar sus vacunas en territorio nacional.

La Habana es la provincia más afectada por el aumento de casos de coronavirus (Foto: Yoanny Aldaya)

LA HABANA, Cuba. – Para que el candidato vacunal cubano Soberana 02 pase a la Fase III de la prueba en humanos necesita no solo de los miles de voluntarios que serán inoculados probablemente en marzo de este año en territorio cubano, sino que la tasa de incidencia de la COVID-19 en nuestra población crezca lo suficiente para poder comprobar la efectividad del fármaco. 

Esto no me lo estoy inventando. Es un estándar de los protocolos de ensayo de cualquier vacuna, ya sea contra esta enfermedad que ha puesto en jaque a la humanidad o para cualquier otra. 

La variable “tasa de incidencia” está obligatoriamente presente en todas las fórmulas que permiten calcular la eficacia de cualquier vacuna experimental que llegue a la Fase III, y son numerosos los trabajos científicos publicados al respecto, como los de la doctora Teresa Valenzuela, de la Universidad de los Andes, en Chile, o el libro muchas veces citado Vaccines, de Stanley Plotkin, Walter Orenstein y Paul Offit.

En un artículo publicado por BBC News en agosto de 2020, el doctor Ian Jones, profesor de Virología de la Universidad de Reading, Inglaterra, explicaba los problemas de arribar a una Fase III de los experimentos sin una alta tasa de contagios.

“Algunas veces se presenta el problema de que si la enfermedad no está circulando. Encontrar el número de personas que podría entrar en contacto con el virus puede ser una limitación”, apuntaba el especialista.

Porque de lo que se trata, además de comprobar la seguridad de la vacuna en una muestra mayor, es constatar la reducción real de los casos de la enfermedad en un ambiente donde existe alta probabilidad de contagio.

Es decir, que en un área de prueba o territorio donde las infecciones por SARS-CoV-2 sean muy bajas o inexistentes —como lo fue Cuba justo hasta el momento en que el Gobierno decidió pasar a la “nueva normalidad” con la apertura de los aeropuertos a mediados de noviembre de 2020 y relajó el control sanitario—, los ensayos de la Fase III son imposibles. 

Así, aunque las autoridades sanitarias de la Isla insisten en que la causa del rebrote actual ha sido la pérdida de la percepción de riesgo en la población, resulta muy interesante cuán oportuna ha resultado la actual agudización de la crisis epidemiológica en Cuba, justo cuando uno de los candidatos vacunales se preparaba para comenzar la Fase II y, no habiendo las condiciones necesarias para transitar al siguiente paso de la investigación, se firmaron acuerdos con el Instituto Pasteur de Irán no solo por cuestiones de capacidad de producción sino, además, para impedir la inminente interrupción de los protocolos porque en la Isla no había la cantidad de enfermos necesaria. 

En cambio, sí los había en Irán. El país persa presenta una de las tasas de contagio más altas de la región de Oriente Medio, donde hasta la fecha se cuentan más de 1.280.000 contagiados y cerca de 60.000 fallecidos. 

Notas publicadas en medios de prensa oficialistas, y replicadas además por varias agencias fuera de Cuba, a raíz del inicio de las pruebas de Fase II de Soberana 02, el 22 de diciembre de 2020, dan cuenta de las intenciones del Instituto de Vacunas Finlay de la Isla de comenzar la Fase III de ensayos clínicos durante el primer trimestre del año, de modo que, al menos, es posible asegurar que la actual elevación de los contagios, de no haber sido intencional, al menos fue un fenómeno previsto ya por esas fechas (aun cuando hasta octubre de 2020 el comportamiento de la enfermedad tendía a la casi desaparición de los casos activos, o al menos a mantenerse en un índice poco significativo). 

Más adelante, el 8 de enero de este año, ya firmado el acuerdo con los iraníes, el doctor en Ciencias Vicente Vérez, director del Instituto Finlay, dijo a varios medios, entre ellos Prensa Latina, que se preparaban para hacer estudios de eficacia de dicho medicamento en el extranjero y que, luego de la Fase II de investigaciones clínicas, se iniciaría la tercera etapa de los ensayos, en el cual se preveía la evaluación de eficacia tanto en el país caribeño como en el exterior.

¿Iniciar la Fase III de las investigaciones en Cuba sin saber con total seguridad que se alcanzaría la tasa de contagios necesaria? Pues, al parecer, al menos alguien tenía certezas de que en breve, casi en cuestión de días, llegaría el momento ideal para iniciarla. 

Lo cierto es que el número de enfermos diarios crece vertiginosamente, casi a punto de alcanzar los 1.000 casos diarios, pero la vida en Cuba sigue igual. 

Las “severas” medidas del Gobierno no pasan de las “regañinas” del doctor Francisco Durán en televisión nacional, y de unas cuantas multas a quienes no lleven el “nasobuco”. Por lo demás, continúan arribando al país los contagiados, los centros de trabajo no dan señales de cerrar ni disminuir la jornada laboral, las colas en los comercios y en las paradas de ómnibus son infernales, los enfermos y contactos de estos aguardan durante días para ser trasladados a los hospitales y centros de aislamiento, se acumulan y atrasan las pruebas de PCR en los laboratorios, escasean los reactivos… En fin, que están creadas las condiciones necesarias para que la Fase III se desarrolle sin problemas.   

Un escenario que, debido al control alcanzado, no era el ideal a inicios de noviembre de 2020, cuando apenas se reportaba una decena de contagios diarios. Por ejemplo, en el reporte oficial del 7 de noviembre de 2020 solo se registraron 30 casos positivos, 28 autóctonos y dos con fuente de infección en el extranjero. En La Habana, en esa misma fecha, apenas se reportaron ocho casos, cinco en Playa y tres en Habana Vieja.

Sin embargo, para el 9 de diciembre, ya abiertos los aeropuertos y los polos turísticos, el número de muestras positivas reportadas en la jornada se había incrementado a 75; y la mitad de las personas contagiadas tenían fuente de infección en el extranjero. En La Habana, el número de casos ascendió a 34, dispersos por casi todos los municipios.

El mismo 22 de diciembre, día en que fue iniciada la Fase II de la vacuna Soberana 02, en la Isla se reportaron 1.049 casos activos. Mientras que el 31 de diciembre, la cifra ya marchaba por los 1.551, con 24 pacientes ingresados en las unidades de terapia intensiva.

Estos incrementos han llamado la atención de quienes han seguido el comportamiento de la enfermedad en Cuba, hasta hace apenas unas semanas considerada por la Organización Mundial de la Salud entre las naciones que habían logrado un control efectivo de la circulación del virus.

El sitio de Internet datosmacro.com, donde se puede ver un registro estadístico lo suficientemente detallado de lo sucedido en la Isla desde mayo de 2020 hasta el presente, advierte en su nota preliminar dedicada a Cuba que el crecimiento experimentado en la tasa de pacientes confirmados de coronavirus ―que hasta el 21 de enero era de 172,25 por cada 100.000 habitantes― resultaba “relevante” cuando se comparaba con la tasa de otros países con igual cantidad de habitantes.

A mediados de octubre de 2020 la tasa de confirmados por cada 100.000 habitantes, para un rango de reportes de 14 días, estuvo por debajo de cuatro.  Actualmente, en enero de 2021, la media diaria se sitúa sobre los 50 en el mismo lapso de tiempo, sin dudas un incremento notable. 

En solo dos semanas, desde el 9 al 22 de enero, Cuba reportó 6.237 casos y 40 fallecidos por COVID-19. El total general de contagiados en toda la pandemia, para esas mismas fechas, era de 20.060, con 188 decesos. Es decir, el 31,09 por ciento de los enfermos desde el comienzo de la circulación del virus en Cuba fueron diagnosticados en ese período, lo mismo que el 22 por ciento del total de las muertes.

El 10 de octubre de 2020 la tasa de incidencia era de 5,28 por 100.000 habitantes, pero ya para este 21 de enero había alcanzado un 172,25. En fin, que al parecer la mesa para el banquete de Fase III ha sido bien servida y los ensayos de la vacuna cubana ahora podrán transcurrir sin más dificultades. Tal vez porque, de resultar efectivo, el fármaco será replicado en 100 millones de dosis listas para salir a competir y ganar dinero en un mercado muy prometedor, debido a las expectativas y la alta demanda.

Pandemia de coronavirus en Cuba, COVID-19 en Cuba, Vacunas cubanas contra la COVID-19

Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de WhatsApp. Envíanos un mensaje con la palabra “CUBA” al teléfono +1 (786) 316-2072, también puedes suscribirte a nuestro boletín electrónico dando click aquí.

Ernesto Pérez Chang (El Cerro, La Habana, 15 de junio de 1971).
Escritor.
Licenciado en Filología por la Universidad de La Habana.
Cursó estudios de Lengua y Cultura Gallegas en la Universidad de Santiago de Compostela.
Ha publicado las novelas: Tus ojos frente a la nada están (2006) y Alicia bajo su propia sombra (2012).
Es autor, además, de los libros de relatos: Últimas fotos de mamá desnuda (2000); Los fantasmas de Sade (2002); Historias de seda (2003); Variaciones para ágrafos (2007), El arte de morir a solas (2011) y Cien cuentos letales (2014).
Su obra narrativa ha sido reconocida con los premios: David de Cuento, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en 1999; Premio de Cuento de La Gaceta de Cuba, en dos ocasiones, 1998 y 2008; Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, en su primera convocatoria en 2002; Premio Nacional de la Crítica, en 2007; Premio Alejo Carpentier de Cuento 2011, entre otros. Ha trabajado como editor para numerosas instituciones culturales cubanas como la Casa de las Américas (1997-2008), Editorial Arte y Literatura, el Centro de Investigaciones y Desarrollo de la Música Cubana. Fue Jefe de Redacción de la revista Unión (2008-2011).

[fbcomments]